Lo que no vemos en el agua que bebemos: microplásticos, una problemática emergente
Un contaminante invisible en la vida cotidiana
Cuando pensamos en la calidad del agua que bebemos, normalmente imaginamos aspectos como su color, olor o sabor. Sin embargo, existen contaminantes que no podemos ver a simple vista y que, aun así, podrían estar presentes en ella. Entre estos se encuentran los microplásticos (MP), pequeñas partículas derivadas de materiales plásticos que hoy en día se reconocen como contaminantes emergentes.
Los MP son fragmentos, fibras o partículas plásticas con tamaños que van desde 1 micra hasta 5 milímetros. Aunque son muy pequeños, su presencia no es un asunto menor. Se han encontrado en mares, ríos, suelos, aire, alimentos y, más recientemente, en distintas fuentes de agua destinadas al consumo humano. Esta situación ha despertado un creciente interés científico, ya que revela cómo el plástico, después de ser utilizado y desechado, puede permanecer en el ambiente por largos periodos mientras se desintegra en partículas cada vez más pequeñas que terminan dispersándose ampliamente.
¿De dónde vienen los microplásticos?
Existen dos grandes tipos de MP. Los llamados MP primarios son fabricados intencionalmente en tamaño pequeño, como algunas microesferas que eran utilizadas en productos cosméticos o de higiene personal. Por otro lado, los MP secundarios, los cuales se originan cuando objetos plásticos de mayor tamaño, como botellas, bolsas, envases o textiles sintéticos, se fragmentan por efecto del sol, el calor, el desgaste mecánico o la acción del viento y el agua. Es decir, gran parte de los MP que hoy circulan en el ambiente provienen de la degradación de residuos plásticos que alguna vez formaron parte de la vida cotidiana.
La producción de plástico y su impacto ambiental
La magnitud del problema está estrechamente relacionada con la enorme producción de plásticos a nivel mundial. Cada año se generan más de 400 millones de toneladas de plástico y una proporción importante no se recicla adecuadamente; de hecho, se estima que solo alrededor del 11% del plástico producido se ha reciclado. Como resultado, muchos terminan acumulándose en distintos entornos, donde poco a poco se degradan y se convierten en partículas diminutas. Estas partículas pueden entrar a cuerpos de agua, desplazarse por el aire, depositarse en el suelo y, finalmente, llegar a matrices que forman parte de nuestra vida diaria, como los alimentos y el agua que consumimos.
Microplásticos en agua de consumo humano
En este contexto, la presencia de MP en el agua de consumo humano se ha convertido en un tema de gran relevancia. Aunque todavía existen importantes vacíos de información sobre sus efectos a largo plazo en la salud humana, su detección en diversas fuentes de agua ha llevado a que cada vez más investigaciones busquen entender de dónde provienen, en qué cantidades se encuentran y qué tan expuesta puede estar la población. Mas allá de la preocupación científica, este tema también invita a reflexionar sobre la relación que existe entre nuestros patrones de consumo, la generación de residuos y la calidad del agua que utilizamos todos los días.

El caso de Sonora: agua, presión hídrica y nuevos riesgos
En regiones como Sonora, esta discusión cobra aún más importancia. El agua potable no solo es esencial para cubrir necesidades básicas de la población, sino también para sostener actividades económicas fundamentales como la agricultura, la industria, la ganadería y el turismo. Sin embargo, el estado enfrenta desde hace años una situación compleja en materia hídrica, marcada por la escasez de agua, su distribución desigual y una alta vulnerabilidad frente a condiciones climáticas extremas. En este escenario, la aparición de contaminantes emergentes como los MP representa un reto adicional para la gestión del agua y para la salud pública.
Sequía y contaminación: una relación cada vez más preocupante
La problemática podría agravarse en contextos de sequía y estrés hídrico. Cuando disminuye la disponibilidad de agua en presas, ríos, pozos o sistemas de abastecimiento, ciertos contaminantes pueden concentrarse más fácilmente en las fuentes disponibles. Esto significa que la escasez de agua no solo afecta la cantidad del recurso, sino también puede comprometer su calidad. A ello se suma que, en zonas con manejo inadecuado de residuos plásticos, estos materiales pueden acumularse en el ambiente y fragmentarse progresivamente, alimentando el ciclo de contaminación. Así, la crisis de agua y la contaminación plástica no deben verse como problemas separados, sino como fenómenos estrechamente relacionados.
¿Cómo llegan los microplásticos al agua?
Diversos estudios han mostrado que los MP pueden estar presentes en distintas etapas del ciclo del agua. Se han detectado en agua cruda, es decir, en fuentes antes de tratarse; en plantas de tratamiento de aguas residuales; en plantas potabilizadoras; en agua embotellada, e incluso en agua distribuida mediante quioscos o sistemas de recarga. Esto indica que la contaminación por MP puede originarse en múltiples puntos y que su presencia no depende de una sola fuente.
Una de las principales rutas por las que los MP llegan al ambiente acuático son las aguas residuales domésticas, comerciales e industriales. En ellas pueden viajar partículas plásticas de muy diverso origen, como fibras liberadas durante el lavado de ropa sintética, residuos de productos de cuidado personal, fragmentos de envases, partículas desprendidas de materiales industriales o residuos urbanos degradados. Aunque las plantas de tratamiento pueden retener una parte de estas partículas, no siempre logran eliminarlas por completo, por lo que algunas pueden permanecer en el agua tratada o concentrarse en los lodos residuales.

La lluvia, el aire y los residuos también influyen
Además, las lluvias también juegan un papel importante. La escorrentía pluvial urbana puede arrastrar MP depositados en calles, techos, superficies pavimentadas y zonas con residuos acumulados. Partículas provenientes del desgaste de llantas, el tráfico vehicular, la basura plástica fragmentada o de la deposición atmosférica pueden ser movilizadas por el agua de lluvia hacia drenajes, arroyos, ríos y otros cuerpos de agua. Incluso los MP acumulados en vertederos o tiraderos pueden ser transportados por el viento, favoreciendo su dispersión a través del aire y su posterior depósito en otros ambientes. Por ello, hoy se entiende que la contaminación por MP no se limita al agua: también involucra al aire, al suelo y a los sedimentos, formando una red compleja de intercambio entre compartimientos ambientales.
¿Y qué pasa con el agua embotellada?
Por otro lado, el agua embotellada también se ha señalado como una posible fuente de exposición. En este caso, los MP pueden prevenir del propio envase, de la tapa, del proceso de envasado, del transporte o de las condiciones de almacenamiento. Factores como el tipo de plástico utilizado, la resistencia del material, la exposición al calor o la deformación física de la botella, pueden influir en la liberación de partículas. Esto resulta especialmente relevante en contextos donde una parte importante de la población recurre a agua embotellada como alternativa frente a dudas sobre la calidad del agua de la red pública o por preferencia de consumo.
¿Cuántos microplásticos se han encontrado en el agua?
Las cantidades de MP reportadas en el agua varían ampliamente según el tipo de fuente y la metodología empleada para su detección. Por ejemplo, en una planta potabilizadora de agua proveniente del río Ganges (India) se reportó una concentración de 17.88 MP/L. En Australia, un estudio de agua embotellada detectó un promedio de 13 MP/L. En México, muestras de agua potable de quioscos mostraron concentraciones que oscilaron entre 11 y 860 MP/L, lo que evidencia una variabilidad importante entre sitios de muestreo, estimándose que la población residente ingiere 42 MP/L al año. Asimismo, en agua potable de estaciones de metro de la Ciudad de México se detectó un promedio general de 18 MP/L.
La presencia de MP no se limita al agua destinada al consumo humano. En muestras de nieve antártica derretida se han encontrado concentraciones de hasta 82 MP/L, mientras que en agua de lluvia en China se reportaron valores de entre 1.6 y 29.6 MP/L. En conjunto, estos datos muestran que los MP están presentes en distintas matrices hídricas que forman parte del ciclo del agua y, por tanto, representan una posible vía de exposición para los seres humanos.
Una problemática que requiere más investigación
Hablar de MP en el agua que bebemos no significa generar alarma, sino reconocer una problemática ambiental emergente que requiere más investigación, monitoreo y prevención. Aún queda mucho por entender sobre su comportamiento, su distribución, sus características químicas y físicas, y sus posibles efectos en los organismos y en la salud humana. No obstante, el hecho de que ya se estén encontrando en fuentes de agua destinadas al consumo humano es una señal clara de que el uso intensivo del plástico y su deficiente manejo tienen consecuencias que van más allá de la contaminación visible.
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Autoras: Dra. Yubia Berenice de Anda Flores y Dra. Herlinda Soto Valdez, académicas de la Coordinación de Tecnología de Alimentos de Origen Vegetal del CIAD.
CITACIÓN SUGERIDA
De Anda Flores Y.B y Soto Valdez H. (2026, 10 de abril). Lo que no vemos en el agua que bebemos: microplásticos, una problemática emergente. Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) https://www.ciad.mx/lo-que-no-vemos-en-el-agua-que-bebemos-microplasticos-una-problematica-emergente/↗






