Crónicas de hantavirus: excursiones en la naturaleza y riesgos zoonóticos
Una nueva alerta sanitaria y titulares en la prensa mundial han despertado el interés de la población por un brote de hantavirus en un crucero de expediciones en la naturaleza hacia las islas más alejadas del Atlántico Sur. La preocupación surge de nuestra experiencia, aún vívida en nuestras memorias, de los efectos de la pandemia de covid-19. ¿Estamos ante la misma situación?
Un grupo de 146 personas de 23 nacionalidades, entre tripulación y pasajeros(as), zarparon el 1 de abril de 2026 a bordo del barco polar MV Hondius del puerto de Ushuaia, en Tierra del Fuego, Argentina. Iniciaron un viaje turístico y científico hacia las islas más alejadas del continente, en una aventura de excursión por la naturaleza para ver hermosos paisajes polares que pocos ojos han visto. Sin embargo, el hantavirus, un viajero inesperado que infectó a tres personas, que desafortunadamente fallecieron, puso fin a la travesía. Al 13 de mayo se ha notificado a la Organización Mundial de la Salud (OMS) un total de 11 casos asociados al crucero (ocho confirmados, uno inconcluso y dos probables), incluidos tres fallecimientos (dos confirmados y uno probable), con una tasa de letalidad del 27%.1
La respuesta rápida de Holanda, Suecia, Sudáfrica, Senegal, EE. UU., Argentina y Chile, permitió la secuenciación y el análisis preliminar de los virus en muestras clínicas de pacientes positivos a hantavirus. Los resultados indican un alto grado de similitud genética entre las muestras y un parentesco muy alto con los virus Andes (ANDV) identificados en 1997 y 2018-2019. Es decir, los pacientes presentaban el mismo virus y este casi no ha cambiado a lo largo de los años. Esto sugiere que el brote del MV Hondius probablemente se originó a partir de un único evento de transmisión zoonótica (por contacto con animales o sus secreciones contaminadas), o de un número muy pequeño de eventos de transmisión estrechamente relacionados.2
El avance en la investigación epidemiológica muestra la posibilidad de que el paciente índice o primer caso, un notable investigador y especialista en aves procedente de Países Bajos, haya estado expuesto y se contagiara antes de embarcarse en el crucero, ya que realizó un viaje de varios meses por diferentes puntos de Argentina, Chile y Uruguay para observar aves, visitando lugares donde pudo haber estado en contacto con roedores que transmiten el virus Andes.1
¿Qué son los hantavirus?
Los hantavirus, del género Orthohantavirus, incluyen 38 especies y 60 tipos de virus y pertenecen a la familia Hantaviridae.3 El género Orthohantavirus incluye a los virus causantes de enfermedades graves en humanos, como el síndrome cardiopulmonar por hantavirus ocasionado por los virus Andes (ANDV) y virus Sin Nombre (SNV), entre otros en América, y el síndrome renal por fiebre hemorrágica ocasionado por el virus Dobrava (DOBV), virus Hantaan (HTNV), virus Puumala (PUUV) y virus Seoul (SEOV) en Europa y Asia.4 Son virus envueltos en una capa de lípidos; tienen un genoma de 3 segmentos de ARN y una alta diversidad genética.

Distribución mundial de las especies de hantavirus.
¿Cómo se da la transmisión?
Las infecciones por transmisión zoonótica (animal-persona) ocurren por inhalación de aerosoles de saliva, orina o heces, por contacto con superficies, por contacto directo con roedores infectados o, en raras ocasiones, por mordeduras. La transmisión entre personas solo se ha descrito para el virus Andes en situaciones de contacto cercano y prolongado (aerosoles, fluidos como la saliva, contacto íntimo y un reporte de transmisión a través de la leche materna). En el caso de los hantavirus del Nuevo Mundo, se considera que la transmisión entre personas no ha sido muy eficiente porque el virus se aloja en las vías aéreas inferiores (bronquios, pulmones), lo que limita su fácil dispersión y la cantidad de virus expulsada mediante la tos, las secreciones, etc.
¿Cuáles son las manifestaciones clínicas de la enfermedad?
Después de la exposición, el virus se replica en las células endoteliales o en células inmunitarias, como los macrófagos, y pasa por una etapa de eclipse, en la que se forman nuevos virus. Esta etapa, también conocida como incubación, no presenta síntomas ni signos. En promedio, los síntomas pueden aparecer a los 18 días; sin embargo, pueden presentarse tan temprano como cuatro días después de la infección por el virus o, bien, hasta 42 días después. De aquí surge la explicación del periodo de cuarentena para las personas que viajaron en el crucero, con el fin de esperar la aparición de síntomas y prevenir nuevos contagios. Los síntomas y signos más frecuentes son la fiebre, dolor de cabeza, dolor muscular, náuseas, vómito y dolor abdominal, pero pueden progresar a una mayor severidad, hasta la falla respiratoria y la muerte, en el caso del síndrome cardiopulmonar.4,5 En cuanto a hallazgos de laboratorio, se han observado creatinina elevada, proteinuria, trombocitopenia y aumento de la permeabilidad vascular.

Contagio y síntomas de la infección por el virus Andes (hantavirus).
¿Dónde se encuentran estos hantavirus?
Los hantavirus del género Orthohantavirus se distribuyen de forma natural en algunas especies de roedores en todo el mundo. Los virus tienen una relación ancestral con este grupo de organismos, conocidos como su reservorio en la naturaleza, donde se mantienen y se transmiten entre ellos sin ocasionar daño aparente. Sin embargo, cuando se produce un salto a otras especies, como el ser humano, el virus puede comportarse de manera más patogénica y ocasionar los síndromes descritos anteriormente.
¿Cuál es la relevancia de la biodiversidad de roedores en Sudamérica?
La especie de ratón identificada como reservorio del virus Andes Orthohantavirus andesense, es el colilargo (Oligoryzomys longicaudatus). Este pequeño ratón silvestre habita las zonas de bosque patagónico de Argentina y Chile, aunque puede buscar hábitats cercanos a casas, graneros, etc., si las condiciones ambientales o la disponibilidad de alimento lo obligan a acercarse a los asentamientos humanos. Se reconoce que Sudamérica presenta una alta diversidad de roedores y de Orthohantavirus. Recientemente, en una revisión se identificaron 14 especies de roedores portadoras de 15 genotipos de Orthohantavirus.6 Por esto, se requiere estudiar más a profundidad las interacciones entre reservorios-virus-personas-ambiente.
¿Por qué son importantes para la salud pública?
Aunque el número de casos de hantavirus a nivel mundial es pequeño, la tasa de letalidad es alta (hasta del 50% en el virus Andes) y el número de personas expuestas asintomáticas puede ser mayor. No se cuenta con vacunas ni tratamientos específicos, sino solo con medidas de soporte. Por ello, es importante considerar las regiones geográficas con circulación endémica del virus y las condiciones que pueden favorecer un aumento de la exposición. Por ejemplo, en diciembre de 2025 la Organización Panamericana de la Salud (OPS) lanzó una alerta por el aumento de casos registrados en la región, principalmente en Argentina y Chile.7 También se identificó un periodo atípico de lluvias abundantes que pudo influir en la abundancia de roedores. En México no se han reportado casos de enfermedad por hantavirus en humanos. Sin embargo, sabemos que existen especies de roedores portadoras de otros hantavirus, con distribución en Norteamérica, por lo que la vigilancia de estas enfermedades es fundamental.
La información sobre las capacidades de transmisión persona-persona (aunque limitada) del virus Andes en Sudamérica evidencia la urgente necesidad de más estudios científicos y de trabajo multinacional coordinado para determinar la posible amenaza global emergente que estos virus pueden representar.
¿Cuál es la importancia de la bioseguridad para disminuir los riesgos zoonóticos?
El caso del MV Hondius nos recuerda que las interacciones entre las personas y la naturaleza representan riesgos de contagio de enfermedades zoonóticas. Poco se habla de las medidas de prevención que debemos observar al acercarnos a la fauna silvestre, ya sea por razones profesionales o recreativas. Las prácticas de bioseguridad que nos permiten prevenir el riesgo de contagio e infección incluyen usar cubrebocas, guantes y ropa protectora y realizar la higiene de manos cuando exista la posibilidad de estar en contacto con roedores o excretas, así como realizar la limpieza y desinfección de espacios potencialmente contaminados. El conocimiento de los medios de transmisión del hantavirus es fundamental para adoptar prácticas de prevención.
Una salud para abordar los retos de las zoonosis emergentes
Las dinámicas de las poblaciones de roedores se ven afectadas por cambios en factores ambientales, como la precipitación, la temperatura, el uso del suelo y los hábitats naturales, así como por el desarrollo social y por los comportamientos humanos. Todo ello influye en las interacciones entre roedores, humanos y el ambiente. En un mundo interconectado como el que vivimos, la movilidad y las acciones humanas afectan y aceleran la propagación de patógenos. Se requiere una visión holística, como la de Una Sola Salud para entender que las perturbaciones en los ecosistemas tienen un efecto dominó en la salud de animales, plantas y personas. Las acciones y la colaboración entre sectores, disciplinas y comunidades son más urgentes que nunca para hacer frente a los retos de salud actuales.
Referencias
1 Organización Mundial de la Salud (2026). Noticias sobre brotes de enfermedades. Brote de hantavirus vinculado a viajes en cruceros, multinacional. https://www.who.int/emergencies/disease-outbreak-news/item/2026-DON601.
2 Palacios, G. (2026). Análisis preliminar de secuencias del virus Orthohantavirus andesense de un grupo relacionado con cruceros, mayo de 2026. https://virological.org/t/preliminary-analysis-of-orthohantavirus-andesense-virus-sequences-from-a-cruise-ship-related-cluster-may-2026/1029.
3 ICTV Report (2024). Subfamily: Mammantavirinae. Genus: Orthohantavirus. Distinguishing features. https://ictv.global/report/chapter/hantaviridae/hantaviridae/mammantavirinae/orthohantavirus.
4 Vial, P. A, Ferrés, M, Via,l C., Klingström, J., Ahlm, C., López, R., Le Corre, N. y Mertz, G. J. (2023) Hantavirus in humans: a review of clinical aspects and management. Lancet Infect Dis., 23(9): e371-e382. 10.1016/S1473-3099(23)00128-7.
5 Taylor, S. L., Schmaljohn, C. S., Williams, E. P. y Jonsson, C. B. (2025). Pathogenicity and virulence of Rodent-Borne Orthohantaviruses. Virulence, 16(1).
6 Ortiz, N., Pinotti, J. D., Andreo, V., González-Ittig, R. E., Gardenal, C. N. (2025) Orthohantavirus rodent hosts and genotypes in Southern South America: a narrative review. PLoS Negl Trop Dis, 19(9): e0013489.
7 OPS (2025). Alerta epidemiológica Síndrome Pulmonar por Hantavirus en la Región de las Américas. https://www.paho.org/es/documentos/alerta-epidemiologica-sindrome-pulmonar-por-hantavirus-region-americas-19-diciembre-2025.
Autoras: Maricela Montalvo Corral y Sandra Verónica Aguayo Patrón, académicas del CIAD, e Iracema del Carmen Rodríguez Hernández, estudiante del Doctorado en Ciencias del CIAD. Unidad de Investigación en Una Sola Salud.
CITACIÓN SUGERIDA
Montalvo Corral M. y Aguayo Patrón S.V. (2026, 15 de mayo). Crónicas de hantavirus: excursiones en la naturaleza y riesgos zoonóticos. Oficina de Prensa. Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD). https://www.ciad.mx/cronicas-de-hantavirus-excursiones-en-la-naturaleza-y-riesgos-zoonoticos/↗







