La conspiración del silencio: sexualidad y tercera edad
La sexualidad ha estado presente a lo largo de la historia de la humanidad. Sin embargo, el tema, cuando se refiere a la población adulta mayor, está rodeado de silencios y lo menos que provoca son risas y burlas, además de que en algunos grupos sociales se considera una inmoralidad, lo que es aún peor.
¿A qué llamamos sexualidad y cómo se experimenta en la llamada tercera edad?
Desde las diferentes especialidades como la psicología, la medicina, la enfermería, la sociología y otras áreas del conocimiento científico, la sexualidad es referida en sus diferentes componentes. Por un lado, está asociada con las reacciones objetivas del cuerpo y por otro, con las vivencias subjetivas como las emociones, el placer, el deseo, los sentimientos. De ahí que las formas de experimentarla y disfrutarla parecieran ser infinitas, como infinitas son las posibilidades de habitar el cuerpo humano y las interacciones entre las personas.
Envejecemos desde el mismo momento de la concepción y son las sociedades las que definen las formas posibles de vivir el proceso de envejecimiento y también las de cómo ejercer la sexualidad. De ahí la negación del placer infantil y las miradas de asombro si un niño o una niña se masturban. Conforme avanzamos en edad, la pubertad, la juventud y la adultez son períodos en los que la sexualidad se reconoce y hasta se representa en algunas culturas con el color rojo, del fuego y de la pasión, o con el verde, en el disfrute de una eterna primavera, siempre y cuando se dé bajo las condiciones establecidas socialmente y en las que las distintas religiones imponen reglas más o menos estrictas.
La sexualidad tiene que ver con la manera en que las personas se expresan e incluye diversos tipos de contactos físicos o de estimulación de alguna parte del cuerpo. La sexualidad se puede vivir en la intimidad, en soledad o en compañía y se experimenta como un sentimiento de cercanía y conexión consigo misma o con otra persona, en una relación que puede ocurrir con o sin un componente físico.
Durante la vejez, la sexualidad se mantiene como una energía que permite a las personas desear y buscar amor, contacto, ternura e intimidad para poder expresar sus sentimientos, compartir movimientos y sensaciones táctiles consigo mismas o con otros seres u objetos.
El deseo de tocar el cuerpo propio, el de otro o el de ser tocada no desaparece con el avanzar de los años. Sin embargo, la sexualidad en las personas mayores puede verse influida por los mitos y las creencias con las que crecimos durante la crianza en el hogar o por nuestro proceso de educación fuera de este, como pueden ser la escuela, la comunidad, la iglesia, el trabajo. Nuestra cultura, la forma como vivimos las relaciones de pareja, las ideas negativas sobre el cuerpo y la sexualidad pueden afectar las percepciones y reacciones corporales vivenciadas a lo largo de los años.
La sociedad actual privilegia todo lo que es joven y de ahí la mercadotecnia que nos inunda para retener la apariencia juvenil. La vejez, por el contrario, es el invierno de la vida, la etapa de arrugas y pelo blanco, la nieve, el hielo y la frialdad, pero solo en las mujeres. La blancura del pelo y el bigote o la barba en los hombres mayores no disminuyen su atractivo porque a los varones no se les pide ni frescura ni gracia como a las mujeres, solo la inteligencia de un viejo seductor cuya fuerza y virilidad le puede mantener como un “anciano hermoso”. Las mujeres, cuando mucho, pueden aspirar a ser “viejitas simpáticas”.
La vejez, adultez mayor o ancianidad es una etapa de la vida en la que el cuerpo va disminuyendo de una u otra manera las capacidades de las que disfrutó durante varios años, hasta que las enfermedades latentes o de aparición súbita limitan la vivencia de su sexualidad. Con los cambios físicos del envejecimiento, la presencia de enfermedades o el uso de medicamentos, para algunas personas pareciera significar el fin de la sexualidad, a lo cual se suma la invisibilidad a la que la sociedad condena en esta parte de nuestra existencia. Las personas adultas mayores tampoco suelen recibir orientación al respecto por parte del personal de salud que se centra en atender sus procesos de enfermedad, ignorando las necesidades que puedan tener con respecto a los placeres de su cuerpo y su calidad de seres deseados y deseantes.
Si la información no la reciben por parte del sector salud, la opción actual es el internet y los diferentes sitios a los que pueden tener acceso. Pero debe tenerse cuidado de que la información provenga de fuentes confiables y serias, que comprendan la situación que está viviendo la persona durante su envejecimiento para que la sexualidad se ejerza de la mejor manera. Por ejemplo, se debe considerar que el deseo puede verse negado y la persona rechazar el experimentar vivencias sexuales, pues el sentirse viejo/a o por la soledad conyugal y la represión sexual pueden convertirse en obstáculos para la vivencia plena y libre de la sexualidad.
No está por demás enfatizar que la sexualidad marcada por la moral familiar actual y pasada y las opiniones del círculo familiar más cercano influyen en el significado que se le asigna, así como la forma de concebirla y la de vivirla durante la vejez. Las doctrinas religiosas que aún asocian las expresiones sexuales con el pecado tienen una influencia similar, ocasionando represión sexual y reforzando el que las personas adultas mayores sigan siendo vistas como seres asexuales. Por lo mismo, difícilmente se atreven a abordar el tema o a vivir abiertamente su sexualidad para no ser señaladas como morbosas, inmorales o desviadas, ideas que limitan la posibilidad de buscar información, pues hay temor de ser objeto de burlas.
A continuación, se presentan algunos hechos que deben ser considerados cuando se busca información sobre sexualidad:
1. En las mujeres, la vagina puede acortarse y estrecharse. Las paredes vaginales pueden volverse más delgadas y un poco más rígidas. La mayoría de las mujeres tendrán menos lubricación vaginal y puede tomar más tiempo de estimulación para que la vagina se lubrique naturalmente. Ante estos cambios, la penetración vaginal puede ser dolorosa y eso llevar a hacerla menos deseable. Se recomienda consultar con el personal de salud para que recomiende un lubricante a base de agua, o bien, condones lubricados para que la penetración sea disfrutable. Las terapias hormonales es posible que también afecten el deseo de tener relaciones sexuales, haciéndolas más deseables que antes de usar esos fármacos.
2. En los hombres suele aparecer la tan temida impotencia sexual, conocida igualmente como disfunción eréctil (DE), que es la pérdida de la capacidad para lograr y mantener una erección. La DE puede hacer que un hombre tarde más de lo acostumbrado en lograr una erección y esta puede no ser tan firme o prolongada como solía serlo en su juventud o adultez. La erección después del orgasmo puede ocurrir con más lentitud o tomar más tiempo entre una y otra, aunque el deseo se mantenga. La DE no es un problema si ocurre de vez en cuando, pero si ocurre con cada intento, lo mejor es consultar con el personal de salud antes de recurrir a cualquier otra recomendación.
Envejecer trae consigo cambios en la vida que pueden crear oportunidades para redefinir qué significa la sexualidad y la intimidad. Algunas personas se esforzarán por tener una relación íntima y sexual, otras se sentirán bien con una o con otra y otras más evitarán todo tipo de acercamiento. Padecimientos como artritis, demencia, diabetes, dolor crónico, enfermedades cardiacas, alcoholismo, enfermedades de transmisión sexual, alteraciones psicoemocionales y los fármacos recetados pueden alterar la vida sexual. Por ejemplo, algunas personas con demencia muestran mayor interés en la sexualidad y la cercanía física, pero es posible que no puedan estar conscientes de qué comportamiento sexual es apropiado. En los casos de demencia severa llegan a no reconocer a la pareja, desear contacto sexual y buscarlo con otra persona, lo que resulta difícil de manejar en las familias. Lo recomendable es consultar con el personal de salud y tener en cuenta que la atención integral en la vejez incluye, junto con los cuidados del cuerpo, la alimentación y la nutrición, los deseos sexuales.
Referencias
Cinthia Elizabeth González-Soto, Raúl Fernando Guerrero-Castañeda, Claudia Feio da Maia-Lima, Jonathan Alejandro Galindo-Soto (2024). Influencias del mundo y el cuerpo en la sexualidad del adulto mayor. Enfermería Global, 23(73): 404-416. https://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1695-61412024000100014.
National Institute on Aging. https://www.nia.nih.gov/espanol/sexualidad/sexualidad-edad-avanzada.
Simone de Beauvoir (2015). La vejez. Penguin Random House: México.
Autora: Rosario Román Pérez, investigadora de la Coordinación de Desarrollo Regional del CIAD.
CITACIÓN SUGERIDA:
Román Pérez R. (2025, 29 agosto). La conspiración del silencio: sexualidad y tercera edad. Oficina de Prensa. Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD). https://www.ciad.mx/la-conspiracion-del-silencio-sexualidad-y-tercera-edad/↗