Notas

Con el propósito de compartir el conocimiento que el personal de ciencia y tecnología del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) genera, se realizará la 3ª “Escuela de Inocuidad Agroalimentaria” los días 22 y 23 de enero del presente en Puerto Escondido, Oaxaca.

Dicha actividad se hace en coordinación con la Alianza Estratégica Para el Desarrollo Sustentable de la Región Pacífico Sur (Adesur) y consiste en una capacitación de dos días donde se impartirá el curso-taller “Implementación de programas de inocuidad agroalimentaria con base en HACCP: frutas y hortalizas”.

Con el lema “Alimentos sanos del campo a la mesa”, en la jornada se abordarán temas como la importancia de la inocuidad alimentaria, trazabilidad, enfermedades transmitidas por alimentos, buenas prácticas agrícolas y sanidad e higiene de los trabajadores, instalaciones y transporte.

Asimismo, quienes impartirán esta capacitación, Miguel Ángel Martínez Téllez, Irasema Vargas Arispuro y Emmanuel Aispuro Hernández, todos científicos del CIAD, compartirán su experiencia sobre el papel del Análisis de Peligros y Control de Puntos Críticos (HACCP, por sus siglas en inglés) en la producción primaria y procesamiento, entre otros temas.

El curso forma parte del proyecto “Estrategias multidisciplinarias para incrementar el valor agregado de las cadenas productivas del café, frijol, mango, agave mezcalero y productos acuícolas (tilapia) en la región Pacifico Sur a través de la ciencia, la tecnología y la innovación”, iniciativa emprendida con apoyo del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

Esta capacitación es completamente gratuita para productores(as) de alimentos y tiene un costo de $150 para estudiantes y de $4,000 para consultores. Si desea reservar su lugar o requiere más información, puede enviar un correo electrónico a Olivia Briceño Torres (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) o llamar al teléfono (662) 289 24 00, ext. 402.

 

El hongo Pleurotus, conocido popularmente como seta, es una fuente de alimentación segura, además de económica, por lo que el Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) desea invitar a la sociedad a aprender más sobre este.

El curso-taller “Manejo del cultivo de setas y su comercialización” se impartirá en Morelia, Michoacán, en las instalaciones del Centro de Innovación y Desarrollo Agroalimentario de Michoacán (Cidam), consorcio del que forma parte el CIAD, e iniciará el próximo 16 de enero.

Se abordarán temas teóricos como introducción a la fungicultura, uso histórico de los hongos, clasificación, fisiología y principales enfermedades, con énfasis en el tipo seta.

Por el lado práctico se diseñará una unidad de producción que comprende los métodos de cultivo, designación de espacios, desinfección y uso de materiales, entre otros, con el fin de que sea un proyecto que pueda tener una rentabilidad económica.

Con el propósito anterior, también se expondrán las bases fundamentales para diseñar un plan de comercialización con base en un análisis de mercado.

Esta capacitación tiene un cupo limitado y su costo es de $980.00 (materiales incluidos). La duración es de veinte horas que se desarrollarán en tres días.

Los responsables de brindar el curso serán Jacob Antonio González, Salvador de Jesús López, Julio Nájera Santamaría y David Jonathan Sánchez Bautista, adscritos a la Brigada de Educación para el Desarrollo Rural 122.  

Si desea reservar su lugar, puede hacerlo enviando su nombre, teléfono y email al correo Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo., llamando al teléfono 443 403 9120 o mediante el formulario electrónico https://forms.gle/ZKjco5ZgjG6MrkyU8.

Bajar de peso es uno de los propósitos que los mexicanos más comúnmente persiguen al iniciar un nuevo año. Sin embargo, este compromiso es abandonado con frecuencia en los primeros meses. Hoy te daremos recomendaciones para lograr esta meta.

Los siguientes consejos son sugerencias de Humberto Astiazarán García, profesor investigador de Nutrición del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) y de la nutrióloga clínica Ana Teresa Limón Miró.

Acude con un nutriólogo

Las dietas restrictivas normalmente llevan al fracaso, pues someten a las personas a niveles de ansiedad extraordinarios al prohibir el consumo y racionar las porciones de los alimentos en esquemas que eventualmente son insostenibles por falta de voluntad o por encontrase fuera de la realidad de la vida cotidiana.

Lo mejor es acudir con un nutriólogo(a) que diseñe una dieta personalizada acorde al estado de salud de cada individuo y sus posibilidades de adquisición de alimentos y que busque controlar el peso fomentando buenos hábitos alimenticios y de salud, sin estresar al paciente o sugerirle alimentos fuera de su alcance o interés.

Los nutriólogos deben comprometerse con cada uno de sus pacientes y partir de su diagnóstico nutricional y características iniciales para establecer junto con él metas factibles y saludables. Deben evitar dar copias de la misma dieta sin adaptarla a cada persona.

No busque “productos milagro” o estrategias extremas

El mercado está plagado de productos que ofrecen ayudar a perder peso sin ningún otro esfuerzo más que el ingerir una pastilla o cápsula; muchos de estos se promocionan, incluso, como alternativas naturales.

La realidad es que solo debe ser un profesional de la salud el que indique el consumo de un fármaco, y usted debe cerciorarse que estos están avalados por la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), y que no representan un riesgo para la salud.

Si piensa seguir un plan de alimentación que contemple un consumo muy bajo en kilocalorías por ver mayor resultado, puede ser un error. Hoy en día, este tipo de “dietas” y recomendaciones no sólo las encontramos en revistas de moda, también en redes sociales, ahora con los llamados “retos”, en los cuales, personas que en ocasiones no son profesionales de la nutrición, dan la misma dieta y recetario a todas las personas que se registren en línea, sin considerar antecedentes heredofamiliares y personales del interesado.

Además, cuando reducen drásticamente las kilocalorías que habitualmente se consumen, o si decide ayunar un día, la respuesta natural del cuerpo consiste en protegerse, y para ello hace un esfuerzo para ahorrar energía. El cuerpo se prepara por el déficit de alimentos que existe. Por ello, cuando vuelve a incorporar lo que en algún momento restringió o suspende el medicamento que estaba tomando para bajar de peso, puede recuperar el peso corporal que había perdido y hasta presentar un peso mayor al inicial, conocido como el “efecto rebote”.

La manera más sencilla, segura y permanente para perder peso y grasa corporal es hacerlo a través de un plan de alimentación equilibrado, suficiente, completo variado e inocuo. Es necesario tener en cuenta que cada uno necesita consumir distintas cantidades de alimentos y nutrientes, de acuerdo con muchas características, por lo que el plan debe ser personalizado.

No es uno, son muchos hábitos

A veces se cree que lograr un buen estado de salud se trata solo de aprender a comer o de empezar a hacer ejercicio; sin embargo, aunque ambas cosas son de vital importancia, hay muchos otros hábitos que repercuten también a la hora de controlar el peso, como dormir entre siete y ocho horas diariamente, reducir el estrés, mantenerse bien hidratado, erradicar la ingesta excesiva de alcohol, tabaco y cafeína, etcétera.

Así que si estar más sano(a) para vivir mejor es uno de sus propósitos de año nuevo, no dude en acercarse a un profesional de la salud; existen muchos programas en los sistemas de salud pública que le pueden orientar gratuitamente a lograr sus objetivos y que, sobre todo, están basados en la ciencia médica.

 

Contribuir al fortalecimiento de la ciencia en México es el propósito del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) para este nuevo año.

La comunidad del CIAD se reunió tanto en su sede ubicada en Hermosillo, Sonora, como en sus coordinaciones regionales (Guaymas, Sonora; Culiacán y Mazatlán, Sinaloa; Delicias y Cuauhtémoc, Chihuahua) y en la Unidad de Gestión Tecnológica de Tepic, Nayarit, para testimoniar juntos el inicio de un nuevo ciclo laboral.

Pablo Wong González, director general, encabezó el encuentro en el que exhortó a las plantas académica y administrativa a sumar sus talentos para que la institución continúe consolidando su quehacer en beneficio de la sociedad.

Además de los proyectos de investigación propiamente dichos, dentro de las diferentes acciones que el Centro llevará a cabo, se encuentra la realización de eventos académicos sobre temas de alimentación y desarrollo regional, con el fin de socializar avances y resultados de proyectos de investigación que se realizan en la institución.

Asimismo, se continuará promoviendo la vinculación del CIAD con los sectores público, privado y social, a través de eventos que van desde la educación científica para infantes hasta convocatorias que tienen el fin de coadyuvar a que micro y pequeñas empresas puedan mejorar sus productos o servicios con el apoyo de la ciencia. 

Este año el CIAD lanzará sus convocatorias para el ingreso a las maestrías en ciencias y en desarrollo regional, además de diferentes programas de iniciación a la investigación científica para jóvenes universitarios. Puede encontrar más información en www.ciad.mx/posgrados.

El CIAD invita a la sociedad a permanecer informada de las diferentes actividades que se realizarán este año, en el que la institución celebrará su 38° Aniversario, a través del sitio electrónico institucional y sus redes sociales, particularmente, de www.facebook.com/ciad.conacyt.

Laura Celina Ochoa Meza, alumna del doctorado en ciencias del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD), investiga cómo prevenir el ataque de hongos en plantas de trigo.

Estudios preliminares del grupo de trabajo señalan que los oligosacáridos de quitosano promueven una respuesta defensiva a nivel molecular en las plantas, por lo que entender cómo funciona este mecanismo completo podría ser la clave para desarrollar productos amigables con el medioambiente que prevengan el ataque de patógenos en el trigo, cereal de alto consumo a nivel mundial.

Para la realización de su tesis doctoral, Laura Celina desarrolló el proyecto de tesis titulado “Inducción de la resistencia sistémica y tolerancia a Puccinia triticina en plántulas de trigo en respuesta a quitooligosacáridos”. Laura Celina es dirigida por el Dr. Miguel Ángel Martínez Téllez, de la Coordinación de Tecnología de Alimentos de Origen Vegetal del CIAD, con la participación en el comité de tesis de la Dra. Irasema Vargas Arispuro, Dr. José Juan Virgen Ortiz, ambos investigadores del CIAD, y el Dr. Alejandro Falcón Rodríguez, del Instituto Nacional de Ciencias Agrícolas de Cuba.

Martínez Téllez explicó que la colaboración de los investigadores en este proyecto coadyuvará a entender la respuesta metabólica de plántulas de trigo cuando son atacadas por un microorganismo, pues tienen una amplia experiencia en la investigación del quitosano y sus derivados como activadores de respuesta de protección en plantas.

Por su parte, el Dr. Falcón indicó que con la generación de este conocimiento se cimentan las bases para encontrar estrategias que sustituyan la aplicación de pesticidas químicos que repercuten en la salud de las plantas y de los seres humanos.

Dicho patógeno, explicó, se manifiesta en las hojas, en cualquier estado fenológico del cultivo, mediante pústulas alargadas en el haz de la hoja, de 0.5 a 1 mm de longitud, que rompen la cutícula para desprender las esporas. La infección ocasiona la muerte de la hoja, además de que reduce las posibilidades del crecimiento de la planta hasta, incluso, ocasionar su muerte.

Por último, agregó que anteriormente ya se han hecho estudios similares en plantas de tomate, donde han obtenido resultados favorables en la prevención del ataque de patógenos, además de que las plantas han crecido más de lo esperado.

 

 

Carolina Moreno Rivas, estudiante del doctorado en ciencias del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD), investiga la manera de eliminar arsénico, cadmio y plomo en agua de consumo, utilizando el proceso de biosorción.

La biosorción es una técnica que aprovecha a los compuestos naturales y a algunos microorganismos para remover metales pesados, cuya ingesta frecuente puede producir diversos tipos de cáncer y otras enfermedades en poblaciones que consumen agua contaminada, aunque las concentraciones de metales sean muy bajas.

Trabajando con la levadura de panadería (Saccharomyces cerevisiae) encapsulada en alginato (procedente de las algas marinas cafés), Carolina ha desarrollado un sistema para remover entre el 85 y 90% de cadmio y plomo. 

Para poder remover el arsénico, se sintetizaron nanopartículas de óxido de hierro y se entrecruzaron con la pared celular de la levadura; con esta modificación se logró remover el 70 % del arsénico presente en el agua.

El trabajo de tesis doctoral de Carolina es dirigido por Gabriela Ramos Clamont Montfort, de la Coordinación de Ciencia de los Alimentos, y asesorado por Luz Vázquez Moreno, Alma Rosas Islas Rubio, Jaqueline García Hernández y Tomás Madera, de diferentes coordinaciones del CIAD, además de José Andrei Sarabia Sainz, de la Universidad de Sonora (Unison).

Para poder realizar los experimentos se ha contado con el apoyo del Laboratorio de Ciencias Ambientales de la Coordinación del CIAD en Guaymas, el Laboratorio de Residuos Tóxicos de la Coordinación de Ciencia de los Alimentos, el Laboratorio de Biofísica Médica de la Unison y el Laboratorio Nacional de Nano y Biomateriales del Cinvestav, en Mérida, dirigido por Patricia Quintana Owen.

Actualmente se trabaja con columnas que simulan pequeños cartuchos, con la finalidad de desarrollar, a futuro, filtros caseros que puedan ser utilizados en comunidades rurales.

 

El mango es un alimento que tiene el potencial de proporcionar grandes aportaciones a la nutrición humana, así como de ser utilizado en la industria agroalimentaria a través del aprovechamiento de sus subproductos o residuos.

Este tema fue compartido por Eber Addí Quintana Obregón, catedrático Conacyt comisionado a la Coordinación Regional Culiacán del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD), con alumnos(as) del Instituto Tecnológico del Valle del Yaqui (Tecnológico Nacional de México).

La conferencia “El mango en el Pacífico mexicano: biorrecurso potencial para la seguridad alimentaria” fue ofrecida a estudiantes de ingeniería en industrias alimentarias en el municipio de Bácum, Sonora.

Un biorrecurso puede ser definido como un recurso biológico, el cual, por su distribución y abundancia, puede aprovecharse para el beneficio de la humanidad.

El catedrático explicó a las y los estudiantes que en México el 47 % de la producción de mango se concentra en los estados de Guerrero, Michoacán, Oaxaca y Chiapas. Sin embargo, la cadena productiva de mango en estas entidades enfrenta retos que impactan negativamente en el desarrollo regional y económico de la sociedad.

Agregó que por su disponibilidad existe un gran potencial de crecimiento económico, utilizando como plataforma el cultivo del mango y, en consecuencia, la generación de condiciones para la seguridad alimentaria.

El aprovechamiento de este biorrecurso para la seguridad alimentaria cobra especial importancia considerando que la mayoría de los productores de mango de la zona demandan mejores condiciones de vida.

Añadió que uno de los subproductos del mango que tiene el potencial de ser utilizado en la industria agroalimentaria (a partir de su cáscara) es la extracción de pectinas, utilizadas como agentes gelificantes en la industria alimentaria.

Esta visita se dio en el marco de las actividades académicas de formación de estudiantes realizadas semestre a semestre por el Instituto Tecnológico del Valle del Yaqui, con la misión institucional del CIAD de promover el Plan Nacional de Apropiación Social del Conocimiento impulsado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

 

Del 3 al 5 de diciembre se celebró I Congreso de Economía Nacional: Hacia un Nuevo Modelo de Desarrollo Económico Nacional y Perspectivas de la Economía Mexicana Nacional, organizado por el Colegio de Chihuahua en Ciudad Juárez, Chihuahua.

En este importante evento académico fronterizo participaron veinte ponentes de distintos centros de investigación públicos del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), tales como El Colegio de la Frontera Norte (El Colef), el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) y el Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD), así como universidades públicas y privadas como la Universidad de Chihuahua, la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, Universidad Autónoma Metropolitana, Escuela Nacional de Antropología e Historia, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Tecnológico de Monterrey y lUnivrsidad Panamericana.

El encuentro tuvo por objeto analizar las perspectivas de la economía mexicana en la presente coyuntura, con la finalidad de discutir un modelo de desarrollo económico alternativo, basado en el crecimiento, la reindustrialización y la mejor distribución de la riqueza. El Congreso se articuló en torno a tres ejes: Economía internacional y crecimiento económico nacional; Mercado laboral, migración internacional y desarrollo económico, y Crecimiento económico, economía regional y reforma energética.

En representación del CIAD, el profesor investigador Luis Huesca Reynoso participó como ponente en la mesa de mercado laboral con el trabajo “La desigualdad salarial en la frontera norte y uso de tecnología”, a través del cual expuso las tendencias de trabajos que usan más intensivamente la tecnología; además, habló sobre la existencia de diferencias en la fijación salarial y expectativas de mejora en las remuneraciones de estos.

Los resultados indicaron que la desigualdad es mayor en los salarios de baja intensidad de tecnología, revelando cómo el contar con un empleo de intensidad digital no garantiza necesariamente un mejor sueldo. De acuerdo con el investigador, entre las causas se sitúa un posible exceso de oferta laboral que se presenta actualmente en este tipo de trabajadores en la frontera norte del país.

También se contó con la presencia de dos destacados economistas como ponentes magistrales: Cuauhtémoc Calderón Villarreal (El Colef), quien brindó un análisis detallado de los factores que explican el comportamiento del actual ciclo de los Estados Unidos y de las probabilidades de una nueva crisis en ese país, y Fausto Hernández Trillo (Tecnológico de Monterrey), quien ofreció una disertación sobre las causas del estancamiento económico de México, entre las que destacó la creciente informalidad, como resultado de los problemas estructurales no atendidos en el tiempo por los gobiernos en turno (tasas altas de interés y bajos salarios, entre otras causas).

Del evento se obtendrá un libro coordinado donde se contendrán los mejores trabajos presentados.

Huesca Reynoso manifestó que el CIAD buscará continuar vinculando el trabajo científico realizado en la institución en materia de investigación en desarrollo regional y social en los años por venir, para contar con elementos de análisis y evaluación de las acciones de gobierno.

 

Beatriz Olivia Camarena Gómez y Margarita Peralta Quiñonez

Investigadoras adscritas al Programa de Estudios

Ambientales y Socioculturales del Desarrollo

de la Coordinación de Desarrollo Regional del CIAD

La pregunta ¿qué alimentos consumir para contribuir a paliar el deterioro ambiental? invita a reflexionar en los productos que forman parte de la dieta familiar cotidiana y a considerar las alternativas que tenemos, toda vez que, al optar por uno u otro tipo de alimento, se coadyuva a reforzar determinado esquema de producción de alimentos.

Lo plausible sería orientar nuestras pautas de consumo hacia aquellos alimentos que por sus formas de producción garanticen una alimentación más saludable y no alteren negativamente los equilibrios ambientales. Ello implica considerar, entre otras muchas cuestiones, que, implícito en el reto que representa alimentarnos hoy y tener acceso a los alimentos mañana, está la disputa por la tierra o suelos que aún no han perdido su potencial productivo. En los polos del esquema actual de producción de alimentos están los grupos corporativos multinacionales, aplicando las nuevas tecnologías en desarrollo que tienen que ver, por ejemplo, con la agricultura de precisión (Ruiz Marrero, C., 2004), o semillas transgénicas promovidas por Monsanto-Bayer, entre otras; y en el otro extremo, los pequeños y medianos productores locales, compatibles con el paradigma agroecológico, campesinos muchos de ellos, trabajando y comercializando sus productos con recursos económicos escasos.

En el caso de los grupos corporativos, están los proyectos fomentados por las grandes corporaciones tecnológicas (Big Tech), que se distinguen por conectar la biotecnología (genes) y la nanotecnología (átomos) para cultivar, transformar y adaptar los alimentos a la demanda de los consumidores. De este modo, el conocimiento es generado en el laboratorio y aplicado en los sistemas agrícolas con el propósito de elevar la producción, así como ciertos atributos en los productos alimenticios. Los investigadores partícipes en dichos procesos se convierten en expertos y tienden a posicionar e imponer su conocimiento sobre aquel otro, de tipo tradicional, característico de los campesinos y pequeños agricultores locales. En su prisa por ofrecer nuevos productos con la connotación de "saludables", las Big Tech colocan continuamente en el mercado una variedad de alimentos procesados que publicitan como productos alternativos, elaborados sin agredir el medio ambiente. La carne y los productos lácteos procesados ​​industrialmente y conocidos por sus repercusiones en el cambio climático son ejemplos emblemáticos, se trata de productos proteicos, cultivados en laboratorios, llamados petri-proteínas (una caja de Petri es un recipiente usado en experimentos de laboratorio), que se ofrecen como una alternativa de alimentación por importantes grupos comercializadores. En productos cárnicos, el año 2018, Tyson y Cargill invirtieron 40,114 mil millones de pesos, respectivamente (ETC Group, 2019). Otro ejemplo son los helados veganos publicitados como productos que sustituyen la proteína de leche por otras proteínas de origen vegetal (soya), o bien las hamburguesas veganas cuyo ingrediente principal es la carne de soya, colocadas en el mercado por grupo Nestlé junto con Unilever –grandes líderes de la importación del aceite de palma–, entre otros. La fuerza que ha tomado la ganadería industrial en años recientes se sustenta precisamente en la demanda de soya de esos grupos corporativos que la utilizan para alimentar los millones de cerdos, gallinas o vacas que producen bajo el régimen de encierro. Hoy por hoy, la oferta y demanda de soya en el mercado global ha propiciado que el ganado sea alimentado con ese producto importado de Estados Unidos, Brasil y Argentina, cuyas inmensas extensiones de monocultivo de soya genéticamente modificada (Monsanto/Bayer) son regularmente tratadas con glifosato, herbicida cuyos efectos cancerígenos ha costado a Bayer millonarias condenas judiciales (BBC News Mundo, 2019).

En tal contexto, Duch Guillot (2019) cuestiona si el consumo de alimentos debe inducir a una nueva conciencia alimentaria, concretamente, ¿hacia dónde va la percepción social al respecto?, ¿el consumidor cuenta con información veraz del contenido de los productos alimenticios mayormente disponibles en el mercado?

El hecho es que las empresas multinacionales en el ramo de la alimentación, atentas a las nuevas tendencias alimentarias, promueven el consumo de productos de dudoso contenido nutritivo y calidad en sus ingredientes. Los corporativos tecnológicos, guiados por criterios económicos, siguen avanzando en el desarrollo de técnicas para incorporarlas en la cadena productiva y comercializar los productos obtenidos en el mercado, hasta posicionarse en los estilos de vida del consumidor. Tienden a utilizar una serie de prácticas y estrategias de marketing “verde” para colocar esos nuevos productos; es decir, se valen de colores verdes, imágenes de entornos naturales y términos o palabras ambiguas, como parte de una propaganda que sugiere al consumidor que está comprando productos saludables, orgánicos, elaborados bajo normas de responsabilidad social y ambiental (Bellamy, D., 1990).

Ese tipo de prácticas ha llevado a la Organización de las Naciones Unidas a reconocer la necesidad de establecer un mecanismo que permita evaluar los posibles impactos ambientales, sociales, de salud y otros de las nuevas tecnologías (Boletín ETC Group, 2019). En ese sentido, el citado Grupo Erosión, Transformación y Concentración, plantea que, a medida que las crisis globales convergentes se intensifican (biodiversidad, clima, plástico), los gobiernos y las corporaciones luchan por crear nuevas instituciones e inversores, todos alineados en el propósito de financiar una nueva ronda de soluciones tecnológicas basadas en el  “cambio tecnológico rápido”, “tecnologías exponenciales”, “tecnologías de frontera”, o bien, en la llamada “cuarta revolución industrial”. Por lo mismo, Reichman (2019) señala que, si bien un modelo productivo con tales características puede ser exitoso en términos productivos, resulta radicalmente insostenible por sus efectos ambientales. A los problemas de hambrunas se suma una epidemia devastadora aún más grave, la obesidad, asociada también al consumo de alimentos industrializados. Estudiosos de esta problemática reconocen que América Latina y el Caribe tienen más obesos que hambrientos, problemática presente en todo el mundo (Da Silva, Graziano. 2019).

El reciente informe de la FAO (2018) titulado El estado de seguridad alimentaria y nutrición en el mundo, destaca que existen problemas de hambruna (casi 821 millones de personas sufrieron hambre en 2017) y que tal problema ha aumentado en los últimos tres años hasta alcanzar los niveles de hace una década. Tal retroceso devela la necesidad de revisar las acciones que se están llevando a cabo para abatir los impactos de la inseguridad alimentaria: deja claro que hay que hacer más y de forma urgente para alcanzar el Objetivo de Desarrollo Sostenible que tiene que ver con lograr el Hambre Cero para el año 2030 (FAO, 2018). 

Frente al escenario conformado por la agricultura industrial, la agroecología tiende a erigirse como una alternativa que deposita la esperanza en el resurgimiento de un conocimiento ancestral que, a través del dialogo, se integra en una ecología de saberes (de Sousa Santos, 2010). La agroecología se presenta como una posibilidad de hacer contrapeso al conocimiento surgido de la ciencia, cada modelo agroproductivo tiene sus propias características, en donde uno trabaja con y para la Naturaleza, y el otro pareciera desafiarla; en uno es posible visualizar los efectos ambientales en el corto plazo, en el otro se desconoce si sus efectos serán igual o más devastadores que la revolución verde; ambas estrategias pretenden garantizar la alimentación a una población mundial en rápido crecimiento. Los pequeños agricultores parten de sus propias vivencias en los sistemas agrícolas y evitan generar contaminación al realizar diversas prácticas tradicionales en un mismo cultivo; con base en su capacidad de observación y habilidades en las tareas agrícolas, reinventan y mejoran su propia práctica y con ello la calidad de los cultivos y de los suelos. Al hacer esto, sin saberlo, se convierten en investigadores in situ, es decir, se involucran en procesos constantes de acción-reflexión-acción, el aprendizaje y conocimiento es reforzado día a día con la experiencia y capacidad de observación, a través del quehacer, el dialogo e intercambio de saberes, en un proceso constante de construcción y reconstrucción de saberes (Contreras, 2019).

Una práctica agroecológica que promueve la conservación de la biodiversidad y el balance ecológico de los agroecosistemas para alcanzar una producción sustentable altamente productiva es la agricultura orgánica (Altieri, 2001). En los países en desarrollo se espera que este modelo agroproductivo favorezca la economía de los pequeños agricultores locales, quienes reconocen el daño que los pesticidas provocan al medio ambiente y a la salud (jornaleros y productores) y, por lo mismo, se han sumado a tal esfuerzo. Sin embargo, en estudios realizados desde la perspectiva del pequeño productor agrícola (Gómez, 2000; Espulga, 2001; Yanggen, 2003; Guillén et al., 2008) se reconoce también que no todos los pequeños productores locales conocen estas modalidades alternativas y que perciben que tales prácticas ecológicas pueden elevar sus costos de producción y redundar en un producto de mayor precio que sus similares convencionales. Por lo mismo, los productores interesados en transitar a tal esquema agrícola perciben el riesgo de que no exista un mercado que demande productos ecológicos o que no esté dispuestos a pagar su sobreprecio. A esto se suman los problemas de escasez de recursos financieros que tienen, situación que les dificulta acceder a las tecnologías que les permitirían competir con los grupos corporativos trasnacionales, al grado que muchos de ellos, la mayoría campesinos e indígenas, han abandonado el campo en busca de otras alternativas productivas para subsistir.

En fin, además de la percepción que tienen algunos pequeños productores agrícolas respecto a las alternativas agroecológicas, hay tres fenómenos nuevos que importa precisar en lo que respecta a la producción actual de alimentos: 1) son evidentes los efectos nocivos que el uso de plaguicidas genera en el ambiente y la salud humana; 2) existe un cuidado especialmente mayor por la salud en la población a nivel mundial; 3) emerge un nicho de mercado que demanda la producción de alimentos sanos (Golán y Kuchler, 2000).

Respecto al primer y segundo punto, los consumidores se han percatado de estas problemáticas y tiende a constituirse un segmento de mercado que opta por alimentos más sanos, libres de agrotóxicos. Esa preocupación por los alimentos que se ingieren y por el daño que provocan en el medio ambiente es de carácter global y es objeto de investigación en el ámbito mundial. En Europa, por ejemplo, un estudio realizado por Eurobarometer (2010) mostró que los consumidores están preocupados por la seguridad que le brindan los alimentos: alrededor del 72% perciben especial riesgo por los residuos de pesticidas en frutas y verduras; en otra investigación realizada por Henson (2001), se identificó un importante segmento de consumidores preocupados por la seguridad implicada en los alimentos consumidos pero que minimizan el impacto de la agricultura sobre el medio ambiente, también reconocen que la calidad de los productos orgánicos supera a la de los producidos de forma convencional e incluso están dispuestos a pagar un precio mayor por esos alimentos libres de tóxicos (Groff y Kreider, 1993; Govindasamy e Italia, 1999).

En países de Latinoamérica, Brasil por ejemplo, se ha presentado una orientación a proyectos de agronegocios basados en cuatro dimensiones fundamentales, incorporadas en proyectos de viabilidad de agronegocios: viabilidad técnica y económico-financiera, viabilidad organizativa, competitividad del Sistema Agroindustrial existente, y la sustentabilidad (Neves y Castro, 2003). Además, Milano y Ramírez (2005) realizaron un análisis de consumo de productos alimenticios, mecanismos de distribución, el valor de la producción orgánica, comercio justo y programas de desarrollo integral. Y en México, donde destaca el estado de Sonora por sus altos niveles de producción agrícola y por el uso convencional de agroquímicos, particularmente en el segmento hortofrutícola, también se reconoce que tal práctica ha favorecido altos niveles de cosecha, pero también que tales agroquímicos han desencadenado efectos adversos en el medio ambiente y en la salud humana (Leal et al., 2014; Ochoa Nogales et al., 2012; Yañez et al., 2019). En todo caso, la demanda de productos orgánicos llegó para quedarse. El consumidor ecológico está presente en el territorio nacional desde hace varios años (Orozco et al., 2003), alrededor de las tres cuartas partes de la muestra de consumidores prefieren comprar alimentos ecológicos, y según Salgado y Beltrán (2011), el comportamiento del consumidor se relaciona con aspectos demográficos, la escolaridad por ejemplo, los cuales ejercen un efecto positivo y significativo en el consumo sustentable. La demanda de alimentos orgánicos u obtenidos con sistemas agroecológicos va en aumento y la disposición a pagar un sobreprecio por esos productos ha estimulado su incremento a nivel mundial y nacional (Torres y Trápaga, 1997). Las investigaciones citadas sugieren que la intención de compra hacia los alimentos orgánicos está relacionada a percepciones de los consumidores, seguridad alimentaria, salud, calidad, precio, etc.

En fin, los elementos y procesos descritos en estas líneas dan cuenta de una realidad que exige un redireccionamiento del saber científico y tecnológico para garantizar, sí, una mayor cantidad de alimentos, pero también que los productos y prácticas que los generan sean saludables y coadyuven a lograr un verdadero desarrollo sustentable.  

El problema es que los sistemas de producción agroalimentaria predominantes tienden a decantarse por un ambientalismo superficial, compatible con una ciencia direccionada más por intereses económicos que sociales y ambientales. Por ello, en última instancia, como afirma Toledo (2019), la disyuntiva a tomar en nombre del mercado, la tecnología, el progreso, el desarrollo, el crecimiento económico o la salud, tiene que ver con defender la vida o con contribuir a aniquilarla. De ahí la importancia de tener una sociedad civil informada, capaz de tomar las mejores decisiones en esa encrucijada que se le presenta en su vida cotidiana como consumidor de alimentos, toda vez que, sea consciente de ello o no, al decidir y comprar se inclina por el desarrollo y consolidación de uno u otro modelo agrícola, a favor o en contra del medio ambiente y la salud humana.

Fuentes:

Altieri, M. A., & Nicholls, C. (2001). Agroecología: principios y estrategias para una agricultura sustentable en la América Latina del Siglo XXI. Disponible en la página www. agroeco. Org

BBC News Mundo. Redacción. 2019. Glifosato: un jurado de EE.UU. determina que el herbicida más usado en el mundo fue un "factor sustancial" en un caso de cáncer. 20 marzo. Recuperado en:  https://www.bbc.com/mundo/noticias-47645376

Bellamy, David, 1990. ¿Qué es el Greenwashing? No te dejes engañar. Revista Ambiente y Sociedad. Año 19, Nro. 794, Julio 8 de 2019. Recuperado en: https://www.ecoportal.net/temas-especiales/que-es-el-greenwashing-no-te-dejes-enganar/

Boletín ETC Group. 2019. Aumento de las Petri-proteínas? 4 de abril de 2019. Recuperado en: http://etcgroup.org/2019/rise-of-petri-proteins

Contreras, Jesús 2019. Los agricultores son investigadores por excelencia y tienen memoria, como las semillas. 10 julio 2019. Recuperado en: http://www.biodiversidadla.org/Documentos/Los-agricultores-son-investigadores-por-excelencia-y-tienen-memoria-como-las-semillas

Da Silva, Graziano. 2019.  El Director General de la FAO destaca la importancia del desarrollo local para promover una alimentación sana. 4 de julio. Recuperado en: http://www.biodiversidadla.org/Noticias/El-Director-General-de-la-FAO-destaca-la-importancia-del-desarrollo-local-para-promover-una-alimentacion-sana

De Sousa Santos, Boaventura. 2010. Descolonizar el saber, reinventar el poder. Ediciones Trilce. Pág. 53.

Duch Guillot, Gustavo, 2019.  Helados veganos marca ‘Monsanto’ ALAINET. 01/07/2019. Recuperado en:  https://www.alainet.org/es/articulo/200742

Espluga, J. 2001. Percepción del riesgo y uso de pesticidas en la agricultura (o el caso de los agricultores envenenados). Ecología política: cuadernos de debate internacional, (22), 17-30.

Europbarometer. 2010. Riesgos relacionados con los alimentos. Consultado el 24/09/14 en http://www.gencat.cat/salut/acsa/html/es/dir3453/doc33587.html

ETC Group, 2019. Evaluaciones tecnológicas ganando impulso global. 24 de mayo de 2019.

FAO. 2018.  El hambre en el mundo sigue aumentando, advierte un nuevo informe de la ONU.  Recuperado en: http://www.fao.org/news/story/es/item/1152167/icode/  http://www.fao.org/3/I9553ES/i9553es.pdf

Gómez, A. (2000). Agricultura orgánica: Una alternativa posible. “Perfil Ambiental del Uruguay”. NORDAN. Montevideo, Uruguay, 14-30.

Govindasamy, R.; Italia, J. (1999). Predicting willingness-to-pay a premium for organically grown fresh produce. En Journal of Food Distribution Research, 30: 44-53.

Groff, A.; Kreider, C. (1993). Analysis of the Delaware market for organically grown produce. En Journal of Food Distribution Research, Vol. 24 (1): 118-126.

Guillén, L., Fernández, S., Pire, A., & Álvarez, C. (2008). Percepción de los agricultores sobre el manejo integrado de plagas en el cultivo de tomate. Revista de la Facultad de Agronomía, 25(2).

Golan, E., y Kuchler, F. 2000. Labeling biotech foods and food products: Implications for consumer welfare and trade. Paper presented at the International Agricultural Trade Research Consortium symposium on Global Food Trade and Consumer Demand for Quality, Montreal, Canada, June 26–27.

Henson, S. 2001. Food safety and the European consumer. Proceedings of the 71st EAAE Seminar ’The Food Consumer in the Early 21st Century’. Zaragoza (Spain), April 19-20.

Leal, S., Valenzuela, A., Gutiérrez, M.L., Bermúdez, M.A., García, J., Aldana, M.L., Grajeda, P. Silveira, M.I., Meza, M.M., Palma, S.A., Leyva, G. N., Camarena, B.O. y Valenzuela, C. (2014). Residuos de plaguicidas organoclorados en suelos agrícolas. Revista Terra Latinoamericana. 32(1), 1-12.

Milano, F. A., y Ramírez, C. A. (2005) Educación para el consumo sustentable de alimentos: el gobierno del consumidor. Energía, 95, 62.

Neves Marcos Fava y Castro Luciano Thome. 2003. Marketing e Estratégia em agronegocios e Desenvolvimiento. Brasil: Atlas, 369p.

Ochoa, B.; Camarena, B. O.; Gutiérrez M. L.; Valenzuela, A. I.; Aldana M. L. (2012). Situación de riesgo por la presencia de COP: evidencias del problema y escenarios de solución. Estudios Sociales. (2), 233-251.

Orozco M. A.; Cortes A. I.; González M.; Gracia S. (2003) Mercadotecnia ecológica: actitud del consumidor ante los productos ecológicos. VII Congreso Internacional de Ingeniería de Proyectos, 2003 Pamplona, pp. 1041-1050.

Reichman, Jorge. 2019. ¿Es posible alimentar a 10.000   millones de personas sin devastar el planeta? 20 de mayo. Recuperado en:  http://www.biodiversidadla.org/Documentos/Es-posible-alimentar-a-10.000-millones-de-personas-sin-devastar-el-planeta

Ruiz Marrero, Carmelo. 2004. Nuevas tecnologías.
Agricultura a control remoto. Masiosare Núm. 348. La jornada 22 de agosto.  Recuperado en:  https://www.jornada.com.mx/2004/08/22/mas-carmelo.html  https://www.ecoportal.net/temas-especiales/suelos/nuevas_tecnologias_agricultura_a_control_remoto/

Salgado, L, Subiá, M. E. y Beltrán, L. F. (2011). Factores Intrínsecos y Extrínsecos de la Compra Ecológica, Revista INVURNUS, 6(2) 3-8.Toledo, Víctor. 2019. Los tres faros de la conciencia ecológica. 4 de junio. Recuperado en: https://www.jornada.com.mx/2019/06/04/opinion/015a1pol

Toledo, Víctor. 2019. El mundo indígena, reservorio y fuerza para un proyecto civilizatorio global. Suplemento informativo de La Jornada. Núm 141, p. 4-5.

Torres, F. T., y Trápaga, Y. (1997). La agricultura orgánica: una alternativa para la economía campesina de la globalización. Plaza y Valdés.

Yanggen, D., Crissman, C. C., & Espinosa, P. (2003). Los plaguicidas: impactos en producción, salud y medio ambiente en Carchi, Ecuador. Editorial Abya Yala.

Yáñez-Quijada A., Camarena-Gómez B. (autor por correspondencia) 2019. Salud ambiental en localidades agrícolas expuestas a plaguicidas en Sonora. Revista Sociedad y Ambiente, año 7, Núm. 19, marzo-junio 2019. ISSN: 2007-6576, pp. 55-82.

 

Víctor Toledo Manzur, titular de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), además de su gira para atender a los afectados por el derrame del Río Sonora, también participará en un conversatorio en Hermosillo, Sonora, en el marco de la presentación del libro Río Sonora: el derrame de la mina Buenavista del Cobre-Cananea, 2014.

Se trata de una de las publicaciones más recientes del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD), la cual ha sido posible gracias al apoyo de otras instituciones como la Universidad Nacional Autónoma de México y la Red de Patrimonio Biocultural de México, entre otras, como la Universidad de North Carolina y la Universidad de Texas.

El evento se realizará el próximo miércoles 18 de diciembre en el auditorio del Centro de las Artes de la Universidad de Sonora a las 18:00 horas. El acceso será gratuito y abierto al público en general.

La obra, autoría de Diana Luque Agraz, Arthur Murphy, Eric Jones, Angelina Martínez, Alberto Búrquez, Tadeo Manrique y Diana Esquer, es un trabajo interdisciplinario que trata el profundo impacto que tuvo el derrame de la Mina de Cananea del Grupo México de miles de metros cúbicos de sulfato de cobre acidulado sobre el río Sonora, el cual se considera el peor desastre ambiental de la historia de la minería en México.

La científica de la Coordinación de Desarrollo Regional del CIAD, Diana Luque, quien ha colaborado académicamente por varios años con Toledo Manzur, junto con quien constituyó la Red Temática Conacyt “Patrimonio Biocultural de México”, comentó que el secretario de Medio Ambiente tiene un gran interés en escuchar y dialogar con habitantes de la zona afectada, así como con investigadores(as) sonorenses.

Agregó que el gobierno federal encabezado por Andrés Manuel López Obrador ha mostrado un genuino deseo de conocer los daños reales del derrame y emprender acciones de remediación, así como de prevención de este tipo de accidentes, motivo por el cual este conversatorio representa una ocasión inédita de transparencia institucional, con base en evidencias científicas.

En el conversatorio también participarán Pablo Wong González, Director General del CIAD, así como distinguidos comentaristas.

Mobile Menu