Notas

¿Te has preguntado qué cantidad de deshechos y subproductos derivan de la producción agrícola? Imaginemos el volumen de frutas y hortalizas producidas solamente en México, ¿parece bastante, no? Para que nos demos una idea, en México se cultivan 20.7 millones de hectáreas, las cuales producen 262.5 millones de toneladas de productos agrícolas, con lo que ocupa el décimoprimer lugar a nivel mundial en la producción de cultivos1.

México es el primer productor mundial de aguacate y zarzamora; segundo de chile verde, limón y frambuesa; tercero de espárrago, cártamo, papaya y fresa; cuarto de brócoli, coliflor y toronja, y quinto de calabacita, pepino y naranja.1

Sin duda a, los altos volúmenes de producción desprenden toneladas de desechos, las cuales, al final de la cosecha, se suelen desperdiciar: hojas, tallos y raíces. Esta biomasa se compone de residuos sólidos que contaminan aguas de riego, más aún si se combustionan, ya que pueden generar serios problemas de impacto ambiental y de salud pública. Además, su despojo en los vertederos propicia la aparición y proliferación de fauna nociva y olor fétido, alterando las comunidades vegetales aledañas.

De igual manera, se ha reportado que, si el ganado lo consume ad libitum, puede generarle desbalances metabólicos, además de una posible intoxicación si el material se contaminó de plaguicidas. También se presentan afectaciones paisajísticas y económicas debido a que las regulaciones y sistemas de gestión exigen un programa de manejo de residuos orgánicos que, si no se cumple, puede impedir la exportación de los productos.2, 3

Todo esto contribuye al concepto establecido por la FAO conocido como Food loss (pérdida y desperdicio de alimentos), el cual merma la seguridad alimentaria de la población, puesto que es el resultado de las decisiones y acciones de los encargados del suministro de alimentos, englobando la producción primaria.4

¿Entonces, qué podemos hacer con los residuos agrícolas? La comunidad científica y tecnológica desde hace décadas se ha preocupado por brindar una solución sustentable y eficiente a esta problemática medioambiental, surgiendo diversas soluciones, entre las que se incluyen las siguientes:5

  • Extracción de fitoquímicos con actividades bioactivas tanto para la salud pública como para la inocuidad vegetal
  • Extracción de aceites y ácidos grasos
  • Generación de biocombustibles y biofertilizantes
  • Desarrollo de bioquímicos y biopolímeros

La vinculación agroindustrial es vital para que esto se lleve a grande escala. Actualmente, en la Coordinación Regional Culiacán del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo, específicamente en el Grupo de Investigación en  Alimentos Funcionales y Nutracéuticos, se llevan a cabo proyectos de valorización de subproductos agrícolas con enfoque hacia salud pública (figura 1), donde se busca vincular el factor social, ambiental y científico para brindar soluciones factibles a la población local.

Referencias

1 SIAP. Sistema de Información Agroalimentaria y Pesquera (2020). Panorama Agroalimentario 2020. https://www.inforural.com.mx/wp-content/uploads/2020/11/Atlas-Agroalimentario-2020.pdf.

 

2 Polenta, G. (2016). Aprovechamiento de subproductos y valorización de recursos autóctonos: interrelación investigación-producción-desarrollo y sociedad. ISBN: 978-987-42-1627-4. http://www.cyted.org/es/biblioteca/aprovechamiento-de-subproductos-y-valorizacion-de-recursos-autoctonos-interrelacion.

 

3 ONU. Organización Mundial de las Naciones Unidas. Programa para el Medio Ambiente. (2020). El impacto de las quemas agrícolas: un problema de calidad del aire. https://www.unep.org/es/noticias-y-reportajes/reportajes/el-impacto-de-las-quemas-agricolas-un-problema-de-calidad-del-aire.

 

4 FAO. Food and Agriculture Organization of the United Nations. (2021). Food Loss and Food Waste. http://www.fao.org/food-loss-and-food-waste/flw-data)

 

5 Nayak, A. y Bhushan, 2019. “An overview of the recent trends on the waste valorization techniques for food wastes”. Journal of Environmental Management. 233: 352-370. https://doi.org/10.1016/j.jenvman.2018.12.041.

 

 

Figura 1. Aprovechamiento de biorresiduos agrícolas con potencial nutracéutico

 

 

Colaboración de Luis Alfonso Jiménez Ortega, estudiante de la Maestría en Ciencias, y José Basilio Heredia, investigador de la Coordinación Regional Culiacán del CIAD

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El pasado 30 de abril, el gobierno de Estados Unidos, a través del Departamento de Estado, informó que a partir de mayo se suspendería de manera indefinida la importación de camarón mexicano silvestre capturado en aguas profundas. Lorena Noriega Orozco, académica del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) nos habla sobre esta medida.

¿En qué consiste un embargo de este tipo?

 

La profesora del CIAD explicó que un embargo económico de esta naturaleza consiste, básicamente, en prohibir la entrada de un producto específico al mercado estadounidense, en este caso de camarón silvestre (aplica solo a camarón de altamar), bajo el argumento de que las embarcaciones camaroneras mexicanas utilizan métodos de captura depredadores o que afectan grandemente la diversidad del resto de las especies marinas al no utilizar los excluidores de tortugas, que evitan la captura incidental de estas especies protegidas.

 

¿Cuál es la razón por la que se dio el embargo?

 

El embargo camaronero no es un tema nuevo, ha estado sobre la mesa cerca de treinta años y ya se ha aplicado en otras ocasiones, las más recientes en 2010 y 2018. “En general, los embargos se ven venir y se pueden tomar acciones para aminorar el impacto o detenerlo. En la mayoría de los casos primero se emiten recomendaciones o se señala que se han roto acuerdos, etcétera, indicó la académica experta en inocuidad y normatividad de productos marinos.

 

Al igual que en esta ocasión, el embargo en 2010 fue también a causa de la falta de excluidores de tortugas, pero en aquella ocasión se logró levantar el embargo una vez que se capacitó al personal de las embarcaciones y se verificó que se utilizaban las artes de pesca apropiadas.

 

En 2010, agregó Noriega Orozco, la veda se levantó antes de terminar la temporada camaronera y parte del producto capturado y almacenado en las bodegas de algunos procesadores pudo ser exportado. Esto fue, en gran medida, por las negociaciones y buena voluntad de los dos países, que contribuyeron al levantamiento de la veda, aunque también influyó el hecho de que ese mismo año ocurrió uno de los derrames de petróleo más grandes en el Golfo de México, afectando las capturas de camarón silvestre en el país vecino, ya que, como resultado de este desastre ambiental, las embarcaciones camaroneras norteamericanas no pudieron capturar camarón debido a la contaminación.

 

En el 2018 el embargo no solo fue para camarón, sino para cualquier producto de la pesca capturado con red “agallera” en el Ato Golfo de California. En este caso, el impacto fue menor, pues ya existían zonas reservadas y de pesca comercial prohibida con el fin de proteger y conservar a la vaquita marina y otras especies en peligro.

 

Al igual que en 2010, el embargo de este año (2021) también está asociado a la falta de uso de los excluidores de tortugas, pero este es un problema que se ha recrudecido debido a la falta de legislación en México sobre pesquerías ilegales, no declaradas y no reguladas/reglamentadas (IUU, por sus siglas en inglés), que cada vez son más vigiladas en los mercados internacionales, ya que los consumidores exigen productos que se enmarquen en actividades económicas sustentables, comentó.

 

¿Cómo afectará la actividad económica de captura de camarón en México?

 

Noriega Orozco explicó que, aunque aún se desconoce la dimensión del impacto económico, este es innegable, ya que afecta severamente a pescadores, dueños de barcos y empacadoras de camarón congelado en México, sobre todo en el noroeste del país, además de Tamaulipas y otros estados que destinan la mayor parte de su captura de altamar a la exportación.

 

“La captura de camarón es una actividad de temporada y, normalmente, para un pescador representa altos ingresos por un tiempo determinado que le permiten subsistir el resto del año con otras actividades menos remuneradas”, comentó la investigadora. Agregó que, a pesar de que la producción de camarón de altamar es menor que la producción acuícola, el camarón silvestre representa la mayor parte de las exportaciones hacia Estados Unidos, lo que significaría un duro golpe a las exportaciones de camarón, que en 2018 dejó una derrama económica de 370 millones de dólares.

 

El camarón es uno de los productos pesqueros de mayor importancia económica en México y equivale, aproximadamente, a un tercio del valor de las exportaciones correspondientes a productos marinos. Datos de 2018 muestran que la producción total de camarón fue de 229,800 toneladas (71% producción acuícola, 17% captura altamar y 12% captura ribereña).

 

La producción y captura de camarón se concentra en unos pocos estados: Sinaloa, Sonora, Tamaulipas, Nayarit y Baja California Sur, mismos que contribuyen con poco más del 90% de la captura de altamar y ribereña de camarón. La mayor parte de la captura de camarón de estas entidades se destina a la exportación, por lo que serán los más afectados económicamente por el embargo. 

 

La académica del CIAD comentó que un punto importante a resaltar para dimensionar el impacto económico es que la mayor parte del camarón de exportación corresponde a camarón de altamar, ya que esta provee tallas de mayor tamaño y de alto valor, lo cual propicia que el producto mexicano esté bien posicionado, mientras que el producto de acuicultura, donde predominan tallas medianas y pequeñas, no puede competir en precio con el camarón asiático, por lo que su mercado tiende a ser nacional.

 

Por último, Noriega Orozco comentó que es posible una solución próxima al embargo, pues, aunque hay poco tiempo antes de que se levante la veda del camarón, ya hay propuestas para lograr la capacitación, además de que las autoridades de pesca mexicanas han manifestado un amplio interés por resolver este problema de forma inmediata.

 

Colaboración de Lorena Noriega Orozco, investigadora de la Coordinación Regional Guaymas del CIAD.

 

Gran parte de la república mexicana sufren periodos de sequía que amenazan actividades productivas como la agricultura y la ganadería y ponen en riesgo la seguridad alimentaria. Académicos del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) explican qué podemos esperar al respecto.

¿Cambio climático o un asunto cíclico?

 

Arturo Ruiz Luna, profesor investigador de la Coordinación Mazatlán del CIAD, explicó que, sin lugar a duda, la sequía o escasez de agua, al igual que las tormentas torrenciales, representan dos extremos que representan riesgos para actividades productivas que significan el sustento de gran parte de la población mexicana. Estos fenómenos son recurrentes, es decir, se presentan con cierta periodicidad, aunque no siempre de manera cíclica. En la mayor parte del planeta, puntualizó, la época de secas o estío y la época de lluvias, tienen periodos más o menos definidos, que se repiten estacionalmente, desde hace miles de años, y debido a esa estabilidad climática, fue posible que muchas poblaciones y civilizaciones florecieran.

 

Sin embargo, agregó, algunos de esos patrones se están modificando debido a la influencia humana sobre el clima y otros procesos que ocurren tanto en la atmosfera como en los océanos. De tal manera, fenómenos como las sequías extremas, que antes se presentaban ocasionalmente, se han vuelto más frecuentes.

 

El responsable del Laboratorio de Manejo Ambiental del CIAD comentó que, para el caso de México, algunas fuentes históricas refieren la existencia de sequías importantes desde el siglo XVI, pero los registros son más confiables a partir de la segunda mitad del siglo XIX, reportándose, en la mayoría de los casos, pérdida de cultivos y de ganado. En el siglo XX, las sequías registradas fueron numerosas y eso, en parte, dio lugar a la construcción de presas como estrategia para combatirlas.

 

Actualmente las sequías generan importantes daños en la industria agropecuaria, al turismo y a la población en general, al reducir la disponibilidad de agua potable, señaló Ruiz Luna. “Lamentablemente, el calentamiento global, la elevación del nivel del mar y los cambios de uso de suelo, están propiciando que este tipo de fenómenos se acentué y se vuelvan cada vez más frecuentes y extensos, favoreciendo otros riesgos ambientales, como es el caso de los incendios forestales, sin que hasta el momento puedan pronosticarse con precisión, debido a su naturaleza multivariable”.

 

 

¿Qué efectos se advierten por la sequía?

 

El académico del CIAD, quien es experto en ecología de paisaje, recursos acuáticos y diversidad de ecosistemas, considera que no es fácil o confiable el realizar pronósticos sobre la duración de la sequía, y tampoco es fácil delimitar el alcance de su impacto. “Con base en eventos ocurridos recientemente, por ejemplo, en California, EE.UU., la sequía de 2011-2012 generó pérdidas de miles de millones de dólares, en tanto que se asume la pérdida de más de 17,000 empleos, ejemplificó.

En el caso más recientemente documentado en México, 2011 y 2012, algunos de los datos reportados mencionan más de 1,200 municipios de 19 estados afectados en distinto nivel por el fenómeno. También se contabilizaron más de 1,500 comunidades sin agua potable, con cerca de dos millones y medio de pobladores.

Asimismo, se estimó una pérdida de entre 600,000 y 2,700,000 hectárea de cultivo, principalmente maíz y frijol, lo que puso en riesgo la soberanía alimentaria.

 

“Debe considerarse que, aun cuando la sequía sea seguida por una temporada regular de lluvias, es posible que el déficit de agua prevalezca, por lo que la lluvia por sí misma no será garantía de recuperación inmediata de los efectos de la sequía”, advirtió el investigador.

 

 

¿Qué puede hacer la ciencia para mitigar estos efectos?

 

Aunque hasta el momento no es posible pronosticar la ocurrencia de sequías con un buen nivel de confiabilidad, al parecer se están dando grandes avances en la modelación de este tipo de fenómenos, que podrán coadyuvar a la generación de estrategias locales para paliar los efectos, indicó Ruiz Luna. Asimismo, la rehabilitación y restauración de ambientes terrestres perturbados y todos los esfuerzos realizados para contener la elevación de la temperatura ambiente, reducirán, sin duda, los impactos de las sequías.

 

Desde la academia, la participación de los investigadores en la identificación de las causas y patrones que definen a las sequías, sus tendencias y su posible impacto, ayudarán a afinar los mecanismos que, desde el gobierno y de las propias comunidades, existen o pueden estructurarse para contender con este fenómeno de forma proactiva, con carácter de prevención y no solamente en reacción a este, subrayó.

 

Por su parte, Jaqueline García Hernández, investigadora de la Coordinación Guaymas del CIAD, compartió que, para mitigar los efectos de la sequía en la agricultura y ganadería, se pueden usar tecnologías de captura de agua de lluvia, que ayuden a que la poca agua pluvial se aproveche lo mejor posible.

“Una opción es el uso de bordes que retienen por más tiempo el agua de los arroyos, otra es el uso de arados especiales, como el tipo "Yeomans", que almacenan una mayor cantidad de agua por un tiempo más prolongado, generando humedad para cultivos o pastos para el ganado”, explicó la responsable del Laboratorio de Ciencias Ambientales del CIAD.

 

¿Qué podemos aportar como sociedad?

Desde hace décadas se ha promovido una cultura de prácticas para el cuidado del agua en el hogar, que ahora más que nunca debemos tener presente. Esto es relevante sobre todo a nivel local, ya que un consumo moderado e inteligente del vital líquido garantiza una mejor distribución de este, lo que se traduce en un acto de justicia social, enfatizó el investigador del CIAD Mazatlán.

 

“Sin embargo, el mayor consumo de agua no es necesariamente el que se realiza para consumo en zonas urbanas o rurales, sino el que se destina a la producción de alimentos (agricultura, ganadería) y a la industria. En ese sentido, lo que debiéramos cambiar es nuestra forma de consumo, hacia un esquema más sostenible, que privilegie la producción de alimentos básicos, con técnicas agrícolas de bajo impacto y productos adaptados a las condiciones locales, y no aquellas que privilegien el desmonte de grandes extensiones de tierra para destinarse a la agricultura intensiva de productos con alta demanda de agua”, concluyó Ruiz Luna.

 

Por último, la investigadora del CIAD Guaymas coincidió en que es necesario que todos hagamos esfuerzos para conservar el agua, ya que es un recurso muy preciado y necesita valorarse en la sociedad. “El agua que se consume en las ciudades se colecta de ríos y cuencas que ya se encuentran estresadas, por lo que debemos disminuir nuestra huella hídrica para reducir esta presión.

 

De igual forma, agregó, es necesario hacer cambios en la agricultura extensiva porque el tipo de riego que se usa (por gravedad) ocasiona grandes pérdidas por evaporación y genera grandes volúmenes de agua contaminada con sedimentos, nutrientes y otros contaminantes químicos que afectan los ecosistemas de ríos y bahías, además de que generan desigualdad social, pues, contrario a lo que se piensa, un gran número de comunidades establecidas en valles agrícolas padecen inseguridad alimentaria, a pesar de las bondades naturales de su entorno. Por lo tanto, concluyó, es necesario mejorar las condiciones sociales en estas comunidades y remediar los impactos ambientales.

 

Colaboración de Arturo Ruiz Luna y Jaqueline García Hernández, investigadores de las coordinaciones regionales del CIAD en Mazatlán (Sinaloa) y Guaymas (Sonora), respectivamente.

Los taninos, compuestos presentes en diferentes plantas, son moléculas complejas conformadas por alrededor de 12 a 16 grupos fenólicos, lo cual les otorga gran capacidad de interaccionar con otras moléculas de interés biológico (Hassanpour et al., 2011). En su gran mayoría, se dividen en taninos hidrolizables y taninos condensados.

 

Los taninos tienen funciones de defensa en las plantas, ya que poseen propiedades astringentes y antinutrimentales (que interfieren con la absorción de nutrientes), como la capacidad de ligarse a las proteínas de la dieta, impidiendo su absorción, lo cual confiere a la planta protección contra herbívoros e insectos. Sin embargo, estas características también son de interés para los sectores de alimentos y de la salud; se ha reportado que, bajo dosis adecuadas de 1.5 a 2.5 gramos al día, los taninos presentan propiedades benéficas sin llegar a ser antinutrimentales (Sharma et al., 2019).

 

Algunos de los alimentos en los que se encuentran presentes los taninos son las uvas, manzanas, bayas, arándanos, sorgo, cacao, avellanas, nueces, canela y bebidas como el vino tinto (Vázquez-Flores et al., 2012).

 

Diferentes estudios atribuyen propiedades benéficas a los taninos, como su capacidad antioxidante, reducción del estrés oxidativo, prevención del envejecimiento celular, así como un factor antiproliferativo, reductor o con capacidad de cesar la multiplicación de células cancerígenas (Gomes de Melo et al., 2010).

 

Asimismo, se ha reportado que también tienen propiedades antinflamatorias y ayudan a regular la expresión de ciertos genes (Nf-kb) relacionados con este proceso, por lo que evitan que se presenten otro tipo de daños en el organismo por la inflamación (Husain et al., 2018). De igual forma, se ha asociado su gran capacidad para regular los niveles de glucosa al promover incremento en la captación de la misma en la célula (Sharma et al., 2019).

 

Hablando de taninos específicos podemos mencionar a la epicatequina, la cual posee capacidad de reducir la glucosa sanguínea al promover la regeneración de las células β del páncreas (Kim et al., 2003); la molécula epigalocatequina galato, por su parte, reduce la absorción de glucosa ingerida en la dieta (Kao et al., 2000) y también regula la absorción de glucosa por parte de hepatocitos, posiblemente por la regulación del estado redox (reducción de oxidación), con lo que evitan el daño celular por estrés oxidativo (Bagchi et al., 2003).

 

Una de las fuentes comunes de taninos es el té negro, en el cual se ha reportado que las catequinas inhiben enzimas relacionadas con la digestión de los carbohidratos como la α-glucosidasa y, de esta forma, regulan su disponibilidad y absorción de nivel intestinal (Kumari y Jain, 2012).

 

Otro de los atractivos que representan los taninos se encuentra a nivel industrial, ya que también contribuyen al sabor y la palatabilidad (disfrute del sabor) de los vinos y alimentos por su propiedad astringente, al curtido de pieles en la industria textil y en la producción de tintas y colorantes, así como en la industria farmacéutica, donde son parte de la formulación de agentes antidiarreicos, antibacteriales, antivirales, inhibidores de enzimas, hepatoprotectores y vasodilatadores, entre otros (Isaza, 2007).

 

En conclusión, es importante resaltar que, aunque los taninos poseen potencial antinutrimental, si estos se consumen en dosis por debajo de los 2.5 gramos se logra conservar las aportaciones benéficos sin llegar al efecto negativo. Algunos de los alimentos que tienen mayor concentración de taninos son los frutos con colores vivos en su cáscara, como las bayas, uvas, arándanos, etc. Es por ello por lo que el consumo de alimentos que contengan taninos (sin exceder los 2.5 gramos) puede traer beneficios a la salud en la prevención de enfermedades relacionadas con el estrés oxidativo y de algunos padecimientos crónicos como la diabetes, la obesidad y el síndrome metabólico. Asimismo, es indispensable continuar con investigaciones que brinden bases científicas sobre las diferentes propiedades de los taninos y sus posibles usos en la vida cotidiana, así como los tipos de taninos presentes en los alimentos y su concentración en sus diferentes partes.

 

Referencias

Bagchi, D., Sen, C. K., Ray, S. D., Das, D. K., Bagchi, M., Preuss, H. G. y Vinson, J. A. (2003). Molecular mechanisms of cardioprotection by a novel grape seed proanthocyanidin extract. Mutation Research/Fundamental Molecular Mechanisms of Mutagenesis, 523, 87-97. doi: https://doi.org/10.1016/S0027-5107(02)00324-X.

Gomes de Melo, J., De Sousa Araújo, T. A., E Castro, T. N. de A., Lyra de Vasconcelos Cabral, D., Do Desterro Rodrigues, M., Carneiro do Nascimento, S., Cavalcanti de Amorim, E. L. y De Albuquerque, U. P. (2010). Antiproliferative activity, antioxidant capacity and tannin content in plants of semi-arid northeastern Brazil. Molecules, 15(12), 8534-8542. doi: 10.3390/molecules15128534.

Hassanpour, S., MaheriSis, N. y Eshratkhah, B. (2011). Plants and secondary metabolites (Tannins): A Review. International Journal of Forest, Soil and Erosion, 47-53.

Husain, I., Akhtar, M., Shaharyar, M., Islamuddin, M., Abdin, M. Z., Akhtar, M. J. y Najmi, A. K. (2018). High-salt-and cholesterol diet-associated cognitive impairment attenuated by tannins-enriched fraction of Emblica officinalis via inhibiting NF-kB pathway. Inflammopharmacology, 26(1), 147-156. doi:https://doi.org/10.1007/s10787-017-0437-x.

Isaza, J. H. (2007). Taninos o polifenoles vegetales. Scientia et technica, 1(33).

Kao, Y.-H., Hiipakka, R. A. y Liao, S. (2000). Modulation of endocrine systems and food intake by green tea epigallocatechin gallate. Endocrinology, 141(3), 980-987. doi: https://doi.org/10.1210/endo.141.3.7368.

Kim, M.-J., Ryu, G. R., Chung, J.-S., Sim, S. S., Rhie, D.-J., Yoon, S. H., Hahn, S. J., Kim, M.-S. y Jo, Y.-H. (2003). Protective effects of epicatechin against the toxic effects of streptozotocin on rat pancreatic islets: in vivo and in vitro. Pancreas, 26(3), 292-299. doi:10.1097/00006676-200304000-00014.

Kumari, M. y Jain, S. (2012). Tannins: An antinutrient with positive effect to manage diabetes. Research Journal of Recent Sciences, 2277, 2502.

Sharma, K., Kumar, V., Kaur, J., Tanwar, B., Goyal, A., Sharma, R., Gat, Y. y Kumar, A. (2019). Health effects, sources, utilization and safety of tannins: A critical review. Toxin Reviews, 1-13. doi:https://doi.org/10.1080/15569543.2019.1662813.

Vázquez-Flores, A. A., López-Díaz, J. A., Wall-Medrano, A. y Laura, A. (2012). Taninos hidrolizables y condensados: naturaleza química, ventajas y desventajas de su consumo. Tecnociencia Chihuahua, 6(2), 84-93.

 

Colaboración de Luis Aurelio Montoya Inzunza, estudiante del posgrado en ciencias, y Erick Paul Gutiérrez Grijalva, investigador de Cátedras Conacyt asignado a la Coordinación Regional del CIAD en Culiacán

 

Como parte de su formación académica, Ana Zoe Navarro Apodaca, estudiante del doctorado en desarrollo regional del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD), realizó la tesis doctoral titulada “Contaminación difusa en aguas subterráneas del acuífero ubicado en DR051 y escenarios para la agricultura de la región”, cuyo objetivo fue verificar los efectos de la agricultura intensiva en el flujo y la calidad de las aguas subterráneas del acuífero.

En su investigación analizó cómo los subsistemas económico, ambiental y social interactúan dentro del sistema tierra, con base en los planteamientos sistémicos que ofrece la economía ecológica, y encontró que las prácticas agrícolas que se han llevado a cabo en dicha región de la capital sonorense han afectado y continúan impactando al medio ambiente y a la sociedad.

El DR 051 se extiende desde la ciudad de Hermosillo hacia Bahía de Kino, en la porción oeste-central del estado de Sonora. Sus límites al norte son los municipios de Pitiquito y Carbó, al sur el municipio de Guaymas, al poniente el Golfo de California y al oriente la ciudad de Hermosillo. Dentro del DR 051 se encuentra el acuífero de la Costa de Hermosillo (unidad de análisis). 

En la presentación de su tesis, que fue dirigida por Beatriz Camarena Gómez (CIAD) y codirigida por Ana Isabel Valenzuela Quintanar (CIAD) y Martín Eduardo Molinar Tabares (Comisión Nacional del Agua), con el apoyo de Juan Martín Preciado Rodríguez y Jesús Robles Parra, ambos académicos del CIAD, como miembros del comité de tesis, la alumna explicó que, tras advertir cómo la contaminación difusa constituye uno de los grandes problemas ambientales de la actualidad, sobre todo en los cuerpos de agua (subterráneos y superficiales), en su investigación se señala el vínculo complejo que existe entre determinadas prácticas agrícolas y la polución hídrica, generando o exacerbando diversas problemáticas socioambientales, que se entretejen a partir de este vínculo.

De ahí el interés por identificar las externalidades asociadas a la agricultura intensiva y por hacer evidente su origen antropogénico. Así, a través de la modelación del comportamiento de las aguas subterráneas del acuífero ubicado en el DR 051, se evaluó la sustentabilidad de la agricultura intensiva en la región Costa de Hermosillo. El modelo de simulación elaborado permite reproducir el comportamiento hidráulico de los niveles piezométricos de 1949 (simulación estacionaria) y los de 2010-2018 (simulación transitoria), proceso validado por parámetros estadísticos de tendencia central y dispersión.

La agricultura es la principal fuente de nitratos, fosfatos y plaguicidas en cuerpos de agua, además de un factor muy importante para la intrusión marina de acuíferos costeros. Esta actividad afecta también a la base de su propio futuro a través de la degradación de la tierra, la salinización y el exceso de extracción de agua, entre otros.

Los resultados de las estimaciones del 2010-2018 y proyecciones para el año 2050 muestran un cono de abatimiento en el acuífero hacia el Poblado Miguel Alemán. Este cono indica un cambio en el sentido del flujo del agua: el Golfo de California pasó de ser zona de descarga a zona de entrada de agua al acuífero. Junto a estos resultados se obtuvieron los de la modelación digital del terreno, donde se observa cómo las concentraciones de los fertilizantes analizados (sulfatos y nitratos) y algunos micronutrientes (calcio y magnesio) aumentan con el paso de los años, incluso por arriba de límites permitidos (LMP) para consumo humano. En el caso de sulfato se encontraron máximos de 300 mg/L, siendo 400 mg/L el LMP los establecidos por la regulación mexicana (NOM-127-SSA1-1994). Respecto al nitrato se observaron LMP del orden de 25 mg/L, siendo el máximo permitido de 10 Mg/L.

Navarro Apodaca considera que una de las principales contribuciones de su investigación es la confirmación de que la presencia de desechos provenientes de las actividades antropogénicas (acciones humanas) tienen un impacto medioambiental y representan una amenaza hacia la calidad y la conservación del agua subterránea. Las conclusiones del estudio, afirma, son claras: a) el acuífero se ha sobreexplotado; b) el uso de agroquímicos ha sido de forma poco adecuada, lo cual se refleja al sobrepasarse los LMP establecidos en la (NOM-127-SSA1-1994) y, c) la sustentabilidad de la agricultura intensiva en el DR 051 es limitada e inviable en el mediano y largo plazo.

Los hallazgos de este trabajo, indicó, demuestran que, para mitigar la afectación medioambiental que las prácticas agrícolas han ocasionado en esta región, se requiere de la interacción colaborativa entre el sector productivo, la academia, las asociaciones de usuarios y las dependencias públicas competentes en agricultura y administración de recursos hídricos.

Por último, agregó que, para futuros trabajos derivados de este, sería idóneo profundizar en estudios de calidad del agua sobre contaminantes químicos encontrados en la zona para identificar qué porcentaje de estos provienen de la actividad minera, de granjas agrícolas, de la agricultura, de la intrusión marina o de otras actividades antropogénicas, con el fin de estar en condiciones de proponer soluciones más efectivas a los problemas presentados por el acuífero.

 

 

 

El suero de la leche, conocido también como lactosuero, es el principal desecho en la producción del queso, y es obtenido a partir de la separación del cuajo de la leche. El lactosuero contiene 50% de nutrimentos, ya que es rico en carbohidratos, proteínas lípidos, vitaminas, minerales y agua.

Añadir valor al lactosuero ha sido de interés no solo para la industria de alimentos, sino también para el área de investigación. Esto último porque las proteínas del suero de leche son multifuncionales, ya que sus concentrados producidos después del filtrado pueden aplicarse en el área de alimentos en diversos procesos industriales, debido a sus propiedades para formar espuma, gel y emulsión. Entre los productos que encontramos en el mercado se encuentran productos lácteos (e.g. yogur, queso), salsas, fideos, galletas, carnes, entre otros.

Las proteínas del suero de leche tienen alto valor biológico, ya que contienen aminoácidos esenciales, lo que las vuelve atractivas para emplearse en la elaboración de diversas bebidas a base de frutas, carbonatadas y, las más conocidas, la elaboradas para deportistas; en general, estas últimas contienen carbohidratos, minerales, saborizantes y colorantes, toda vez que su función principal es prevenir la deshidratación y recuperar la pérdida de carbohidratos y electrolitos. Además, algunas bebidas podrían contener pequeñas cantidades de proteínas (aproximadamente 5%), provenientes principalmente del lactosuero.

Estudios previos han evidenciado que estas proteínas retrasan la fatiga y contrarrestan la descomposición de la proteína del músculo. En este último aspecto, las proteínas del lactosuero son ricas en aminoácidos como leucina, isoleucina y valina, los cuales son indispensables para estimular la producción de las proteínas en el músculo, es decir, para recuperar y regenerar el tejido. Por lo anterior, cada vez más encontramos en el mercado bebidas para deportistas que contienen proteínas del suero de leche.

Por otro lado, los hidrolizados de proteína del lactosuero son utilizados como suplementos para personas con necesidades especiales, tales como personas de la tercera edad y bebés prematuros, entre otras. Estas proteínas hidrolizadas contienen aminoácidos esenciales, por lo que son de absorción rápida a nivel digestivo, en comparación con otro tipo de proteínas sin hidrolizar. Además, a estos hidrolizados de proteína de lactosuero se les ha asociado con un menor riesgo a desarrollar alergenicidad.  

Las proteínas del lactosuero son más absorbidas que otro tipo de proteínas, por lo que se ha recomendado su consumo en los diferentes tipos de deportistas. En este sentido, se ha evidenciado que, para los físicoculturistas y personas que buscan incrementar músculos, es recomendable incluir en su dieta proteína del lactosuero con alimentos que proporcionen macronutrimentos, junto con ejercicio de resistencia. Asimismo, se recomienda el consumo de estas proteínas del lactosuero para mejorar la composición corporal.

Resultados en investigaciones han sugerido que, consumirla antes de realizar ejercicio, promueve que el cuerpo utilice la grasa como fuente de energía al mantener el tejido del músculo. No obstante, el consumo a largo plazo de dietas con alto contenido en proteína puede causar daño en los riñones, por lo que es indispensable que las personas vayan de la mano del cuidado de un especialista en nutrición.

Además de los beneficios encontrados para la reconstrucción de músculo en deportistas, diversos estudios han evidenciado que fragmentos de las proteínas del lactosuero son benéficos para la salud. En este aspecto, efectos como antioxidantes, antihipertensivos, inmunomoduladores y antidiabéticos, entre otros, han sido ampliamente reportados en diversos países. Por lo todo lo anterior, la industria y la comunidad científica busca nuevas alternativas para darle valor agregado a las proteínas del lactosuero.

 

Colaboración de Lilia M. Beltrán-Barrientos, Belinda Vallejo-Córdoba y Aarón F. González-Córdova, investigadoras(es) del Laboratorio de Química y Biotecnología de Productos Lácteos del CIAD.

Como parte de un esfuerzo colectivo coordinado por investigadoras de varias instituciones, regiones y generaciones, el libro Antropologías Feministas en México: epistemologías y éticas, prácticas y miradas diversas se ha publicado de forma digital con acceso libre, con el fin de contribuir a la construcción de una sociedad más informada en materia de género.

La obra es extensa, ya que el objetivo de las organizadoras ha sido incluir la mayor diversidad de experiencias que, sobre el campo de la antropología feminista de una época, se tiene registro. Las coordinadoras de la obra son Lina Rosa Berrio Palomo, Martha Patricia Castañeda Salgado, Mary Goldsmith Conelly, Marisa Ruiz Trejo, Monserrat Salas Valenzuela y Laura Valladares de la Cruz. A través de veinte capítulos se abordan desde temas relacionados con los modelos epistemológicos surgidos en los años ochenta hasta los acercamientos metodológicos, como el dialógico y el colaborativo.

En el libro también se presentan trayectorias personales y temas abordados desde la perspectiva feminista, que dan cuenta de la persistencia de la cultura patriarcal y la violencia estructural que lesiona los derechos de las mujeres y de otros sujetos diversos y se documentan expresiones de su agencia desde la academia, el activismo político, las organizaciones de la sociedad civil, los movimientos de mujeres indígenas, afrodescendientes, campesinas y LGBTTTQ, mostrando la vigencia del feminismo como una de las corrientes teóricopolíticas más significativas de este milenio.

Fueron más de cinco años los que tomó la conclusión de este proyecto, que, a decir de las coordinadoras, representa en su conjunto una contribución a los debates actuales y al diálogo dentro y fuera de las ciencias antropológicas.

Gilda Salazar Antúnez, profesora-investigadora de la Coordinación de Desarrollo Regional del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD), y coordinadora académica del diplomado “Violencias de género y prevención. Formación para la intervención social”, es autora del capítulo “Una mirada feminista en antropología”, donde presenta su reflexión en torno a la experiencia emocional e ideológica de más de cuatro décadas que orientó sus decisiones vitales para definir su práctica profesional, vinculada a una práctica de militancia política y feminista, y que, en síntesis, se convirtió en una manera particular de hacer antropología y construirse como antropóloga en un ejercicio de creación del propio autoconcepto.

La académica del CIAD invitó a la sociedad a leer esta obra, pues la considera un libro que, seguramente, se convertirá en un clásico y será una aportación para las nuevas generaciones estudiosas del “género”, de la misma manera que un referente a las aportaciones de los estudios feministas y al campo de los estudios de género.

Puede descargar el libro en formato digital en el siguiente enlace electrónico: http://dcsh.xoc.uam.mx/repdig/index.php/libros-dcsh/dcsh/item/392-antropologias-feministas-en-mexico.

 

La cantidad de desechos que producimos a nivel global ha aumentado de manera muy rápida en los últimos años. De acuerdo con el Banco Mundial (2018), al año se generan 2,010 millones de toneladas de desechos sólidos en el planeta, manifestación de que actualmente vivimos las consecuencias de una sociedad basada en la cultura de usar y tirar.

Debido a ese estilo de vida “descartable”, se proyecta que la cantidad de desechos a nivel mundial aumente 70% en los próximos treinta años, por lo que, si no se toman medidas urgentes y se continúa soslayando el problema, vivir entre la basura será parte del día a día en cualquier rincón del globo terráqueo.

El enfoque del reciclado se ha centrado en los residuos que representan un alto porcentaje de la basura, como la materia orgánica o los plásticos, por el tiempo que estos tardan en degradarse; sin embargo, una parte de estos residuos históricamente se ha ignorado y cada vez exige mayor atención: el aceite de cocina, que se utiliza en prácticamente todos los hogares mexicanos, el cual es preocupante porque un solo litro de aceite puede contaminar mil litros de agua.

Los aceites vegetales, cuyo consumo se ha incrementado en las últimas décadas, son considerados importantes en la dieta global, ya que se utilizan para freír, guisar y sazonar, y su uso depende del gusto de las personas. De acuerdo con la Procuraduría Federal del Consumidor (2019), en México el consumo per cápita de aceite es de diez litros por año.

Desde el punto de vista del cuidado a la salud, se recomienda que el aceite tenga un solo uso porque el sobrecalentamiento frecuente produce sustancias tóxicas para el ser humano, así que tarde o temprano una parte del aceite usado tiene que ser desechado, y comúnmente se vacía a la coladera o se mezcla con la basura doméstica.

¿Alguna vez te has preguntado si estás depositando el aceite en el lugar correcto?

Muchas personas no se han cuestionado esto y tampoco saben que, cuando el aceite es vaciado en los desagües urbanos, esto tiene grandes impactos en el drenaje o la basura, tales como:

  • Problemas en las tuberías de nuestras casas, obstruyendo y generando malos olores y creando un alimento ideal para las plagas (como ratas y cucarachas)
  • Acumulación en la red de drenaje, ya que el aceite vegetal mezclado con jabones y detergentes se convierte en un sólido que se adhiere a las tuberías o canales, produciendo una reducción en la capacidad de caudal, lo que en época de lluvias contibuye a las inundaciones
  • Aumenta los costos de operación de las plantas de tratamiento de aguas residuales, donde el aceite es retirado del sistema
  • Contaminación en cuencas internas, el mar y los acuíferos, formando una película superficial que afecta el intercambio de oxígeno con la vida marina, dañando al ecosistema y a las especies que lo habitan, además de que se adhiere al plumaje de aves y al pelaje de mamíferos
  • Bioacumulación de dioxinas en la cadena de alimentos del ser humano, lo cual contribuye al desarrollo de algunas enfermedades como el cáncer.
  • Contaminación del suelo, ya que eventualmente puede filtrarse y llegar a un cuerpo de agua subterráneo o superficial
  • Pérdida de la posibilidad de reciclar o reusar algunos de los residuos que estuvieron en contacto con el aceite

 

Si el desagüe de nuestras casas no es el lugar correcto, entonces, ¿dónde debemos colocar el aceite usado?

El primer paso después de usarlo es dejarlo enfriar y después colocarlo en una botella de plástico con tapadera (tipo PET). Cuando tengas la botella llena, ubica un punto de acopio en tu localidad y allí se encargarán de darle la disposición adecuada que no impacte el medio ambiente; incluso en algunos lugares reutilizan este aceite en procesos distintos al alimenticio.

Existen muchos centros de acopio en México, así que te invitamos a que investigues si en tu ciudad hay alguno y contribuye con esta actividad al cuidado del medio ambiente. Y cuando estés preparando tus siguientes papas a la francesa, recuerda que, después de comerlas, el aceite lo puedes poner en cualquier botella de plástico y con eso estarás ayudando al planeta, a la vez que contribuirás a evitar muchos problemas urbanos y de salud.

Colaboración de María Carolina Ceballos Bernal, educadora ambiental de la Coordinación Regional Mazatlán del CIAD.

En reconocimiento a su destacada trayectoria académica y como investigadora, Belinda Vallejo Galland, profesora del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD), se ha convertido en la primera Investigadora Emérita del Centro por parte del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

Esta distinción se le otorgó en la más reciente evaluación realizada por el SNI, la cual constituye el máximo reconocimiento que, en forma vitalicia, se concede por esa instancia en retribución a quienes sobresalen por la calidad de su producción y la formación de nuevos(as) investigadores(as), grupos de trabajo y redes de investigación, así́ como por su aportación al fortalecimiento de la investigación científica y tecnológica del país.

La doctora Vallejo Galland ingresó al CIAD en 1994 y actualmente es profesora investigadora titular “E” adscrita a la Coordinación de Tecnología de Alimentos de Origen Animal del CIAD en las áreas de investigación en calidad, autenticidad y trazabilidad de alimentos, química y biotecnología de productos lácteos y química del sabor.

Su formación académica como química inició en la Universidad Iberoamericana (1978) y posteriormente realizó una maestría (1984) y un doctorado en ciencias por la Universidad de Columbia Británica en Vancouver, Canadá (1992), especializándose en ciencia y tecnología de los alimentos. Tiempo después sirvió para la misma universidad en el entonces Departamento de Ciencia de los Alimentos, como asistente de investigación del profesor Shuryo Nakai, quien fuera su mentor en la realización de su doctorado. Durante su estadía en Canadá también colaboró con el Ministerio de Salud (Health Canada) en los laboratorios responsables de la verificación de la conformidad en aspectos de calidad para alimentos, drogas y medicamentos.

Además de los múltiples reconocimientos que ha recibido en el CIAD en los rubros de Investigación, Docencia y Vinculación, ha sido acreedora al Premio Nacional en Ciencia y Tecnología de Alimentos “Coca-Cola-Conacyt” en 2006 y 2011. Además, fue galardonada con el Premio a la Investigación del Año, que le otorgó el Centro de Investigaciones Pecuarias del Estado de Sonora en 1997, 1998 y 2002. Asimismo, recibió el Premio Internacional “George F. Stewart”, que brinda el Instituto de Tecnólogos en Alimentos (IFT, por sus siglas en inglés) en 1997, 1998,1999 y 2002.

Desde 1996 a la fecha es responsable del Laboratorio de Calidad, Autenticidad y Trazabilidad de los Alimentos, enfocado en investigar el desarrollo de metodologías analíticas para autentificar y realizar la trazabilidad en la calidad de alimentos y bebidas, a través de la detección y la cuantificación de analitos específicos como marcadores de la autenticidad o de la adulteración. Este laboratorio fue pionero en México, pues fue de los primeros en abordar, como parte central de sus estudios e investigaciones, la tarea de verificar que la etiqueta nutrimental y la lista de ingredientes fuera en realidad lo que contiene el alimento.  

Al recibir su nombramiento como investigadora emérita, la doctora Vallejo Galland manifestó sentirse emocionada, satisfecha y agradecida y reconoció que esta distinción no la hubiese podido lograr sin el apoyo de su grupo de trabajo y de su familia.

A través de un comunicado, Pablo Wong González, director general del CIAD, felicitó a la investigadora, congratulación a la que se sumaron colegas del Centro y de la comunidad académica sonorense.

La producción y consumo de carne de ave en el mundo ocupa el segundo lugar después de la carne de cerdo, con una tasa de incremento de alrededor de 1.2% anual. En el caso de México, la carne de pollo ocupa el primer lugar, con un consumo per cápita estimado de 34 kg en el 2020.

 

La carne de pollo tiene un menor contenido de grasa intramuscular que la de cerdo y res, su proteína es altamente digestible y es buena fuente de minerales y algunas vitaminas del complejo B, razones por las que, junto con su precio accesible, la hacen preferida por el consumidor.

 

Sin embargo, a pesar de las bondades nutricionales de esta fuente cárnica, a veces escuchamos o leemos información, principalmente en redes sociales, acerca de que a los pollos se les “inyectan hormonas” para acelerar su crecimiento, por lo que se presume que su carne representa un riesgo de salud para el consumidor.

 

Estos comentarios están basados en el antecedente de que en la avicultura de los años cincuenta del siglo pasado, debido a que las aves macho para producción de carne eran de crecimiento lento, se utilizó por algunos años el dietilestilbestrol (DES), un compuesto sintético con actividad estrogénica, que además de ocasionar una castración hormonal, aceleraba el crecimiento del ave. El DES desde hace muchos años está prohibido para su uso en la producción animal, debido a la evidencia de su alta residualidad en los tejidos animales.

 

El sistema de producción avícola actual es altamente eficiente, gracias al nivel de tecnificación y los estrictos programas sanitarios y de medicina preventiva, además del manejo nutricional. Asimismo, de manera particular, el sistema de engorda de aves para carne usa líneas comerciales de animales genéticamente mejoradas, que alcanzan el peso vivo para su comercialización cuando tienen entre seis y siete semanas de edad. El nivel de hormonas somatotrópicas naturales que promueven el crecimiento del ave está en plenitud en estas primeras semanas de vida. Por lo tanto, en este período tan corto de alimentación no sería redituable el uso de hormonas sintéticas.

 

Es importante mencionar que en México y otros países de América Latina aún se permite el uso de antibióticos promotores de crecimiento (APC) en la producción de pollos de engorda. Estos APC se usan en dosis subterapeúticas, ya que mejoran la conversión alimenticia, la digestibilidad de los nutrientes y, por lo tanto, la ganancia de peso del animal. Dentro de las indicaciones de uso, se establece que deben dejar de administrarse unos días antes del sacrificio del animal, para asegurar que no aparezcan residuos de estos en la carne. Sin embargo, debido a la preocupación de los consumidores por su salud y los posibles efectos secundarios que puedan acarrear estos APC, muchos países han establecido legislaciones que prohíben su uso en la avicultura.

 

Actualmente ya hay varios productos alternativos al uso de APC, que se usan con mayor frecuencia en la alimentación de los pollos de engorda; entre ellos podemos mencionar a los probióticos, prebióticos, ácidos orgánicos y compuestos puros o mezclas de extractos obtenidos de plantas, los cuales han mostrado tener efectos benéficos en la promoción del crecimiento animal, sin representar algún tipo de riesgo para el consumidor. Por lo anterior, podemos mencionar que la carne de pollo disponible en el mercado formal de México (de producción nacional o importada) no posee hormonas sintéticas que puedan implicar un potencial riesgo para nuestra salud. Por el contrario, podemos aprovechar el beneficio de su calidad nutricional como parte de nuestra dieta.

 

Referencias

OECD/FAO (2020). OCDE‑FAO. Perspectivas Agrícolas 2020‑2029, OECD Publishing. París. https://doi.org/10.1787/a0848ac0-es.

Dibner, J. J. y J.D. Richards (2005). Antibiotic growth promoters in agriculture: history and mode of action. Poultry Science 84(4): 634-643.

Hamid H., L. H. Zhao, G. Y. Ma, W. X. Li, H. Q. Shi, J. Y. Zhang, C. Ji, Q. G. Ma. (2019). “Evaluation of the overall impact of antibiotics growth promoters on broiler health and productivity during the medication and withdrawal period”. Pultry Science 98(9): 3685-3694.

Lillehoj, H., Y. Liu, S. Calsamiglia et al. (2018). “Phytochemicals as antibiotic alternatives to promote growth and enhance host health”. Veterinary Research 49, 76.

 

Colaboración de Humberto González Ríos, investigador y titular de la Coordinación de Tecnología de Alimentos de Origen Animal del CIAD.

Hermosillo, Sonora

Carretera Gustavo Enrique Astiazarán Rosas, No. 46, Col. La Victoria, CP. 83304.
Tel: +52 (662) 289-2400

Guaymas, Sonora

Carretera al Varadero Nacional km. 6.6, Col. Las Playitas, C.P. 85480.
Tel: +52 (622) 225-2828

Cuauhtémoc, Chihuahua

Av. Río Conchos s/n, Parque Industrial, C.P. 31570.
Tel: +52 (625) 581-2920

Delicias, Chihuahua

Av. Cuarta Sur 3820, Fracc. Vencedores del Desierto, C.P. 33089.
Tel: +52 (639) 474-8400

Mazatlán, Sinaloa

Av. Sábalo Cerritos S/N, C.P. 82112.
Tel: +52 (669) 989-8700

Culiacán, Sinaloa

Carretera a Eldorado, km. 5.5, Col. Campo El Diez, C.P. 80110.
Tel: +52 (667) 480-6950

Tepic, Nayarit

Av. de la Salud s/n, Parque del Conocimiento, C.P. 63173.
Tel. +52 (311) 133 1629
Image
Image
Image
Image
Image

Mobile Menu