Notas

Beatriz Olivia Camarena Gómez y Margarita Peralta Quiñonez

Investigadoras adscritas al Programa de Estudios

Ambientales y Socioculturales del Desarrollo

de la Coordinación de Desarrollo Regional del CIAD

La pregunta ¿qué alimentos consumir para contribuir a paliar el deterioro ambiental? invita a reflexionar en los productos que forman parte de la dieta familiar cotidiana y a considerar las alternativas que tenemos, toda vez que, al optar por uno u otro tipo de alimento, se coadyuva a reforzar determinado esquema de producción de alimentos.

Lo plausible sería orientar nuestras pautas de consumo hacia aquellos alimentos que por sus formas de producción garanticen una alimentación más saludable y no alteren negativamente los equilibrios ambientales. Ello implica considerar, entre otras muchas cuestiones, que, implícito en el reto que representa alimentarnos hoy y tener acceso a los alimentos mañana, está la disputa por la tierra o suelos que aún no han perdido su potencial productivo. En los polos del esquema actual de producción de alimentos están los grupos corporativos multinacionales, aplicando las nuevas tecnologías en desarrollo que tienen que ver, por ejemplo, con la agricultura de precisión (Ruiz Marrero, C., 2004), o semillas transgénicas promovidas por Monsanto-Bayer, entre otras; y en el otro extremo, los pequeños y medianos productores locales, compatibles con el paradigma agroecológico, campesinos muchos de ellos, trabajando y comercializando sus productos con recursos económicos escasos.

En el caso de los grupos corporativos, están los proyectos fomentados por las grandes corporaciones tecnológicas (Big Tech), que se distinguen por conectar la biotecnología (genes) y la nanotecnología (átomos) para cultivar, transformar y adaptar los alimentos a la demanda de los consumidores. De este modo, el conocimiento es generado en el laboratorio y aplicado en los sistemas agrícolas con el propósito de elevar la producción, así como ciertos atributos en los productos alimenticios. Los investigadores partícipes en dichos procesos se convierten en expertos y tienden a posicionar e imponer su conocimiento sobre aquel otro, de tipo tradicional, característico de los campesinos y pequeños agricultores locales. En su prisa por ofrecer nuevos productos con la connotación de "saludables", las Big Tech colocan continuamente en el mercado una variedad de alimentos procesados que publicitan como productos alternativos, elaborados sin agredir el medio ambiente. La carne y los productos lácteos procesados ​​industrialmente y conocidos por sus repercusiones en el cambio climático son ejemplos emblemáticos, se trata de productos proteicos, cultivados en laboratorios, llamados petri-proteínas (una caja de Petri es un recipiente usado en experimentos de laboratorio), que se ofrecen como una alternativa de alimentación por importantes grupos comercializadores. En productos cárnicos, el año 2018, Tyson y Cargill invirtieron 40,114 mil millones de pesos, respectivamente (ETC Group, 2019). Otro ejemplo son los helados veganos publicitados como productos que sustituyen la proteína de leche por otras proteínas de origen vegetal (soya), o bien las hamburguesas veganas cuyo ingrediente principal es la carne de soya, colocadas en el mercado por grupo Nestlé junto con Unilever –grandes líderes de la importación del aceite de palma–, entre otros. La fuerza que ha tomado la ganadería industrial en años recientes se sustenta precisamente en la demanda de soya de esos grupos corporativos que la utilizan para alimentar los millones de cerdos, gallinas o vacas que producen bajo el régimen de encierro. Hoy por hoy, la oferta y demanda de soya en el mercado global ha propiciado que el ganado sea alimentado con ese producto importado de Estados Unidos, Brasil y Argentina, cuyas inmensas extensiones de monocultivo de soya genéticamente modificada (Monsanto/Bayer) son regularmente tratadas con glifosato, herbicida cuyos efectos cancerígenos ha costado a Bayer millonarias condenas judiciales (BBC News Mundo, 2019).

En tal contexto, Duch Guillot (2019) cuestiona si el consumo de alimentos debe inducir a una nueva conciencia alimentaria, concretamente, ¿hacia dónde va la percepción social al respecto?, ¿el consumidor cuenta con información veraz del contenido de los productos alimenticios mayormente disponibles en el mercado?

El hecho es que las empresas multinacionales en el ramo de la alimentación, atentas a las nuevas tendencias alimentarias, promueven el consumo de productos de dudoso contenido nutritivo y calidad en sus ingredientes. Los corporativos tecnológicos, guiados por criterios económicos, siguen avanzando en el desarrollo de técnicas para incorporarlas en la cadena productiva y comercializar los productos obtenidos en el mercado, hasta posicionarse en los estilos de vida del consumidor. Tienden a utilizar una serie de prácticas y estrategias de marketing “verde” para colocar esos nuevos productos; es decir, se valen de colores verdes, imágenes de entornos naturales y términos o palabras ambiguas, como parte de una propaganda que sugiere al consumidor que está comprando productos saludables, orgánicos, elaborados bajo normas de responsabilidad social y ambiental (Bellamy, D., 1990).

Ese tipo de prácticas ha llevado a la Organización de las Naciones Unidas a reconocer la necesidad de establecer un mecanismo que permita evaluar los posibles impactos ambientales, sociales, de salud y otros de las nuevas tecnologías (Boletín ETC Group, 2019). En ese sentido, el citado Grupo Erosión, Transformación y Concentración, plantea que, a medida que las crisis globales convergentes se intensifican (biodiversidad, clima, plástico), los gobiernos y las corporaciones luchan por crear nuevas instituciones e inversores, todos alineados en el propósito de financiar una nueva ronda de soluciones tecnológicas basadas en el  “cambio tecnológico rápido”, “tecnologías exponenciales”, “tecnologías de frontera”, o bien, en la llamada “cuarta revolución industrial”. Por lo mismo, Reichman (2019) señala que, si bien un modelo productivo con tales características puede ser exitoso en términos productivos, resulta radicalmente insostenible por sus efectos ambientales. A los problemas de hambrunas se suma una epidemia devastadora aún más grave, la obesidad, asociada también al consumo de alimentos industrializados. Estudiosos de esta problemática reconocen que América Latina y el Caribe tienen más obesos que hambrientos, problemática presente en todo el mundo (Da Silva, Graziano. 2019).

El reciente informe de la FAO (2018) titulado El estado de seguridad alimentaria y nutrición en el mundo, destaca que existen problemas de hambruna (casi 821 millones de personas sufrieron hambre en 2017) y que tal problema ha aumentado en los últimos tres años hasta alcanzar los niveles de hace una década. Tal retroceso devela la necesidad de revisar las acciones que se están llevando a cabo para abatir los impactos de la inseguridad alimentaria: deja claro que hay que hacer más y de forma urgente para alcanzar el Objetivo de Desarrollo Sostenible que tiene que ver con lograr el Hambre Cero para el año 2030 (FAO, 2018). 

Frente al escenario conformado por la agricultura industrial, la agroecología tiende a erigirse como una alternativa que deposita la esperanza en el resurgimiento de un conocimiento ancestral que, a través del dialogo, se integra en una ecología de saberes (de Sousa Santos, 2010). La agroecología se presenta como una posibilidad de hacer contrapeso al conocimiento surgido de la ciencia, cada modelo agroproductivo tiene sus propias características, en donde uno trabaja con y para la Naturaleza, y el otro pareciera desafiarla; en uno es posible visualizar los efectos ambientales en el corto plazo, en el otro se desconoce si sus efectos serán igual o más devastadores que la revolución verde; ambas estrategias pretenden garantizar la alimentación a una población mundial en rápido crecimiento. Los pequeños agricultores parten de sus propias vivencias en los sistemas agrícolas y evitan generar contaminación al realizar diversas prácticas tradicionales en un mismo cultivo; con base en su capacidad de observación y habilidades en las tareas agrícolas, reinventan y mejoran su propia práctica y con ello la calidad de los cultivos y de los suelos. Al hacer esto, sin saberlo, se convierten en investigadores in situ, es decir, se involucran en procesos constantes de acción-reflexión-acción, el aprendizaje y conocimiento es reforzado día a día con la experiencia y capacidad de observación, a través del quehacer, el dialogo e intercambio de saberes, en un proceso constante de construcción y reconstrucción de saberes (Contreras, 2019).

Una práctica agroecológica que promueve la conservación de la biodiversidad y el balance ecológico de los agroecosistemas para alcanzar una producción sustentable altamente productiva es la agricultura orgánica (Altieri, 2001). En los países en desarrollo se espera que este modelo agroproductivo favorezca la economía de los pequeños agricultores locales, quienes reconocen el daño que los pesticidas provocan al medio ambiente y a la salud (jornaleros y productores) y, por lo mismo, se han sumado a tal esfuerzo. Sin embargo, en estudios realizados desde la perspectiva del pequeño productor agrícola (Gómez, 2000; Espulga, 2001; Yanggen, 2003; Guillén et al., 2008) se reconoce también que no todos los pequeños productores locales conocen estas modalidades alternativas y que perciben que tales prácticas ecológicas pueden elevar sus costos de producción y redundar en un producto de mayor precio que sus similares convencionales. Por lo mismo, los productores interesados en transitar a tal esquema agrícola perciben el riesgo de que no exista un mercado que demande productos ecológicos o que no esté dispuestos a pagar su sobreprecio. A esto se suman los problemas de escasez de recursos financieros que tienen, situación que les dificulta acceder a las tecnologías que les permitirían competir con los grupos corporativos trasnacionales, al grado que muchos de ellos, la mayoría campesinos e indígenas, han abandonado el campo en busca de otras alternativas productivas para subsistir.

En fin, además de la percepción que tienen algunos pequeños productores agrícolas respecto a las alternativas agroecológicas, hay tres fenómenos nuevos que importa precisar en lo que respecta a la producción actual de alimentos: 1) son evidentes los efectos nocivos que el uso de plaguicidas genera en el ambiente y la salud humana; 2) existe un cuidado especialmente mayor por la salud en la población a nivel mundial; 3) emerge un nicho de mercado que demanda la producción de alimentos sanos (Golán y Kuchler, 2000).

Respecto al primer y segundo punto, los consumidores se han percatado de estas problemáticas y tiende a constituirse un segmento de mercado que opta por alimentos más sanos, libres de agrotóxicos. Esa preocupación por los alimentos que se ingieren y por el daño que provocan en el medio ambiente es de carácter global y es objeto de investigación en el ámbito mundial. En Europa, por ejemplo, un estudio realizado por Eurobarometer (2010) mostró que los consumidores están preocupados por la seguridad que le brindan los alimentos: alrededor del 72% perciben especial riesgo por los residuos de pesticidas en frutas y verduras; en otra investigación realizada por Henson (2001), se identificó un importante segmento de consumidores preocupados por la seguridad implicada en los alimentos consumidos pero que minimizan el impacto de la agricultura sobre el medio ambiente, también reconocen que la calidad de los productos orgánicos supera a la de los producidos de forma convencional e incluso están dispuestos a pagar un precio mayor por esos alimentos libres de tóxicos (Groff y Kreider, 1993; Govindasamy e Italia, 1999).

En países de Latinoamérica, Brasil por ejemplo, se ha presentado una orientación a proyectos de agronegocios basados en cuatro dimensiones fundamentales, incorporadas en proyectos de viabilidad de agronegocios: viabilidad técnica y económico-financiera, viabilidad organizativa, competitividad del Sistema Agroindustrial existente, y la sustentabilidad (Neves y Castro, 2003). Además, Milano y Ramírez (2005) realizaron un análisis de consumo de productos alimenticios, mecanismos de distribución, el valor de la producción orgánica, comercio justo y programas de desarrollo integral. Y en México, donde destaca el estado de Sonora por sus altos niveles de producción agrícola y por el uso convencional de agroquímicos, particularmente en el segmento hortofrutícola, también se reconoce que tal práctica ha favorecido altos niveles de cosecha, pero también que tales agroquímicos han desencadenado efectos adversos en el medio ambiente y en la salud humana (Leal et al., 2014; Ochoa Nogales et al., 2012; Yañez et al., 2019). En todo caso, la demanda de productos orgánicos llegó para quedarse. El consumidor ecológico está presente en el territorio nacional desde hace varios años (Orozco et al., 2003), alrededor de las tres cuartas partes de la muestra de consumidores prefieren comprar alimentos ecológicos, y según Salgado y Beltrán (2011), el comportamiento del consumidor se relaciona con aspectos demográficos, la escolaridad por ejemplo, los cuales ejercen un efecto positivo y significativo en el consumo sustentable. La demanda de alimentos orgánicos u obtenidos con sistemas agroecológicos va en aumento y la disposición a pagar un sobreprecio por esos productos ha estimulado su incremento a nivel mundial y nacional (Torres y Trápaga, 1997). Las investigaciones citadas sugieren que la intención de compra hacia los alimentos orgánicos está relacionada a percepciones de los consumidores, seguridad alimentaria, salud, calidad, precio, etc.

En fin, los elementos y procesos descritos en estas líneas dan cuenta de una realidad que exige un redireccionamiento del saber científico y tecnológico para garantizar, sí, una mayor cantidad de alimentos, pero también que los productos y prácticas que los generan sean saludables y coadyuven a lograr un verdadero desarrollo sustentable.  

El problema es que los sistemas de producción agroalimentaria predominantes tienden a decantarse por un ambientalismo superficial, compatible con una ciencia direccionada más por intereses económicos que sociales y ambientales. Por ello, en última instancia, como afirma Toledo (2019), la disyuntiva a tomar en nombre del mercado, la tecnología, el progreso, el desarrollo, el crecimiento económico o la salud, tiene que ver con defender la vida o con contribuir a aniquilarla. De ahí la importancia de tener una sociedad civil informada, capaz de tomar las mejores decisiones en esa encrucijada que se le presenta en su vida cotidiana como consumidor de alimentos, toda vez que, sea consciente de ello o no, al decidir y comprar se inclina por el desarrollo y consolidación de uno u otro modelo agrícola, a favor o en contra del medio ambiente y la salud humana.

Fuentes:

Altieri, M. A., & Nicholls, C. (2001). Agroecología: principios y estrategias para una agricultura sustentable en la América Latina del Siglo XXI. Disponible en la página www. agroeco. Org

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Bellamy, David, 1990. ¿Qué es el Greenwashing? No te dejes engañar. Revista Ambiente y Sociedad. Año 19, Nro. 794, Julio 8 de 2019. Recuperado en: https://www.ecoportal.net/temas-especiales/que-es-el-greenwashing-no-te-dejes-enganar/

Boletín ETC Group. 2019. Aumento de las Petri-proteínas? 4 de abril de 2019. Recuperado en: http://etcgroup.org/2019/rise-of-petri-proteins

Contreras, Jesús 2019. Los agricultores son investigadores por excelencia y tienen memoria, como las semillas. 10 julio 2019. Recuperado en: http://www.biodiversidadla.org/Documentos/Los-agricultores-son-investigadores-por-excelencia-y-tienen-memoria-como-las-semillas

Da Silva, Graziano. 2019.  El Director General de la FAO destaca la importancia del desarrollo local para promover una alimentación sana. 4 de julio. Recuperado en: http://www.biodiversidadla.org/Noticias/El-Director-General-de-la-FAO-destaca-la-importancia-del-desarrollo-local-para-promover-una-alimentacion-sana

De Sousa Santos, Boaventura. 2010. Descolonizar el saber, reinventar el poder. Ediciones Trilce. Pág. 53.

Duch Guillot, Gustavo, 2019.  Helados veganos marca ‘Monsanto’ ALAINET. 01/07/2019. Recuperado en:  https://www.alainet.org/es/articulo/200742

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Henson, S. 2001. Food safety and the European consumer. Proceedings of the 71st EAAE Seminar ’The Food Consumer in the Early 21st Century’. Zaragoza (Spain), April 19-20.

Leal, S., Valenzuela, A., Gutiérrez, M.L., Bermúdez, M.A., García, J., Aldana, M.L., Grajeda, P. Silveira, M.I., Meza, M.M., Palma, S.A., Leyva, G. N., Camarena, B.O. y Valenzuela, C. (2014). Residuos de plaguicidas organoclorados en suelos agrícolas. Revista Terra Latinoamericana. 32(1), 1-12.

Milano, F. A., y Ramírez, C. A. (2005) Educación para el consumo sustentable de alimentos: el gobierno del consumidor. Energía, 95, 62.

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Salgado, L, Subiá, M. E. y Beltrán, L. F. (2011). Factores Intrínsecos y Extrínsecos de la Compra Ecológica, Revista INVURNUS, 6(2) 3-8.Toledo, Víctor. 2019. Los tres faros de la conciencia ecológica. 4 de junio. Recuperado en: https://www.jornada.com.mx/2019/06/04/opinion/015a1pol

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Torres, F. T., y Trápaga, Y. (1997). La agricultura orgánica: una alternativa para la economía campesina de la globalización. Plaza y Valdés.

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Víctor Toledo Manzur, titular de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), además de su gira para atender a los afectados por el derrame del Río Sonora, también participará en un conversatorio en Hermosillo, Sonora, en el marco de la presentación del libro Río Sonora: el derrame de la mina Buenavista del Cobre-Cananea, 2014.

Se trata de una de las publicaciones más recientes del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD), la cual ha sido posible gracias al apoyo de otras instituciones como la Universidad Nacional Autónoma de México y la Red de Patrimonio Biocultural de México, entre otras, como la Universidad de North Carolina y la Universidad de Texas.

El evento se realizará el próximo miércoles 18 de diciembre en el auditorio del Centro de las Artes de la Universidad de Sonora a las 18:00 horas. El acceso será gratuito y abierto al público en general.

La obra, autoría de Diana Luque Agraz, Arthur Murphy, Eric Jones, Angelina Martínez, Alberto Búrquez, Tadeo Manrique y Diana Esquer, es un trabajo interdisciplinario que trata el profundo impacto que tuvo el derrame de la Mina de Cananea del Grupo México de miles de metros cúbicos de sulfato de cobre acidulado sobre el río Sonora, el cual se considera el peor desastre ambiental de la historia de la minería en México.

La científica de la Coordinación de Desarrollo Regional del CIAD, Diana Luque, quien ha colaborado académicamente por varios años con Toledo Manzur, junto con quien constituyó la Red Temática Conacyt “Patrimonio Biocultural de México”, comentó que el secretario de Medio Ambiente tiene un gran interés en escuchar y dialogar con habitantes de la zona afectada, así como con investigadores(as) sonorenses.

Agregó que el gobierno federal encabezado por Andrés Manuel López Obrador ha mostrado un genuino deseo de conocer los daños reales del derrame y emprender acciones de remediación, así como de prevención de este tipo de accidentes, motivo por el cual este conversatorio representa una ocasión inédita de transparencia institucional, con base en evidencias científicas.

En el conversatorio también participarán Pablo Wong González, Director General del CIAD, así como distinguidos comentaristas.

El acelerado desarrollo tecnológico y, en particular, de los sistemas informáticos, ha revolucionado todos los sectores industriales, y el campo de la producción y comercialización de alimentos no está exento de esta transformación; para analizar esta condición se realizó un evento en el Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD).

La jornada “Retos y oportunidades para la adopción de la industria 4.0 en el sector de alimentos y bebidas” consistió en un ciclo de conferencias impartidas por expertos en el desarrollo de sistemas informáticos, así como por científicos especializados en la producción y procesamiento de alimentos.

Como una forma de introducción al tema, Margot Molina Elías, directora de Teknol, empresa desarrolladora de software, inició el encuentro con la conferencia “Industria 4.0. Revolución o evolución”, donde habló sobre los conceptos medulares para comprender como opera la industria 4.0, donde la hiperconectividad, dijo, está cambiando los esquemas de producción o manufactura, así como los organigramas de las empresas.

Posteriormente, Miguel Guajardo Mendoza, profesor del Centro de Investigación y Docencias Económicas, ofreció la charla “Efectos de la irrupción tecnológica en el sector de alimentos y bebidas en México”, a través de la cual explicó parte de su trabajo de investigación, en el que ha hecho un análisis a partir de los proyectos empresariales relacionados con alimentos, estimando sus efectos en el mercado y en las cifras de ocupación laboral, debido al desplazamiento a causa de la automatización de procesos en la industria.

El hombre más rico del mundo, Jeff Bezzos, propietario de la transnacional Amazon, recientemente invirtió treinta millones de dólares en la empresa chilena NotCo, que produce alimentos veganos usando inteligencia artificial. Javiera Mujica Álvarez, responsable de los laboratorios de NotCo, compartió con el público lo que denominan “gastronomía algorítmica”, método por el cual optimizan recursos a partir de alimentos de origen vegetal, con ayuda de algoritmos que generan una receta para igualar la composición molecular de productos elaborados con ingredientes animales, lo cual mejora los valores nutricionales con un costo de producción más reducido.

El ciclo de presentaciones concluyó con la participación de Héctor Aceves Ortega, director general de Clúster TI de Colima, quien explicó cómo se apoyan en drones para el análisis digital en la producción agrícola de coco, mango, limón y plátano. Añadió que en este clúster trabajan en la búsqueda de soluciones para proyectos de agricultura de precisión a través de la innovación de aspectos como su comercialización, ensamble y diseño de prototipos.

Candelaria Ochoa Ávalos, titular de la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres (Conavim), visitó el Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) en Hermosillo, Sonora, donde habló sobre las diferentes estrategias que la institución que encabeza planea emprender en el actual sexenio.

Ochoa Ávalos contextualizó que en México se padecen las manifestaciones de una cultura generalizada que violenta y discrimina a la mujer, por lo cual la educación se convierte en una herramienta indispensable para sensibilizar y concientizar a hombres y mujeres de todas las edades sobre esta problemática.

Agregó que es de trascendental importancia que la academia se vincule con la política, ya que el país necesita legisladores(as) con una mejor preparación profesional y, sobre todo, que elaboren leyes con perspectiva de género.

Manifestó que la violencia que sufren las mujeres es un tema que se basa en representaciones sociales de desigualdad, que se promueven en el núcleo familiar y en contextos sociales y que también son reproducidos institucionalmente, por lo cual su prevención es una responsabilidad que deben de compartir todos los organismos públicos federales, estatales y municipales.

En ese sentido, ejemplificó que se trabaja en un convenio con la Secretaría del Trabajo y Prevención Social para que, a través del programa Jóvenes Construyendo el Futuro, se emprendan estrategias que reconstruyan el tejido social y se prevenga el acoso y hostigamiento laboral en las áreas de trabajo.

La Comisionada apuntó que a la Conavim se le han invertido mil millones de pesos en diez años, cifra que considera muy inferior a las necesidades reales que la institución requiere cubrir para garantizar que sus diferentes programas puedan ser ejecutados cabalmente.

Puntualizó que la transversalidad interinstitucional continúa siendo uno de los grandes retos que se deben superar, pues ni los resultados de los programas ni los recursos económicos que se les han otorgado han sido evaluados con rigor.

Al referirse a los distintos grupos feministas que existen en el país, dijo que la Conavim necesita aliados(as) que construyan junto con el gobierno todas las soluciones que el país necesita para enfrentar la violencia que sufren las mujeres.

Gilda Salazar Antúnez, investigadora del CIAD y anfitriona del conversatorio, agradeció la presencia de Ochoa Ávalos y señaló que es un gran avance la apertura de su titular por haber participado en este ejercicio de opinión. Finalmente, agradeció el apoyo del CIAD para construir este espacio de reflexión y debate sobre la violencia contra la mujer, un fenómeno que requiere la participación de la academia para hacerle frente.

Con el propósito de acercar la ciencia a la sociedad y contribuir al desarrollo regional, el Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) ofreció talleres gratuitos sobre cultivo de tilapia en Oaxaca, Guerrero y Chiapas.

Durante el presente mes de diciembre, Crisantema Hernández González, investigadora del CIAD en Mazatlán, brindó el curso taller “Calidad de alimentos para tilapia” a productores(as) de dichas entidades del sur de México.

Los beneficiados de esta capacitación fueron más de 150 personas, quienes se dedican a la producción de tilapia, así como estudiantes e investigadores de universidades locales de estas regiones. También asistieron al taller autoridades estatales relacionadas con la vigilancia de esta actividad económica.

Los temas que se abordaron durante el curso fueron versaron sobre la importancia de los lípidos en la alimentación, los efectos de lípidos oxidados en la salud de la tilapia en cultivo y generalidades e implicaciones de aflatoxinas en alimentos para tilapia en cultivo.

El contenido del curso fue replicado en las localidades de Oaxaca de Juárez, Oaxaca; Acapulco, Guerrero, y Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.

Hernández González comentó que entre los temas más recurrentes que los asistentes al curso plantearon como dudas o preocupaciones sobre su actividad, destacan las pruebas piloto para valorar alimentos alternativos con fines de autoconsumo y considerar el desarrollo de alimentos complementarios que aumenten sus ganancias al ser formulados con ingredientes locales.

Dicha capacitación se impartió gratuitamente es sus tres sedes y se realizó con el apoyo del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), a través de la Alianza Estratégica Sustentable de la Región Pacífico Sur (Adesur), consorcio agroalimentario, así como de los comités de sanidad acuícola de Guerrero, Oaxaca y Chiapas.

Esta iniciativa fue realizada en el marco de las actividades del proyecto Fordecyt “Estrategias multidisciplinarias para incrementar el valor agregado de las cadenas productivas del café, frijol, mango, agave mezcalero y productos acuícolas (tilapia) en la región Pacifico Sur a través de la ciencia, la tecnología y la innovación”.

 

Con el propósito de compartir con la sociedad y la academia sonorense la contribución de las y los investigadores que conforman el programa de Cátedras Conacyt, se realizó un simposio en el Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo en Hermosillo, Sonora.

La jornada se desarrolló durante dos días, en los que catedráticos Conacyt comisionados al CIAD, Universidad de Sonora, El Colegio de Sonora, Instituto Tecnológico de Sonora, Estación Regional del Noroeste del Instituto de Geología de la UNAM, Centro de Investigación y Desarrollo en Agrobiotecnología Alimentaria y Centro de Innovación y Desarrollo Agroalimentario de Michoacán, compartieron con el público parte de su quehacer científico.

Durante el encuentro se expusieron avances y resultados de investigación de una docena de catedráticos Conacyt en temas como mecanobiología, biofísica, metabolómica, fitoquímica de plantas mexicanas, agroecosistemas tradicionales de milpas, actinobacterias con potencial biotecnológico, nanomateriales fotoluminiscentes, grupos en condiciones de vulnerabilidad social en Sonora, subproductos de aguacate como fuente de compuestos con bioactividad y desarrollo de las tecnologías ómicas para la investigación en acuacultura, entre otros.

Asimismo, se contó con la participación de más de cuarenta trabajos presentados en la modalidad de cartel en donde estudiantes de posgrado dirigidos por los catedráticos o que colaboran de manera directa con ellos presentaron avances de sus investigaciones.

Diego Axel López Peláez, subdirector de Evaluación y Seguimiento, impartió una charla sobre la evaluación que el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) tiene sobre este programa, así como de las perspectivas a corto y mediano plazo. Por su parte, Rosalba Ramírez, del Departamento de Investigaciones Educativas del Cinvestav, experta en políticas e instituciones de educación, ciencia y tecnología, brindó una conferencia sobre el papel de las y los jóvenes investigadores en el mercado global de la profesión científica.

Para hablar sobre el impacto del programa de cátedras Conacyt en las instituciones que reciben a estos jóvenes investigadores, se conformó un panel integrado por Miguel Ángel Martínez Téllez, titular de la Coordinación de Investigación del CIAD; Ramón Enrique Robles Zepeda, titular de la Dirección de Investigación y Posgrado de la Universidad de Sonora, y Rolando Enrique Díaz Caravantes, director general académico de El Colegio de Sonora.

Los panelistas coincidieron en que la presencia de los catedráticos en las instituciones es relevante no sólo en términos cuantitativos (producción científica de alto nivel, formación de recursos humanos, vinculación y divulgación de la ciencia), sino que su presencia ha representado maneras diferentes de impartición de cursos de posgrado, así como la posibilidad de incorporar nuevas líneas de generación y aplicación de conocimiento en las instituciones receptoras.

Lo anterior, sin dejar de resaltar que existen marcos normativos en las diferentes instituciones que deben modificarse para permitir un desarrollo armónico de los proyectos de los catedráticos, en beneficio tanto de las instituciones receptoras como del desarrollo los propios catedráticos, señalaron. Además, destacaron que es necesaria una mejor articulación de la dirección de cátedras Conacyt con los enlaces institucionales.

Ángel Huerta Ocampo, catedrático Conacyt asignado a la Coordinación de Ciencia de los Alimentos del CIAD, a nombre del comité organizador, integrado por los doctores Miguel Ángel Hernández Oñate, Leticia Xóchitl López Martínez, Jesús Abraham Domínguez Ávila y Rey David Vargas Sánchez, comentó que el Simposio cumplió con el objetivo de ser un foro para la comunicación directa y asertiva entre autoridades del Conacyt, enlaces institucionales y jóvenes investigadores, el cual permitió mostrar algunas de las contribuciones del trabajo de los catedráticos en las instituciones que los reciben.

Destacó el valor de la realización de este primer evento como un encuentro que favorece la cooperación y articulación entre los catedráticos de la región e hizo votos para que solo sea el primer evento en su tipo en Hermosillo y que en los próximos años se incorporen otras instituciones participantes.

Finalmente, extendió un agradecimiento a las coordinaciones de Programas Académicos, de Vinculación y de Investigación del CIAD, por las facilidades otorgadas para la realización del evento, cuyas memorias pueden descargarse en www.ciad.mx/simposiocatedras.

 

En el marco del Día Mundial de los Humedales 2020, el 7 de febrero del próximo año se realizará el Segundo Coloquio de Investigación Área Natural Protegida del Estero El Soldado.

Este evento se celebrará con el propósito de conocer los avances y resultados de las investigaciones sobre los recursos y fenómenos naturales del estero El Soldado y sus alrededores.

La Comisión de Ecología y Desarrollo Sustentable del Estado de Sonora (Cedes) es la institución responsable de la organización del Coloquio, el cual se llevará a cabo en el auditorio del Centro de Visitantes, ubicado en carretera Delfinario, Las Tinajas, kilómetro 1.8, en San Carlos, Nuevo Guaymas. 

Como parte del programa de actividades se realizarán presentaciones de ponencias, exposición de carteles científicos e impartición de conferencias de expertos(as) en temas de ciencias biológicas, además de que se desarrollarán mesas de discusiones científicas. Si requiere información sobre cómo participar, puede acceder al portal electrónico https://cedes.gob.mx/.

El Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) forma parte de la organización del Coloquio, junto a instituciones de educación superior como el Instituto Tecnológico del Valle del Yaqui, el Instituto Tecnológico y el Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste.

Jaqueline García Hernández, coordinadora del CIAD en Guaymas y representante de la institución en la organización de este evento, exhortó a la comunidad académica y al público en general a asistir, pues, dijo, es una oportunidad para conocer más sobre la ecología de este ecosistema costero de Sonora, en donde se realiza investigación biológica, ecológica y en temas relacionados con el cambio climático.

Investigadores(as) del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) compartieron con las nuevas generaciones de alumnos(as) del Centro lo que ha significado en sus vidas profesionales el haber egresado de esta institución.

El panel estuvo conformado por los doctores(as) Elizabeth Carvajal Millán, Rogerio Rafael Sotelo Mundo, Jesús Fernando Ayala Zavala y Aarón Fernando González Córdova, todos actualmente investigadores(as) del CIAD; también participó Josafat Marina Ezquerra Brauer, profesora de la Universidad de Sonora.

Herlinda Soto Valdez, extitular de la Coordinación de Programas Académicos del CIAD, fungió como moderadora del encuentro. En el acto de apertura, indicó que este evento se realiza como una forma en la que la institución da seguimiento al desempeño de sus egresados.

En su intervención, Soto Valdez indicó que, de la maestría en ciencias que inició en 1983, a la fecha han egresado 1,119 personas. También aprovecho la oportunidad para agradecer a Mauro Valencia Juillerat y Carlos Peña Limón, exdirectores del CIAD, quienes fueron los impulsores de este posgrado.

Los panelistas compartieron con un auditorio abarrotado por estudiantes, profesores y público en general, anécdotas sobre sus vivencias como alumnos(as), subrayando que la voluntad por continuar preparándose académicamente fue el denominador común que los motivó a continuar hasta el doctorado.

Coincidieron en que en sus etapas como alumnos del CIAD, el acompañamiento de los profesores fue clave para concluir sus metas, así como la solidaridad de los alumnos(as) que se apoyaban mutuamente, y que ahora son compañeros de trabajo.

Los investigadores(as) del CIAD recomendaron a los estudiantes que se dieron cita al foro que para sus carreras será determinante buscar constantemente la vinculación con otros grupos de investigación, así como colaboraciones en otras áreas en las que puedan aplicar sus conocimientos y donde, sobre todo, puedan actualizar su bagaje científico.

 

Candelaria Ochoa Ávalos, titular de la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres (Conavim), visitará el Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) para encabezar el conversatorio “La política pública en la prevención de la violencia feminicida” en Hermosillo, Sonora.

El próximo martes 10 de diciembre a las 10:30 horas se realizará este evento en el Salón de Usos Múltiples del CIAD, con motivo de los dieciséis días de acción conmemorativos al Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

El conversatorio tiene el propósito de promover la reflexión y sensibilización acerca de los diferentes tipos de violencia que sufren las mujeres en México, así como analizar los esquemas de justicia, prevención, atención, sanción y erradicación.

Gilda Salazar Antúnez, profesora de la Coordinación Regional del CIAD y organizadora del evento, comentó que tener a la titular de la Conavim en Sonora es una oportunidad para abonar al debate académico en torno al diseño de políticas públicas necesarias para prevenir los feminicidios, un fenómeno que amenaza la paz social del país.

Agregó que Ochoa Ávalos es académica de la Universidad de Guadalajara y pionera en América Latina en estudios de género, por lo que será muy interesante conocer cuáles son las estrategias que el gobierno federal tiene planteadas durante el presente sexenio para prevenir y erradicar la violencia hacia a la mujer.

La invitación es abierta al público en general. Puede recibir mayor información a través de las redes sociales del CIAD.

Como parte de las actividades de los dieciséis días de campaña del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, y en el marco de su 37° Aniversario, el Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) realizó el foro “Mapas del feminicidio y políticas públicas”.

En el encuentro, académicas, activistas, representantes de instituciones y miembros de la sociedad civil participaron en un intercambio de conocimientos y propuestas para contribuir a visibilizar, atender y prevenir la problemática de los feminicidios en México desde el enfoque de las políticas públicas.

Gilda Salazar Antúnez, investigadora del CIAD y organizadora de este encuentro, comentó que el foro, realizado en memoria de todas las mujeres que han sido víctimas de feminicidios, fue un espacio para la reflexión sobre las condiciones de desigualdad y de violencia en que convive la sociedad.

El evento inició con la participación de Lucía Damián Bernal, geógrafa investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), especialista en temas de género y espacio, con la conferencia “Alerta ante la violencia: por un espacio libre de violencia para las mujeres”, en la que mostró un conjunto de mapas en los que se registraron con referencias geográficas las zonas del país en las que prevalecen los feminicidios.

En su charla destacó el valor de esta investigación para la creación de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, la cual expone cómo las relaciones y conductas sociales en un territorio pueden modificarse por problemas públicos, políticos y jurídicos, ya que para las mujeres el miedo a la violencia se convierte en un obstáculo constante para su movilidad en la vida cotidiana, debido a que la inseguridad interrumpe su libre tránsito por las ciudades y limita su acceso a recursos básicos.

Por su parte, María Salguero, activista en derechos humanos, presentó el “Mapa de Feminicidios en México”, proyecto de su autoría que recopila información estadística con el fin de crear patrones sobre la ubicación, el contexto, perfil parcial de los agresores y motivaciones de los asesinatos a mujeres.

En su exposición comentó que en nuestro país el feminicidio es difícil de cuantificar por las distintas categorías que existen para clasificar un homicidio; sin embargo, en Sonora se ha detectado que la mayor prevalencia de víctimas se encuentra en el rango de 18 a 25 años y que las principales motivaciones para este crimen son la violencia comunitaria, la violencia familiar y el crimen organizado.

Más adelante, se desarrolló la mesa de debate “Los mapas de feminicidios: el impacto de los mecanismos de prevención y erradicación de la violencia”, en la que se intercambiaron puntos de vista sobre el papel de la academia para responder si es posible hablar de la prevención de el feminicidio sin antes atender la violencia estructural generalizada.

En la mesa se reunieron, además de María Salguero, Amelia Iruretagoyena Quiroz, profesora de la Universidad de Sonora e integrante del grupo de trabajo para la solicitud de Alerta de Violencia de Género (AVG) para Sonora (2019); Gilda Salazar Antúnez, consejera consultiva del Instituto Nacional de las Mujeres e investigadora integrante del grupo de trabajo para la atención a la solicitud de la AVG (2015-2017); Patricia Alonso Ramírez, activista por los derechos humanos y representante de la organización civil Federación Cobanaras, así como la académica Adriana Ortiz Ortega, profesora del Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset y coordinadora del secretariado técnico para el seguimiento de las peticiones de AVG en Sonora.

En su participación, Gilda Salazar explicó que la violencia estructural se puede entender como la que es ejercida por un orden o estructura social y que afecta la vida personal e impide la satisfacción de necesidades básicas para una vida con dignidad. Puntualizó, además, que es necesario que las investigaciones realizadas por la academia vayan más allá de la estadística y sean vinculantes con las instituciones y con los grupos de activismo.

Amelia Iruretagoyena Quiroz habló sobre las dificultades del mecanismo para solicitar el establecimiento de AVG en Sonora, debido a que implica trasladar el trabajo académico de investigación a un contexto práctico, por lo que sus propuestas son basadas en las categorías de derechos humanos para señalar cuáles son los cumplimientos que el Estado debe asegurar.

María Salguero comentó que el proyecto de los mapas del feminicidio contribuye a construir y entender el contexto de las agresiones para hacer visible que la mayoría de las víctimas son mujeres que viven en una situación de desigualdad, con lo que puede entenderse una incidencia de violencia sistemática que requiere el establecimiento de medidas de protección para su prevención.

Patricia Alonso Ramírez expresó que, como grupo activista, aún esperan la declaratoria de la alerta de género en Sonora, ya que esto permitiría la implementación de acciones que contribuyan a enfrentar las agresiones en contra de las mujeres. Añadió que, para favorecer la atención de esta problemática, el activismo y la academia deben tener la facultad de retroalimentarse para movilizarse de manera coordinada.

Por su parte, Blanca Luz Saldaña López, Coordinadora del Instituto Sonorense de la Mujer, dirigió unas palabras al auditorio, en las que convocó a la ciudadanía a tener presente la perspectiva de género y a tomar conciencia para reconocer qué acciones se pueden adoptar de manera individual para contribuir a la erradicación de la violencia contra la mujer y así abatir un problema que afecta a la sociedad a nivel mundial.

En el foro también estuvo presente Claudia Indira Contreras Córdova, Fiscal de Justicia del Estado de Sonora, quien comentó que actualmente se trabaja en la implementación de nuevas metodologías para que los procesos de procuración de justicia sean más eficientes, y que además se tiene el objetivo de brindar mayor atención a los casos de violencia familiar como medida de prevención para el feminicidio. 

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