El suero de la leche, conocido también como lactosuero, es el principal desecho en la producción del queso, y es obtenido a partir de la separación del cuajo de la leche. El lactosuero contiene 50% de nutrimentos, ya que es rico en carbohidratos, proteínas lípidos, vitaminas, minerales y agua.

Añadir valor al lactosuero ha sido de interés no solo para la industria de alimentos, sino también para el área de investigación. Esto último porque las proteínas del suero de leche son multifuncionales, ya que sus concentrados producidos después del filtrado pueden aplicarse en el área de alimentos en diversos procesos industriales, debido a sus propiedades para formar espuma, gel y emulsión. Entre los productos que encontramos en el mercado se encuentran productos lácteos (e.g. yogur, queso), salsas, fideos, galletas, carnes, entre otros.

Las proteínas del suero de leche tienen alto valor biológico, ya que contienen aminoácidos esenciales, lo que las vuelve atractivas para emplearse en la elaboración de diversas bebidas a base de frutas, carbonatadas y, las más conocidas, la elaboradas para deportistas; en general, estas últimas contienen carbohidratos, minerales, saborizantes y colorantes, toda vez que su función principal es prevenir la deshidratación y recuperar la pérdida de carbohidratos y electrolitos. Además, algunas bebidas podrían contener pequeñas cantidades de proteínas (aproximadamente 5%), provenientes principalmente del lactosuero.

Estudios previos han evidenciado que estas proteínas retrasan la fatiga y contrarrestan la descomposición de la proteína del músculo. En este último aspecto, las proteínas del lactosuero son ricas en aminoácidos como leucina, isoleucina y valina, los cuales son indispensables para estimular la producción de las proteínas en el músculo, es decir, para recuperar y regenerar el tejido. Por lo anterior, cada vez más encontramos en el mercado bebidas para deportistas que contienen proteínas del suero de leche.

Por otro lado, los hidrolizados de proteína del lactosuero son utilizados como suplementos para personas con necesidades especiales, tales como personas de la tercera edad y bebés prematuros, entre otras. Estas proteínas hidrolizadas contienen aminoácidos esenciales, por lo que son de absorción rápida a nivel digestivo, en comparación con otro tipo de proteínas sin hidrolizar. Además, a estos hidrolizados de proteína de lactosuero se les ha asociado con un menor riesgo a desarrollar alergenicidad.  

Las proteínas del lactosuero son más absorbidas que otro tipo de proteínas, por lo que se ha recomendado su consumo en los diferentes tipos de deportistas. En este sentido, se ha evidenciado que, para los físicoculturistas y personas que buscan incrementar músculos, es recomendable incluir en su dieta proteína del lactosuero con alimentos que proporcionen macronutrimentos, junto con ejercicio de resistencia. Asimismo, se recomienda el consumo de estas proteínas del lactosuero para mejorar la composición corporal.

Resultados en investigaciones han sugerido que, consumirla antes de realizar ejercicio, promueve que el cuerpo utilice la grasa como fuente de energía al mantener el tejido del músculo. No obstante, el consumo a largo plazo de dietas con alto contenido en proteína puede causar daño en los riñones, por lo que es indispensable que las personas vayan de la mano del cuidado de un especialista en nutrición.

Además de los beneficios encontrados para la reconstrucción de músculo en deportistas, diversos estudios han evidenciado que fragmentos de las proteínas del lactosuero son benéficos para la salud. En este aspecto, efectos como antioxidantes, antihipertensivos, inmunomoduladores y antidiabéticos, entre otros, han sido ampliamente reportados en diversos países. Por lo todo lo anterior, la industria y la comunidad científica busca nuevas alternativas para darle valor agregado a las proteínas del lactosuero.

 

Colaboración de Lilia M. Beltrán-Barrientos, Belinda Vallejo-Córdoba y Aarón F. González-Córdova, investigadoras(es) del Laboratorio de Química y Biotecnología de Productos Lácteos del CIAD.

Como parte de un esfuerzo colectivo coordinado por investigadoras de varias instituciones, regiones y generaciones, el libro Antropologías Feministas en México: epistemologías y éticas, prácticas y miradas diversas se ha publicado de forma digital con acceso libre, con el fin de contribuir a la construcción de una sociedad más informada en materia de género.

La obra es extensa, ya que el objetivo de las organizadoras ha sido incluir la mayor diversidad de experiencias que, sobre el campo de la antropología feminista de una época, se tiene registro. Las coordinadoras de la obra son Lina Rosa Berrio Palomo, Martha Patricia Castañeda Salgado, Mary Goldsmith Conelly, Marisa Ruiz Trejo, Monserrat Salas Valenzuela y Laura Valladares de la Cruz. A través de veinte capítulos se abordan desde temas relacionados con los modelos epistemológicos surgidos en los años ochenta hasta los acercamientos metodológicos, como el dialógico y el colaborativo.

En el libro también se presentan trayectorias personales y temas abordados desde la perspectiva feminista, que dan cuenta de la persistencia de la cultura patriarcal y la violencia estructural que lesiona los derechos de las mujeres y de otros sujetos diversos y se documentan expresiones de su agencia desde la academia, el activismo político, las organizaciones de la sociedad civil, los movimientos de mujeres indígenas, afrodescendientes, campesinas y LGBTTTQ, mostrando la vigencia del feminismo como una de las corrientes teóricopolíticas más significativas de este milenio.

Fueron más de cinco años los que tomó la conclusión de este proyecto, que, a decir de las coordinadoras, representa en su conjunto una contribución a los debates actuales y al diálogo dentro y fuera de las ciencias antropológicas.

Gilda Salazar Antúnez, profesora-investigadora de la Coordinación de Desarrollo Regional del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD), y coordinadora académica del diplomado “Violencias de género y prevención. Formación para la intervención social”, es autora del capítulo “Una mirada feminista en antropología”, donde presenta su reflexión en torno a la experiencia emocional e ideológica de más de cuatro décadas que orientó sus decisiones vitales para definir su práctica profesional, vinculada a una práctica de militancia política y feminista, y que, en síntesis, se convirtió en una manera particular de hacer antropología y construirse como antropóloga en un ejercicio de creación del propio autoconcepto.

La académica del CIAD invitó a la sociedad a leer esta obra, pues la considera un libro que, seguramente, se convertirá en un clásico y será una aportación para las nuevas generaciones estudiosas del “género”, de la misma manera que un referente a las aportaciones de los estudios feministas y al campo de los estudios de género.

Puede descargar el libro en formato digital en el siguiente enlace electrónico: http://dcsh.xoc.uam.mx/repdig/index.php/libros-dcsh/dcsh/item/392-antropologias-feministas-en-mexico.

 

La cantidad de desechos que producimos a nivel global ha aumentado de manera muy rápida en los últimos años. De acuerdo con el Banco Mundial (2018), al año se generan 2,010 millones de toneladas de desechos sólidos en el planeta, manifestación de que actualmente vivimos las consecuencias de una sociedad basada en la cultura de usar y tirar.

Debido a ese estilo de vida “descartable”, se proyecta que la cantidad de desechos a nivel mundial aumente 70% en los próximos treinta años, por lo que, si no se toman medidas urgentes y se continúa soslayando el problema, vivir entre la basura será parte del día a día en cualquier rincón del globo terráqueo.

El enfoque del reciclado se ha centrado en los residuos que representan un alto porcentaje de la basura, como la materia orgánica o los plásticos, por el tiempo que estos tardan en degradarse; sin embargo, una parte de estos residuos históricamente se ha ignorado y cada vez exige mayor atención: el aceite de cocina, que se utiliza en prácticamente todos los hogares mexicanos, el cual es preocupante porque un solo litro de aceite puede contaminar mil litros de agua.

Los aceites vegetales, cuyo consumo se ha incrementado en las últimas décadas, son considerados importantes en la dieta global, ya que se utilizan para freír, guisar y sazonar, y su uso depende del gusto de las personas. De acuerdo con la Procuraduría Federal del Consumidor (2019), en México el consumo per cápita de aceite es de diez litros por año.

Desde el punto de vista del cuidado a la salud, se recomienda que el aceite tenga un solo uso porque el sobrecalentamiento frecuente produce sustancias tóxicas para el ser humano, así que tarde o temprano una parte del aceite usado tiene que ser desechado, y comúnmente se vacía a la coladera o se mezcla con la basura doméstica.

¿Alguna vez te has preguntado si estás depositando el aceite en el lugar correcto?

Muchas personas no se han cuestionado esto y tampoco saben que, cuando el aceite es vaciado en los desagües urbanos, esto tiene grandes impactos en el drenaje o la basura, tales como:

  • Problemas en las tuberías de nuestras casas, obstruyendo y generando malos olores y creando un alimento ideal para las plagas (como ratas y cucarachas)
  • Acumulación en la red de drenaje, ya que el aceite vegetal mezclado con jabones y detergentes se convierte en un sólido que se adhiere a las tuberías o canales, produciendo una reducción en la capacidad de caudal, lo que en época de lluvias contibuye a las inundaciones
  • Aumenta los costos de operación de las plantas de tratamiento de aguas residuales, donde el aceite es retirado del sistema
  • Contaminación en cuencas internas, el mar y los acuíferos, formando una película superficial que afecta el intercambio de oxígeno con la vida marina, dañando al ecosistema y a las especies que lo habitan, además de que se adhiere al plumaje de aves y al pelaje de mamíferos
  • Bioacumulación de dioxinas en la cadena de alimentos del ser humano, lo cual contribuye al desarrollo de algunas enfermedades como el cáncer.
  • Contaminación del suelo, ya que eventualmente puede filtrarse y llegar a un cuerpo de agua subterráneo o superficial
  • Pérdida de la posibilidad de reciclar o reusar algunos de los residuos que estuvieron en contacto con el aceite

 

Si el desagüe de nuestras casas no es el lugar correcto, entonces, ¿dónde debemos colocar el aceite usado?

El primer paso después de usarlo es dejarlo enfriar y después colocarlo en una botella de plástico con tapadera (tipo PET). Cuando tengas la botella llena, ubica un punto de acopio en tu localidad y allí se encargarán de darle la disposición adecuada que no impacte el medio ambiente; incluso en algunos lugares reutilizan este aceite en procesos distintos al alimenticio.

Existen muchos centros de acopio en México, así que te invitamos a que investigues si en tu ciudad hay alguno y contribuye con esta actividad al cuidado del medio ambiente. Y cuando estés preparando tus siguientes papas a la francesa, recuerda que, después de comerlas, el aceite lo puedes poner en cualquier botella de plástico y con eso estarás ayudando al planeta, a la vez que contribuirás a evitar muchos problemas urbanos y de salud.

Colaboración de María Carolina Ceballos Bernal, educadora ambiental de la Coordinación Regional Mazatlán del CIAD.

En reconocimiento a su destacada trayectoria académica y como investigadora, Belinda Vallejo Galland, profesora del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD), se ha convertido en la primera Investigadora Emérita del Centro por parte del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

Esta distinción se le otorgó en la más reciente evaluación realizada por el SNI, la cual constituye el máximo reconocimiento que, en forma vitalicia, se concede por esa instancia en retribución a quienes sobresalen por la calidad de su producción y la formación de nuevos(as) investigadores(as), grupos de trabajo y redes de investigación, así́ como por su aportación al fortalecimiento de la investigación científica y tecnológica del país.

La doctora Vallejo Galland ingresó al CIAD en 1994 y actualmente es profesora investigadora titular “E” adscrita a la Coordinación de Tecnología de Alimentos de Origen Animal del CIAD en las áreas de investigación en calidad, autenticidad y trazabilidad de alimentos, química y biotecnología de productos lácteos y química del sabor.

Su formación académica como química inició en la Universidad Iberoamericana (1978) y posteriormente realizó una maestría (1984) y un doctorado en ciencias por la Universidad de Columbia Británica en Vancouver, Canadá (1992), especializándose en ciencia y tecnología de los alimentos. Tiempo después sirvió para la misma universidad en el entonces Departamento de Ciencia de los Alimentos, como asistente de investigación del profesor Shuryo Nakai, quien fuera su mentor en la realización de su doctorado. Durante su estadía en Canadá también colaboró con el Ministerio de Salud (Health Canada) en los laboratorios responsables de la verificación de la conformidad en aspectos de calidad para alimentos, drogas y medicamentos.

Además de los múltiples reconocimientos que ha recibido en el CIAD en los rubros de Investigación, Docencia y Vinculación, ha sido acreedora al Premio Nacional en Ciencia y Tecnología de Alimentos “Coca-Cola-Conacyt” en 2006 y 2011. Además, fue galardonada con el Premio a la Investigación del Año, que le otorgó el Centro de Investigaciones Pecuarias del Estado de Sonora en 1997, 1998 y 2002. Asimismo, recibió el Premio Internacional “George F. Stewart”, que brinda el Instituto de Tecnólogos en Alimentos (IFT, por sus siglas en inglés) en 1997, 1998,1999 y 2002.

Desde 1996 a la fecha es responsable del Laboratorio de Calidad, Autenticidad y Trazabilidad de los Alimentos, enfocado en investigar el desarrollo de metodologías analíticas para autentificar y realizar la trazabilidad en la calidad de alimentos y bebidas, a través de la detección y la cuantificación de analitos específicos como marcadores de la autenticidad o de la adulteración. Este laboratorio fue pionero en México, pues fue de los primeros en abordar, como parte central de sus estudios e investigaciones, la tarea de verificar que la etiqueta nutrimental y la lista de ingredientes fuera en realidad lo que contiene el alimento.  

Al recibir su nombramiento como investigadora emérita, la doctora Vallejo Galland manifestó sentirse emocionada, satisfecha y agradecida y reconoció que esta distinción no la hubiese podido lograr sin el apoyo de su grupo de trabajo y de su familia.

A través de un comunicado, Pablo Wong González, director general del CIAD, felicitó a la investigadora, congratulación a la que se sumaron colegas del Centro y de la comunidad académica sonorense.

La producción y consumo de carne de ave en el mundo ocupa el segundo lugar después de la carne de cerdo, con una tasa de incremento de alrededor de 1.2% anual. En el caso de México, la carne de pollo ocupa el primer lugar, con un consumo per cápita estimado de 34 kg en el 2020.

 

La carne de pollo tiene un menor contenido de grasa intramuscular que la de cerdo y res, su proteína es altamente digestible y es buena fuente de minerales y algunas vitaminas del complejo B, razones por las que, junto con su precio accesible, la hacen preferida por el consumidor.

 

Sin embargo, a pesar de las bondades nutricionales de esta fuente cárnica, a veces escuchamos o leemos información, principalmente en redes sociales, acerca de que a los pollos se les “inyectan hormonas” para acelerar su crecimiento, por lo que se presume que su carne representa un riesgo de salud para el consumidor.

 

Estos comentarios están basados en el antecedente de que en la avicultura de los años cincuenta del siglo pasado, debido a que las aves macho para producción de carne eran de crecimiento lento, se utilizó por algunos años el dietilestilbestrol (DES), un compuesto sintético con actividad estrogénica, que además de ocasionar una castración hormonal, aceleraba el crecimiento del ave. El DES desde hace muchos años está prohibido para su uso en la producción animal, debido a la evidencia de su alta residualidad en los tejidos animales.

 

El sistema de producción avícola actual es altamente eficiente, gracias al nivel de tecnificación y los estrictos programas sanitarios y de medicina preventiva, además del manejo nutricional. Asimismo, de manera particular, el sistema de engorda de aves para carne usa líneas comerciales de animales genéticamente mejoradas, que alcanzan el peso vivo para su comercialización cuando tienen entre seis y siete semanas de edad. El nivel de hormonas somatotrópicas naturales que promueven el crecimiento del ave está en plenitud en estas primeras semanas de vida. Por lo tanto, en este período tan corto de alimentación no sería redituable el uso de hormonas sintéticas.

 

Es importante mencionar que en México y otros países de América Latina aún se permite el uso de antibióticos promotores de crecimiento (APC) en la producción de pollos de engorda. Estos APC se usan en dosis subterapeúticas, ya que mejoran la conversión alimenticia, la digestibilidad de los nutrientes y, por lo tanto, la ganancia de peso del animal. Dentro de las indicaciones de uso, se establece que deben dejar de administrarse unos días antes del sacrificio del animal, para asegurar que no aparezcan residuos de estos en la carne. Sin embargo, debido a la preocupación de los consumidores por su salud y los posibles efectos secundarios que puedan acarrear estos APC, muchos países han establecido legislaciones que prohíben su uso en la avicultura.

 

Actualmente ya hay varios productos alternativos al uso de APC, que se usan con mayor frecuencia en la alimentación de los pollos de engorda; entre ellos podemos mencionar a los probióticos, prebióticos, ácidos orgánicos y compuestos puros o mezclas de extractos obtenidos de plantas, los cuales han mostrado tener efectos benéficos en la promoción del crecimiento animal, sin representar algún tipo de riesgo para el consumidor. Por lo anterior, podemos mencionar que la carne de pollo disponible en el mercado formal de México (de producción nacional o importada) no posee hormonas sintéticas que puedan implicar un potencial riesgo para nuestra salud. Por el contrario, podemos aprovechar el beneficio de su calidad nutricional como parte de nuestra dieta.

 

Referencias

OECD/FAO (2020). OCDE‑FAO. Perspectivas Agrícolas 2020‑2029, OECD Publishing. París. https://doi.org/10.1787/a0848ac0-es.

Dibner, J. J. y J.D. Richards (2005). Antibiotic growth promoters in agriculture: history and mode of action. Poultry Science 84(4): 634-643.

Hamid H., L. H. Zhao, G. Y. Ma, W. X. Li, H. Q. Shi, J. Y. Zhang, C. Ji, Q. G. Ma. (2019). “Evaluation of the overall impact of antibiotics growth promoters on broiler health and productivity during the medication and withdrawal period”. Pultry Science 98(9): 3685-3694.

Lillehoj, H., Y. Liu, S. Calsamiglia et al. (2018). “Phytochemicals as antibiotic alternatives to promote growth and enhance host health”. Veterinary Research 49, 76.

 

Colaboración de Humberto González Ríos, investigador y titular de la Coordinación de Tecnología de Alimentos de Origen Animal del CIAD.

Con el propósito de conocer las necesidades de pequeños, medianos y grandes productores de granos y hortalizas en el noroeste mexicano, el Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD), desde su Coordinación Regional en Culiacán, y la asociación civil Fundación Produce Sinaloa, invitan al conversatorio “Cultivando hortalizas y granos sustentablemente”.

Se trata de un evento que tiene por objetivo proponer alternativas sustentables y amigables con el ambiente para el incremento en la producción de granos y hortalizas, a través de la vinculación de proyectos de investigación que contribuyan a la resolución de necesidades particulares del campo mexicano, como mejorar las estrategias de control de enfermedades e incrementar el rendimiento en la producción de los cultivos, con el uso de alternativas que disminuyan o eliminen el uso de agroquímicos.

En este encuentro virtual se abordarán diferentes temáticas sobre cómo generar acciones amigables con el ambiente enfocadas principalmente en tres aspectos que impactan la producción agrícola: 1) Alternativas para el tratamiento de enfermedades bacterianas en cultivos de importancia, utilizando tecnologías basadas en el uso de virus benéficos conocidos como bacteriófagos; 2) El desarrollo de productos orgánicos, como biofertilizantes, mediante microorganismos, para un mejor rendimiento de los cultivos; 3) La generación de herramientas para potenciar el mejoramiento genético asistido por marcadores moleculares, y con ello impulsar el desarrollo de variedades mejoradas con resistencia a múltiples enfermedades.

A través de la participación de grupos de investigación interinstitucionales (Facultad de Agronomía de la Universidad Autónoma de Sinaloa, Centro Interdisciplinario de Investigación para el Desarrollo Integral Regional, Unidad Sinaloa y Fundación Produce Sinaloa, además del CIAD), así como con la vinculación del gobierno e instituciones como la Confederación de Asociaciones Agrícolas del Estado de Sinaloa y la Asociación Mexicana de Horticultura Protegida (AMHPAC), que juegan un papel fundamental en la transferencia del conocimiento a los agricultores, se espera sumar esfuerzos con el fin de incidir en la soberanía alimentaria de México.

Con esta iniciativa se pretende ofrecer soluciones viables para que los productores(as) logren, a mediano plazo, reducir el consumo de agroquímicos y fertilizantes y disminuir con ello los efectos negativos al ambiente y en la salud humana y animal, así como otras ventajas socioeconómicas.

Asimismo, a través de este conversatorio se espera dar a conocer la importancia del aprovechamiento de los recursos naturales y la riqueza genética de variedades nativas vegetales de nuestro país como una alternativa para resolver algunos de los problemas que impactan al campo mexicano.

El evento es el próximo 5 de mayo a las 13:00 horas (GMT-6, Sinaloa, México). Quienes deseen unirse al diálogo podrán hacerlo a través de la plataforma Zoom (https://bit.ly/convocatoriaFPS-CIAD). También será posible presenciar la transmisión a través de Facebook Live en el enlace electrónico www.facebook.com/ciad.conacyt.

Aarón González Córdova, coordinador de vinculación del CIAD, comentó que este conversatorio es una oportunidad propicia para vincular a las comunidades académicas y profesionales, el gobierno y la sociedad en general.

Si desea más información del evento, puede solicitarla a los correos electrónicos Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. y Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

 

 

En el marco del Día Internacional de la Madre Tierra y con motivo del Día Internacional del Libro, el Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) presentó una de sus más recientes publicaciones científicas, el libro Voces críticas emergentes en el contexto del sistema alimentario y problemática ambiental global.

La obra es de la autoría de Margarita Peralta Quiñónez y Beatriz Olivia Camarena Gómez, investigadoras de la Coordinación de Desarrollo Regional del CIAD. A través de los cinco capítulos que componen el libro, las autoras destacan la importancia de reforzar la agricultura a pequeña escala y la agricultura campesina tradicional, orientadas por prácticas agroecológicas, particularmente por el potencial que representan para el cuidado del medio ambiente al utilizar procesos de producción que suponen un beneficio para la conservación de los nutrientes del suelo, así como por su contribución a la producción para el autoconsumo familiar; prácticas y procesos necesarios de fomentar en el contexto actual de deterioro ambiental y pérdida de soberanía alimentaria.

Las académicas del CIAD compartieron que el libro surgió motivado por una década de trabajo científico que ambas han realizado sobre cultivos biointensivos y huertos familiares. Asimismo, agregaron que la obra es una reflexión sobre qué es lo que podemos ser y hacer como ecociudadanos, ya que el destino del planeta podría estar marcado por la huella humana, por lo cual es importante visibilizar las prácticas sociales, industriales y políticas predominantes que afectan los procesos ecosistémicos.

Pablo Wong González, director general del CIAD, fue el responsable de moderar el evento virtual donde participaron como comentaristas los académicos(as) Lucié Sauvé (Universidad de Quebec, en Montreal, Canadá), Jesús Meraz Jiménez (Universidad Autónoma de Aguascalientes) y Mario Alberto Rodríguez Corona (Colegio de Estudios Científicos y Tecnológicos del Estado de Sonora, campus Santa Ana).

La investigadora canadiense manifestó que el libro destaca desde la perspectiva de la acción social, ya que reclama el despertar de la inteligencia colectiva e interroga sobre cuál es el papel de la educación ante la crisis medioambiental y agroalimentaria. Además, enfatizó que se debe tomar conciencia sobre la dependencia que la humanidad tiene con el equilibrio de los ecosistemas, ya que el bienestar del medioambiente está directamente relacionado con la salud humana.

Por su parte, Meraz Jiménez expresó que, a través de sus cinco capítulos, el libro destaca la importancia de la agricultura familiar a nivel mundial y el papel de la mujer en el desarrollo de las comunidades rurales como agentes transformadores. De igual forma, agregó que en la obra se subraya el acaparamiento de tierras agrícolas en el país por lo grandes capitales como uno de los desafíos que se debe de enfrentar en la actual política social.

A su vez, Rodríguez Corona manifestó que, capacitar a los jóvenes sobre la importancia de los huertos familiares, hará posible que las nuevas generaciones se vinculen con la Tierra y permitirá que tomen conciencia de que hay alternativas para las prácticas de consumo agroindustriales que tanto dañan el medioambiente.

Si a usted le interesa un ejemplar, puede adquirirlo enviando un correo a libreríEsta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

 

La melatonina es una hormona que se produce en la glándula pineal de nuestro cerebro y es la principal hormona implicada en la regulación de la oscilación entre sueño y vigilia. Esta se produce a partir de la hormona serotonina, la cual se sintetiza a partir del aminoácido triptófano, que se obtiene a través de la dieta o de complementos alimenticios; por ello, para mejorar la regulación del sueño, debemos potenciar la ingesta de alimentos ricos en triptófano, con el fin de favorecer la producción de melatonina en el organismo.

Cambios en la producción de melatonina

En individuos sanos, la síntesis de la melatonina se inicia al oscurecer y alcanza su máxima concentración entre medianoche y las tres horas de la madrugada. A partir de esta hora, su producción decrece gradualmente, siendo mínima durante el día. El pico máximo de melatonina coincide con el valor mínimo de la temperatura corporal. Durante la noche, la concentración plasmática de melatonina es seis a diez veces mayor que durante el día.

Factores que afectan la producción de melatonina

Factores intrínsecos: es importante saber que la cantidad de melatonina no es constante a lo largo de la vida. En los humanos, la producción se inicia a los tres o cuatro meses de edad y se va incrementando durante la infancia hasta alcanzar el máximo entre los ocho y diez años. Con la llegada de la pubertad, su síntesis se reduce de forma brusca. A partir de los cuarenta años disminuye gradualmente y a partir de los setenta años sus niveles bajan considerablemente, lo que pudiera explicar porque el insomnio aumenta a medida que envejecemos.  

Factores extrínsecos: la exposición a la luz artificial, entre medianoche y las cuatro de la madrugada, causa una completa inhibición de la secreción de melatonina durante ese tiempo. Por el contrario, la exposición a la luz natural por la mañana generará que el pico de secreción de melatonina ocurra antes. Cuando la exposición tiene lugar por la tarde, la fase se retrasa, lo cual muestra que existe una respuesta de producción de melatonina al efecto de la luz que puede ser usada para tratar problemas de sueño.

Alimentos para el sueño

Como se mencionó anteriormente, una opción para mejorar la producción de melatonina y favorecer la regulación del sueño es consumir alimentos ricos en triptófano, entre los cuales se encuentra la leche, frutas como los plátanos, que son ricos en triptófano, melatonina y magnesio, y el kiwi, que es rico en serotonina. Asimismo, los cereales como la avena y el arroz, o los frutos secos como las almendras y las nueces son fuentes naturales de melatonina.

Dormir es una necesidad biológica que nos permite mantener el bienestar físico y mental. La falta de sueño disminuye las habilidades para realizar tareas domésticas o laborales y puede generar ansiedad y mal humor, además de afectar el rendimiento intelectual. En conclusión, para descansar, nuestro cuerpo necesita mantener niveles óptimos de melatonina en sangre.

 

Referencias:

Poza, J. J., Pujol, M., Ortega-Albás, J. J. y Romero, O. (2018). “Melatonina en los trastornos de sueño”. Neurología. https://doi.org/10.1016/j.nrl.2018.08.002.

Solari, B. F. (2015). “Trastornos del sueño en la adolescencia”. Revista Médica Clínica Las Condes 26(1): 60-65.

Godos, J., Grosso, G., Castellano, S., Galvano, F., Caraci, F. y Ferri, R. (2021). “Association between diet and sleep quality: A systematic review”. Sleep Medicine Reviews, 101430.

Colaboración de Leticia Xóchitl López Martínez, investigadora del Laboratorio de Antioxidantes y Alimentos Funcionales del CIAD.

 

 

Ya han pasado cincuenta años desde el primer Día de la Tierra y la comunidad científica continúa alertando sobre las consecuencias que el calentamiento global ha tenido y tendrá en nuestra salud, en la alimentación y, en general, en el futuro de la humanidad. La contingencia sanitaria que impera hoy a nivel mundial nos ha recordado, igualmente, nuestra vulnerabilidad frente a una amenaza de magnitud global.1

La pausa obligada que hemos tenido que hacer en el último año quizá sea lo que nos ha salvado de continuar por un camino incierto, en el que la salud de la Tierra está cada vez más quebrantada por el calentamiento global, pues la temperatura sigue subiendo y subiendo, de tal modo que en esta realidad es muy oportuna la analogía de la fábula de la rana hervida con el fenómeno de las altas temperaturas que la sociedad silenciosamente está viviendo. Esta fábula retoma la creencia popular que dice que “…la rana se quedará tranquila, sin darse cuenta de que el agua se está calentando. El aumento de la temperatura será tan sutil que su cuerpo se irá adaptando al cambio, hasta que finalmente muere hervida, casi sin darse cuenta”.2

Por otro lado, la crisis climática global que enfrenta la humanidad, en esta “nueva normalidad”, implica resistir además a la anormalidad ambiental3 lo cual puede representar el desencadenamiento de procesos de adaptación a esta “nueva realidad”.

La fábula de la rana se retoma como una analogía para expresar nuestra realidad medioambiental y facilitar una mejor comprensión de la problemática que vivimos. En este Día de la Tierra se espera que más voces se sumen al llamado de vivir en mundo sano, bajo la convicción de que el mundo sin ti, sin mí, sin nosotros, seguirá su curso. En el campo de la comunicación y la educación ambiental, la tarea implica visibilizar los problemas socioambientales, sus causas y procesos de origen, además de identificar cuáles alternativas existen para solucionarlos o mitigarlos y considerar después las más convenientes a las particularidades de cada contexto. En esto último es menester revisar y analizar los mecanismos de instrumentación social más adecuados para lograr concretar o reforzar esas alternativas.

Conmemorar el Día de la Tierra brinda la oportunidad de realizar actividades de comunicación y educación en atención a los problemas ambientales (ferias ambientales, procesos de reforestación, seminarios, talleres, charlas informativas, etc.) para reflexionar sobre lo que podemos hacer como ciudadanos comprometidos con el cuidado del planeta, pero también permite desplegar esfuerzos en el rescate de los espacios públicos para fomentar o desarrollar las competencias ecociudadanas que se requieren ante la necesidad de participar de manera organizada en la solución de los problemas socioambientales más apremiantes.

En esto último, motivar la participación ciudadana, se advierte una dimensión política, debido a que tal actuación social permite “…el desarrollo de una inteligencia colectiva indispensable para la comprensión y la resolución de las problemáticas, ello contribuye a invertir en los espacios públicos de democracia participativa y a expandirlos”4. Los problemas socioambientales exigen redoblar esfuerzos para encaminar los procesos educativos a la formación de ecociudadanía. Se trata de “contribuir al desarrollo de una forma de relación con el mundo centrada en el vivir aquí juntos, una relación contextualizada y ubicada, que implica la responsabilidad colectiva respecto a los sistemas de vida de los cuales formamos parte, una ciudadanía que necesita competencias para insertarse de manera eficaz en las dinámicas políticas de decisión y acción relativas a los asuntos socioecológicos” (4).

La complejidad que entraña la problemática ambiental contemporánea, caracterizada como global, compleja y de origen antropogénico,5 exige a todos (investigadores, docentes, estudiantes, políticos, empresarios, trabajadores y ciudadanos en general) un compromiso individual y social con el cuidado y protección del medio ambiente global (natural, social y humano); esto es, de los equilibrios ecosistémicos que garantizan la vida en este planeta, al menos tal y como hoy la conocemos, y en donde la formación de competencias en el campo de la educación ambiental despliega un amplio abanico de posibilidades en ese sentido.

 

1 Noticias de la ONU. https://news.un.org/es/story/2020/04/1473182.

2 Qué es el "efecto de la rana hervida" que hace que perdamos interés por el cambio climático. https://www.bbc.com/mundo/noticias-47448899#:~:text=Una%20creencia%20popular%20dice%20que,hervida%2C%20casi%20sin%20darse%20cuenta.

3 Contreras Baspineiro, Adalid. “Comunicación y nueva normalidad”. https://www.alainet.org/es/articulo/210334.

4 Sauve Lucie. 2014. “Educación ambiental y ecociudadanía. Dimensiones claves de un proyecto político-pedagógico”. Revista Científica. Universidad Francisco José de Caldas, patrocinada por el Centro de Investigación y Desarrollo Científico, Colombia. ISSN impreso: 0124-2253. e-ISSN: 2344-8350.

5 Camarena-Gómez B. 2006. “La educación ambiental en el marco de los foros internacionales: una alternativa de desarrollo”. Estudios Sociales 28: 7-42. ISNN: 01884557. http://www.ciad.mx/coordinaciones/desarrollo-regional/revista-estudios-sociales.html.

 

Colaboración de Beatriz Camarena Gómez y Margarita Peralta Quiñónez, académicas de la Coordinación de Desarrollo Regional del CIAD.

 

La producción masiva de alimentos es una estrategia desarrollada desde hace décadas que ha intentado garantizar la disponibilidad de alimentos para la población mundial. Sin embargo, para lograr altos niveles de producción la agricultura se ha mecanizado y se han desarrollado prácticas que perjudican al medio ambiente, ya que explotan los recursos naturales (agua), deterioran y agotan el suelo y disminuyen la biodiversidad de especies.

 

Dentro de las prácticas agrícolas convencionales se puede mencionar el monocultivo, que consiste en dedicar el suelo al cultivo de una sola especie. Otras de estas prácticas son el uso de agroquímicos para el control de plagas y la fertilización del suelo, así como el uso de semillas híbridas o modificadas genéticamente (transgénicas). A pesar de este contexto mundial para la producción masiva de alimentos, la agricultura convencional no ha cubierto las expectativas de seguridad alimentaria; adicionalmente, la distribución equitativa de los alimentos no ha sido lograda.

 

Es importante destacar que, tanto en países en desarrollo como en países desarrollados, la agricultura familiar es la forma predominante para la producción de alimentos. Es por ello que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) tiene entre sus metas actuales reposicionar esta actividad para promover un cambio hacia un desarrollo más equitativo y equilibrado en la producción, orientado al aprovechamiento de la biodiversidad para producir alimentos de manera sustentable, esto es, a través de prácticas agrícolas benévolas con el medio ambiente. En este sentido, hoy en día es indispensable un cambio de paradigmas para lograr la seguridad alimentaria en los hogares, siendo una de las alternativas la producción de alimentos orgánicos a través del desarrollo de una agricultura de conservación.

 

A continuación, se describen cinco razones sobre la importancia de la producción de alimentos orgánicos:

 

Prácticas agroecológicas

 

La producción de alimentos orgánicos contribuye a incentivar la producción primaria mediante el uso de prácticas agroecológicas basadas en el manejo sustentable del cultivo, tales como la aplicación de composta orgánica para la fertilización del suelo y el uso de cobertura natural con residuos de la cosecha, el uso de semillas adaptadas a las condiciones climáticas de la región, que favorece la preservación de especies nativas, y la rotación o asociación de cultivos para la diversificación de alimentos. En conjunto, estas prácticas agrícolas contribuyen al manejo integral del cultivo.

 

Incrementan la biodiversidad

 

La implementación de prácticas agroecológicas para la producción de alimentos orgánicos no daña a otras especies de plantas y animales cercanas al cultivo, sino que las integra al ecosistema formando un espacio ecológico que beneficia a la producción y favorece la biodiversidad, permitiendo la conservación de especies nativas. Por ejemplo, la incorporación de plantas alopáticas o medicinales como cultivos asociados, puede ayudar al control de plagas y enfermedades de las plantas. Esto también incrementa las comunidades de microorganismos benéficos que habitan en el suelo y que contribuyen al crecimiento de las plantas.

 

Ayudan a conservar el medio ambiente

 

Debido a que en las prácticas agroecológicas se considera la producción orgánica de alimentos, uno de los beneficios es la eliminación de agroquímicos, los cuales contaminan los suelos, el agua y el aire. Además, estos productos químicos son tóxicos para el ser humano y contaminan los alimentos.

 

Productos saludables y nutritivos

 

Una visión productiva de alimentos bajo una agricultura de conservación, en la que se contemple el uso de abonos naturales para enriquecer el suelo y el control de plagas y enfermedades sin el uso de agroquímicos, permite obtener alimentos frescos e inocuos. El consumo de estos productos favorece una alimentación nutritiva, pues son una opción para sustituir el consumo de alimentos altamente procesados, los cuales causan daño a la salud.

 

Contribuye a la economía familiar

 

La producción de alimentos orgánicos en los hogares contribuye a la economía familiar, ya que estos productos serán incorporados a la dieta, significando un ahorro en el gasto. Asimismo, es una estrategia para la reducción de excedentes, el cual es un problema en la producción convencional, donde la producción excedente de alimentos normalmente acaba destruida en el campo.

 

En México, la seguridad alimentaria es un derecho constitucional, orientado a garantizar una alimentación nutritiva, suficiente y de calidad a toda la población. Sin embargo, el porcentaje de la población mexicana con algún grado de inseguridad alimentaria aún es crítico. La producción de alimentos orgánicos, utilizando semillas nativas, tales como maíz, frijol, hortalizas, etc., bajo una agricultura de conservación mediante prácticas agroecológicas, es un sistema realizado de manera ancestral por los productores en pequeño que puede contribuir a combatir este rezago de seguridad alimentaria en los hogares. Es muy importante mencionar que dichas prácticas agrícolas permiten la conservación de los recursos naturales y del medio ambiente.

 

Colaboración de Rosina Cabrera Ruiz, académica del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo.