Notas

 

El Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) recibirá la visita de Silvia Inés Molina y Vedia del Castillo, académica de la Universidad Nacional Autónoma de México, experta en comunicación política y migración.

 

Como parte de las actividades del posgrado en Desarrollo Regional del CIAD, la profesora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM impartirá el seminario “La metodología transdisciplinaria” y ofrecerá la conferencia “La resistencia al cambio desde una perspectiva transdisciplinaria”.

 

El primer evento está dirigido a la comunidad CIAD y se realizará en la sala 1 del edificio de la Coordinación de Desarrollo Regional, el próximo jueves 26 de octubre de 10:00 a 13:00 h.

 

El cupo para el seminario es limitado y requiere previa inscripción, la cual puede formalizar al llenar el registro que aparece en bit.ly/2zPM5Us, o a través de la Librería CIAD, con Vanessa Alejandra Armenta, disponible en la extensión 533 y en el correo electrónico Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

 

Asimismo, puede registrarse con el profesor Jesús F. Laborín Álvarez, a quien puede encontrar en la extensión 314 o en la cuenta institucional Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

 

La conferencia se llevará a cabo al día siguiente, el viernes 27 de octubre a las 11:00 horas, en el auditorio “Dr. Inocencio Higuera Ciapara”.

 

Semblanza profesional

 

Silvia Inés Molina y Vedia del Castillo es licenciada en sociología por la Universidad del Salvador (Argentina) y cuenta con una maestría en comunicación y un doctorado en sociología por la UNAM, misma institución que la distinguió con el premio Sor Juana Inés de la Cruz por una sobresaliente labor en la docencia, la investigación y la difusión de la cultura.

 

Silvia es miembro fundador de la Asociación Mexicana de Investigadores de la comunicación y de la International Association for Media Communication Research.

 

Su publicación más reciente es Crisis y Migración. Estrategias de los migrantes ante la crisis global (2016), obra en la cual compartió la coordinación con Alejandro Méndez Rodríguez.

 

Construir una experiencia de producir alimentos mediante la implementación de un huerto urbano resulta muy enriquecedora en términos de reflexión del proceso de producir los alimentos y de la alimentación misma. A continuación se describe el artilugio1 de la experiencia:

 

Básicamente la experiencia consistió en sembrar las semillas (espinaca, cilantro o rabanitos) en macetas; se siguió el procedimiento de sembrado de la semilla de hortalizas en el huerto familiar. Las macetas se colocaron en un lugar donde recibían la luz del sol. Se revisaban diariamente y, por vivir en un lugar árido y de mucha escasez de lluvia, se optimizó el agua. Durante el proceso se observaba si había señales de nacimiento de alguna germinación.

 

Desde su inicio, esta práctica agrícola dio lugar a la convivencia familiar y, cuando por fin nacieron las primeras plantitas, detonó la reflexión sobre “de dónde provienen nuestros alimentos y lo que implica producirlos”. Día con día observábamos su crecimiento y veíamos si había una mejor definición de las hojitas e, incluso, se vislumbró la posibilidad de hacer réplicas de esta práctica, en base a los resultados que se tenían a la vista.

 

Pero, en la implementación de este proceso, se hizo presente nuestra carencia de vocación campesina: un día la naturaleza se impuso y por la noche llovió a cántaros. Fue una lluvia sorpresiva que sorprendió a los pobladores de una ciudad semidesértica. Las macetas se inundaron de agua y las plantitas terminaron anegadas, cubiertas por el agua de lluvia; murieron por el exceso de agua. La experiencia nos permitió reflexionar en lo que implica producir alimentos en un contexto climatológico adverso, situarse en lo que pueden vivir y sentir los campesinos cuando les sucede algo parecido, la angustia y preocupación de no tener sus alimentos y en el cómo tienen que echar a andar su imaginación y creatividad para resolver los problemas en sus parcelas, porque para ellos lo que está en juego es su propia subsistencia –quizá sin saber que también la nuestra.

 

Esta vivencia misma de sembrar la semilla y de observar con detalle, en el día a día, todo lo que conlleva entender la realidad del proceso: los cuidados, el riego, el sentir lo que pasa ante eventos adversos y el extrapolar la situación a lo que puede representar tal hecho a pueblos o comunidades en desventaja social, sin duda fomenta en la familia la concientización y desarrollo de sensibilidad. Este reflexionar sobre todo lo implicado en el alimento que consumimos, en el contexto geográfico y natural que interviene y hace posible su producción, nos llevó a considerar la situación de vulnerabilidad de los pueblos en desventaja social y a reforzar nuestra responsabilidad como investigadores, ciudadanos e integrantes de una familia, en la necesidad de trabajar con mayor compromiso social y ambiental en cada frente que sea posible.  

 

Además, en un contexto donde, por un lado, la forma de alimentarnos ha modificado los patrones de alimentación en cada región por la influencia que ejercen las grandes empresas a través de los diversos medios de comunicación (se han enajenado las formas de alimentarse y complejizado los procesos de reflexión respecto a los procesos involucrados en tales prácticas) y, por otro lado, la contaminación ambiental asociada al uso de agroquímicos en la producción de los alimentos, problemática que afecta la fertilidad de la tierra, disminuye sus nutrientes y socava la producción de alimentos en el futuro, además de generar riesgos de salud.

 

Esta reflexión permite reconocer el trabajo del campesino, a valorar más su conocimiento de esas señales visibles e invisibles que manifiesta la naturaleza y, lo que es más importante, a reconocerle como actor social clave en la producción de alimentos y en el cuidado de la tierra. En todo caso, así como a nivel global se impulsan acuerdos internacionales respecto a las formas de producir alimentos que rescaten el conocimiento tradicional campesino y de los pueblos indígenas, en el Programa de Estudios Socio-Ambientales de la Coordinación de Desarrollo Regional del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD), se están llevando a cabo diversas prácticas agroecológicas a través de diferentes estrategias de educación ambiental in situ en localidades urbanas y rurales. Estas prácticas, además de fomentar la articulación familiar y producir alimentos libres de agroquímicos, propician el desarrollo de procesos reflexivos que inducen a un cambio de conciencia que bien podría traducirse en una ecología integral.2

 

Esta experiencia y reflexión nos motiva aún más a orientar esfuerzos para estrechar los vínculos que, como academia, necesitamos establecer con la comunidad en la búsqueda de alternativas productivas que coadyuven a conformar una sociedad más respetuosa del conocimiento del otro, del saber tradicional y de los equilibrios ambientales.

 

Bibliografía:

1 Benjamín Berlanga Gallardo. 2014. Fragmentos acerca del artilugio en la pedagogía del sujeto. Universidad Campesina Indígena en Red (UCIRed).

2 El Papa Francisco. 2015. La carta encíclica. Laudato Si. Sobre el cuidado de la casa común. Capítulo 4. Una ecología integral. Pág. 107.

Colaboración de Margarita Peralta-Quiñónez y Beatriz Camarena-Gómez

 

 

En el marco de las actividades de la Red Gestión Territorial para el Desarrollo Rural Sustentable (Red GTD), se realizó una jornada de acercamiento y diálogo con la población rural de Pueblo de Álamos, Sonora, en la que participó la investigadora de la Universidad del Cauca, Mayra Roxana Solarte Montoya, adscrita al proyecto de investigación Promoción e Innovación Social para el Desarrollo de la Cafeticultura del Cauca (Colombia)

 

La visita, llevada a cabo del 10 al 13 de octubre de 2017, forma parte del estudio “Prototipos regionales para la seguridad, la soberanía alimentaria y el combate a la pobreza en trece entidades de México”, encabezado por la Red GTD y promovido por el Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD), con apoyo del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

 

En el recorrido por diversas unidades de producción, tanto de la comunidad de Pueblo de Álamos como de la Sierra Huérfana, se intercambiaron experiencias y saberes en torno a la gestión territorial del desarrollo para la soberanía alimentaria, se ofreció un taller con el Grupo Acción Participativa (GIAP) y se impartió una plática sobre la importancia del rescate de semillas nativas a jóvenes del Centro de Bachillerato Tecnológico Agropecuario (CBTA) de Ures.

 

En la semana de actividades también participaron Araceli Andablo Reyes y María del Carmen Hernández Moreno, investigadoras del CIAD. También lo hizo Nehiby Alcántara Nieves, que al igual que Hernández Moreno, también forma parte de la Red GTD, quienes conversaron con las familias sobre sus estrategias productivas y de alimentación, así como del uso de sus patrimonios naturales.

 

En seguimiento al proyecto, del 13 al 21 de noviembre se realizarán recorridos, talleres y ejercicios con la población, con la participación del agroecólogo Pío Giovani Chávez, con el fin de diagnosticar el estado de la vida de los suelos, por medio de cromatografía de tierras, de fácil apropiación, para conocer con alta precisión su estado físico, químico y biológico.

 

Chávez es integrante del Grupo de Estudios Ambientales, A.C. y tiene experiencia en el uso de microorganismos para la recuperación de suelos dañados tanto en ecosistemas tropicales como áridos de México.

 

La Coordinación Regional Culiacán del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) y el Colegio de Bachilleres del Estado de Sinaloa (COBAES) firmaron un convenio de colaboración con el objetivo de promover la investigación científica y tecnológica entre los estudiantes de la preparatoria.

 

Firmado en Culiacán, Sinaloa, el 25 de septiembre del presente, y con el compromiso de María Dolores Muy Rangel, titular del CIAD Culiacán, y Sergio Mario Arredondo Salas, Director General del COBAES, el convenio está enfocado en incentivar la vocación científica de los jóvenes bachilleres.

 

El acuerdo establece favorecer el intercambio del personal académico para fines de experimentación, asesoría y docencia, así como exhortar a alumnos a vivir la experiencia del programa “Iniciación a la investigación”, que tendrá como sede las instalaciones del CIAD.

 

Arredondo Salas señaló que Sinaloa es un estado que necesita diversificarse, generar industria y valor a su producción agrícola, lo cual implica la necesidad de mano de obra calificada, por lo que instó a los estudiantes a considerar la química, ingeniería y biología, entre otras profesiones, que en la actualidad significan una oportunidad de inserción laboral.

 

Por su parte, Muy Rangel invitó a los jóvenes a aprovechar productivamente sus periodos vacacionales y visitar el CIAD para que logren visualizar un panorama de lo que es posible hacer en un centro de investigación, así como lo interesante que es participar en las ferias nacionales e internacionales de ciencias.

 

Como parte del acto protocolario, la coordinadora del CIAD fue invitada especial a la inauguración del laboratorio de concentración para las prácticas de física y química del plantel 26, "Ángel Flores", que tuvo una inversión de tres millones de pesos en materia de remodelación y equipamiento general.

 

 

Un motivo de orgullo para los sonorenses es que el primer lugar del Premio en Investigación en Nutrición 2017 en la categoría de Investigación Aplicada lo obtuvo un grupo de investigación conformado por académicos de la Universidad de Sonora (Unison) y del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD).

 

Los científicos emplearon una combinación de técnicas de alta precisión con las que, a través del suministro de agua marcada con óxido de deuterio a una madre en período de lactancia, es posible cuantificar la leche materna que consume su bebé, así como determinar la concentración de vitamina A en dicho alimento.

 

La importancia de este trabajo radica en que se formuló una estrategia innovadora en la cuantificación de transferencia de nutrientes entre la madre y el bebé, que hasta hace poco era solo estimativa, lo cual abre una ventana de posibilidades para aplicaciones en una amplia gama de mediciones de distintos elementos.

 

Su interés en enfocarse en la vitamina A reside en que México es un país clasificado con deficiencia subclínica; es decir, que un porcentaje de la población padece de deficiencia de dicho micronutriente, lo que se manifiesta en infecciones recurrentes. El grupo más afectado son los niños menores de dos años.

 

Esta propuesta cobra relevancia en el escenario actual, ya que los hallazgos brindan evidencia científica de los beneficios de esta práctica de alimentación, ponen de relieve la importancia de la cuantificación de los nutrientes para la nutrición del lactante y concientizan sobre la relevancia de la lactancia materna, una práctica que ha disminuido de manera importante en los últimos años.

 

El grupo de investigación coincide en que las políticas públicas de atención nutricional se han concentrado en la suplementación y fortificación de la dieta de los niños a través de diferentes programas. Sin embargo, la atención a la nutrición en el embarazo y la lactancia es limitada y esto repercute directamente en la salud del lactante.

 

Técnica y hallazgos

 

Para lograr esta investigación se utilizó la técnica denominada “dosis a la madre”, la cual consistió en dosificar con 30 gramos de óxido de deuterio a 59 mujeres residentes en Hermosillo, Sonora, quienes declararon alimentar a sus bebés al seno materno, de forma exclusiva o predominante.

 

Posterior a la dosificación se tomaron muestras de saliva a las madres y los lactantes en un período de 15 días, para medir la concentración de deuterio, misma que se determinó a través de ecuaciones matemáticas autorizadas por el Organismo Internacional de Energía Atómica (IAEA).

 

Entre los hallazgos destacan que la mayoría de lactantes no consume la cantidad mínima requerida de vitamina A, a pesar de ingerir un promedio de 750 mL diarios de leche materna, en la zona urbana, y 810 mL en la zona agrícola.

 

Además, se encontró que la leche de aquellas mujeres que sufrieron desnutrición en su infancia tenía menor cantidad de vitamina A; esto es, que los niños alimentados al seno materno por madres con este historial están en desventaja en comparación con otros, por lo que la deficiencia de estos nutrientes puede hacerse transgeneracional.

 

El equipo integrado por Verónica López Teros, Ana Teresa Limón Miro, Humberto Astiazarán García, Sherry A. Tanumihardjo, Orlando Tortoledo Ortiz y Mauro E. Valencia Juillerat, afirma que en su horizonte de investigación está el continuar analizando las posibilidades de aplicaciones de esta innovadora técnica, la cual es útil no solo para medir la cantidad de micronutrientes, sino, también, compuestos tóxicos y metales pesados, entre otros.

 

Se puede acceder de forma gratuita a la información completa en Nutrients 2017, 9: 169 (http://www.mdpi.com/2072-6643/9/2/169).

 

 

Un equipo de investigación integrado por académicos del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) y expertos estadounidenses fue reconocido con el segundo lugar del Premio en Investigación en Nutrición 2017 por sus hallazgos sobre el estudio de la diabetes.

 

Con el trabajo Aumento en diabetes tipo 2 y obesidad en indios pima y no-pima de México durante un periodo de 15 años: efecto del estilo de vida, el grupo liderado por el Dr. Julián Esparza Romero fue distinguido en la categoría Investigación Aplicada.

 

Desde 1991 Esparza Romero se ha dedicado a analizar la diabetes y obesidad en las comunidades pima de Maycoba, Sonora, México, y Arizona, EE.UU., con el propósito de determinar la importancia de los factores ambientales en el desarrollo de dichos padecimientos.

 

Las razones que motivaron al investigador del CIAD a emprender este proyecto es que sobre los pimas de Estados Unidos existe un seguimiento académico que data desde 1965, donde se ha demostrado que este grupo de personas son muy propensas a la obesidad y la diabetes, presentando la prevalencia de diabetes más alta a nivel mundial.

 

Dicha comunidad, que se caracteriza por llevar un estilo de vida occidentalizado, con dietas altas en grasas y bajos niveles de actividad física, contrasta con el de los pimas que radican en Sonora, con quienes comparten el mismo origen étnico, lo que propiciaba las condiciones para realizar un estudio comparativo.

 

En las conclusiones presentadas en 1995, Esparza Romero encontró que la prevalencia de diabetes y obesidad fue mucho menor en los indígenas mexicanos que en los estadounidenses, debido a que los primeros realizaban un mayor gasto de energía por actividad física y llevaban una dieta baja en grasa y con mayor fibra dietaria, lo cual funcionaba como factores protectores.

 

Para lo anterior fue necesario establecer un protocolo de investigación que cuidara utilizar similares procedimientos de reclutamiento y colección de información en ambas poblaciones, con el fin de salvaguardar la confiabilidad de las mediciones bioquímicas y sus resultados.

 

Quince años después, tras ver los cambios que había experimentado la etnia sonorense en su comunidad, que en 2010 ya contaba con energía eléctrica, agua entubada, televisión satelital, tiendas de conveniencia, aumento en vehículos, aparición de programas gubernamentales de apoyo social y apertura de empresas privadas, el grupo de investigación consideró importante repetir el estudio.

 

El nuevo proyecto planteó el objetivo de evaluar los cambios en la prevalencia de diabetes tipo 2 y obesidad en las mismas comunidades durante el periodo de 1995-2010 y su asociación con los cambios en el estilo de vida, principalmente en lo referente a la dieta y la actividad física, pero ahora agregando el índice de modernidad como un factor importante.

 

Gracias, nuevamente, al acceso de fondos económicos del Instituto Nacional de Salud (EE.UU.), los científicos del CIAD y del Instituto Nacional de Salud descubrieron que la prevalencia de diabetes aumentó de 1995 a 2010 en los hombres no-pimas (personas residentes en la comunidad que no comparten el origen étnico) y en menor grado en mujeres de ambos grupos.

 

Asimismo, encontraron que los índices de obesidad aumentaron en pimas y en no-pimas de ambos sexos. Dichos aumentos ocurrieron de manera concomitante a la transición de un estilo de vida muy tradicional a uno más moderno. Sin embargo, el hecho de que los pimas hombres mantuvieran una actividad física demandante ocasionó que estos no tuvieran aumento en diabetes, aunque hayan presentado obesidad.

 

Estos hallazgos, fruto de casi dos décadas en el estudio de la diabetes, y que le han merecido el segundo lugar en el Premio en Investigación en Nutrición 2017, significan una prueba fehaciente de que un estilo de vida basado en el ejercicio moderado y en una dieta rica en fibra y baja en grasas puede proteger al ser humano de desarrollar diabetes y obesidad, independientemente de su predisposición genética, concluyó Esparza Romero.

 

 

El Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) y la Asociación Mexicana de Horticultura Protegida (AMHPAC) firmaron un Convenio General de Colaboración Científica y Tecnológica a finales del pasado mes de septiembre.

 

Por parte del CIAD, este acuerdo lo refrendó María Dolores Muy Rangel, titular de la Coordinación Regional Culiacán, mientras que, por parte de la AMHPAC, los firmantes fueron Alfredo Díaz Belmontes, Director General, e Iris Carrasco, Directora de Inteligencia Comercial y Productiva.

 

Muy Rangel enfatizó que el objetivo principal de este convenio es continuar con el apoyo al sector agrícola, al ofrecer mayor calidad a sus productos, lograr que estén libres de patógenos y que tengan mayor valor agregado, lo que dará mayor certeza al momento de comercializarlos en mercados nacionales e internacionales.

 

Por su parte, Díaz Belmontes indicó que este proyecto busca realizar proyectos de investigación que mejoren las condiciones comerciales para los productores.

 

Mediante este convenio de colaboración, la AMHPAC y el CIAD alentarán la cooperación en las áreas que consideren de su interés, a través de la realización conjunta de proyectos de investigación científica y desarrollo de tecnología.

 

Asimismo, convinieron desarrollar propuestas de investigación básica y aplicada para ser sometidas a fuentes de financiamientos y llevar a cabo cursos, conferencias, seminarios, encuentros, talleres y congresos de interés común para ambas instituciones.

 

En la lista de acuerdos también destacan la generación de facilidades para participar en los programas contenidos en convenios celebrados con otras instituciones que puedan ser de interés mutuo.

 

Comunicado 77/17

Ciudad de México, a 18 de octubre de 2017.

El Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), lamenta el sensible fallecimiento del Dr. Gabriel Siade Barquet, acaecido durante la madrugada del 18 de octubre del año en curso.

 

El Dr. Gabriel Siade Barquet obtuvo el título de Químico Farmacéutico Biólogo de la Facultad de Química de la UNAM; posteriormente, realizó su tesis de Doctorado en el Laboratorio Ben May de la Universidad de Chicago, cuyo Director fue el Dr. Charles B. Huggins, Premio Nobel de Medicina, y bajo la supervisión del Dr. Juan Pataki. Obtuvo el grado de Doctor en diciembre de 1970, en la misma Institución de la UNAM.

 

También realizó estudios en el Massachussets Institute of Technology en 1980, y en el Rensselear Polytechnic Institute en 1989 sobre Desarrollo Tecnológico, Innovación y Emprendedurismo.

 

Fue profesor de tiempo completo en la Facultad de Química de la UNAM durante 19 años, alcanzando la categoría de Titular “C”.

 

Recibió más de 35 reconocimientos y distinciones, entre las que se destacan: “Académico Honorario” de la Academia Mexicana de Criminalística; la Medalla “25 Años de Autonomía” de la Universidad Autónoma de Querétaro; el Premio “CIBA de Ecología”; el reconocimiento por el “20 Aniversario del CIQA”; así como el Premio “1er Lugar de Ahorro de Energía y Energía Renovable” que otorgaron la Secretaría de Energía y la Comisión Nacional para el Ahorro de Energía.

 

El Dr. Siade fue el responsable del proyecto de “Cera de Candelilla”, primer proyecto de Trasferencia Tecnológica del Conacyt, cofinanciado por CONAZA, que culminó con una planta instalada en Tecomán, Colima.

 

Fue Subdirector de Investigación y Docencia de la Comisión Nacional de Fruticultura (CONAFRUT); Director Fundador del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Querétaro (CONCYTEQ), primer Consejo Estatal en desarrollar un Programa de Ciencia y Tecnología apoyado con recursos por el Conacyt y modelo para el establecimiento de Consejos Estales en 5 Estados de la República; Coordinador General de los proyectos Parque Tecnológico e Incubadora de Empresas de Base Tecnológica; Delegado Regional del Conacyt para la zona centro; Director Adjunto de Desarrollo Científico y Tecnológico Regional del Conacyt, responsable de poner en marcha los Sistemas Regionales del país y coordinar los Centros Conacyt; además Director Adjunto de Modernización Tecnológica del Conacyt; Secretario de Educación del Estado de Querétaro, logrando la regionalización del Estado, dotar de bibliotecas para fomento de la lectura en todas las aulas de educación básica, establecer los horarios de tiempo completo en las escuelas primarias y la edificación del Centro Cultural Manuel Gómez Morín, espacio dedicado a la educación y promoción de la cultura.

 

Fue Director General del CIATEJ, cuya administración se caracterizó por incrementar los indicadores de desempeño notablemente. Miembro de Órganos de Gobierno de los Centros Conacyt CIQA y CIDETEQ, y del Fideicomiso para Ciencia y Tecnología del CIDE.

 

Hasta el día de hoy se desempeñó como Director General del Centro de Investigación y Desarrollo Tecnológico en Electroquímica y Presidente del Consejo General Consultivo del Sistema de Centros Públicos de Investigación del Conacyt.

 

 

Con la participación de 12 equipos de trabajo de las coordinaciones regionales de Mazatlán y Culiacán, Sinaloa, y la de Ciencia de los Alimentos en Hermosillo, Sonora, dio inicio el curso taller sobre “Desarrollo de ideas de negocio”. Debido a la alta participación de las coordinaciones regionales del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) en Sinaloa, el taller está siendo impartido en Mazatlán, además de Hermosillo.

 

Dentro de los esfuerzos de vinculación con los sectores empresarial, gubernamental, académico y social que impulsa el CIAD, se ha decidido continuar fomentando el desarrollo de la cultura emprendedora, así como la transferencia del conocimiento y la tecnología generada por sus investigadores. Con esta iniciativa se busca, además, incentivar la creación de empresas de base tecnológica que generen empleos de alto valor y beneficios económicos en las comunidades en que se establezcan.

 

Las sesiones de trabajo se están llevando a cabo desde el pasado mes de septiembre y continuarán el presente mes de octubre y, en estas, investigadores y técnicos del CIAD se encuentran recibiendo capacitación en la materia. Los proyectos registrados son diversos: métodos de detección para enfermedades en crustáceos, métodos de diagnóstico para cáncer, generación de biogás a partir de desperdicios de origen acuático, inductores de brotación para plantas, desarrollo de alimento enriquecido con probióticos y prebióticos, bacteriófagos para el control de bacterias patógenas y alimentos para ranicultura y camoronicultura.

 

En los temas de emprendimiento social se trabaja con una Unidad de Manejo para la Conservación (UMA) de cactáceas y con un programa de educación sobre escuelas sustentables.

Perros ferales en área natural protegida. © Archivo Conanp.

Los perros ferales son perros feroces. La mayoría nunca ha experimentado una caricia humana y evitan cualquier contacto con el hombre. Los perros ferales no son perros callejeros, son depredadores implacables que cazan casi cualquier animal que se les ponga enfrente. Esta es la historia de una especie invasora y también la de una región, la Isla Cedros, en Baja California, un territorio sinuoso cubierto de niebla.

 

Por Amapola Nava

Ciudad de México. 27 de septiembre de 2017 (Agencia Informativa Conacyt).- Lo primero que Juan Pablo Gallo notó al llegar a la isla fue que había menos lobos marinos que la última vez que estuvo allí, muchos menos. La colonia se había reducido casi a la mitad si la comparaba con el último censo. Pero esta vez Juan Pablo no estaba allí solo para contar lobos marinos, así que echó un último vistazo a la playa y junto con sus colegas comenzó con la búsqueda.

 

El grupo de científicos tardó más en bajar de la lancha que en encontrar el primer indicio. El excremento del depredador manchaba la isla y de una de las heces sobresalía el fragmento de una costilla de lobo marino. Tomaron muestras como evidencia y continuaron. Pronto otra señal, el cadáver de una cría. Tenía la piel desgarrada y le habían arrancado el vientre. Al analizar el cuerpo, las marcas de mordidas se hicieron evidentes.

 

La investigación prosiguió a lo largo de un arroyo seco, donde encontraron echaderos y huellas de lo que parecía ser un carnívoro grande. Pero unos metros más adelante la búsqueda terminó. Los ladridos se escuchaban cada vez más cerca y los científicos no estaban preparados para enfrentarse con un animal que ya había atacado a otros seres humanos.

 

Cuidado con el perro

Los perros ferales son perros feroces. La mayoría nunca ha experimentado una caricia humana y todos evitan cualquier contacto con el hombre. Los perros ferales no son perros callejeros, no esperan fuera de los restaurantes a que el comensal piadoso les aviente un trozo de pan y no rondan los basureros en búsqueda de alimento. Los perros ferales son depredadores implacables, que cazan casi cualquier especie que se les ponga enfrente. Y, aunque prefieren presas pequeñas, que no superen los 50 kilogramos, han matado al enorme kudú, un antílope africano que llega a rebasar los 200 kilogramos de masa corporal.

 

Estos animales son descendientes directos de otro tremendo depredador, son una subespecie del lobo gris, Canis lupus. Pero, contrario a lo que podría pensarse, pertenecen a la misma especie que el perro que descansa plácidamente en el sillón de una familia en la ciudad o del que cuida el ganado en una zona rural. Biológicamente, los perros ferales son perros domésticos, Canis lupus familiaris, que se han aislado de la influencia humana y han adoptado un comportamiento salvaje.

 

Los perros de Cedros

El mayor tenía alrededor de 45 años y una barba que le llegaba hasta el pecho, se la había dejado crecer durante la larga temporada de pesca. El otro era un “chavalo jovenzón”. Sacaban langosta como cualquier otro día, pero de un momento a otro, la lancha, las trampas, todo se les volteó y tuvieron que varar de emergencia junto a un acantilado.

 

Sin forma de comunicarse o transportarse no les quedaba más que atravesar casi nueve horas de sierra y costa para llegar al primer poblado, así que comenzaron la marcha. No imaginaban que además tendrían que enfrentarse a una jauría de perros ferales.

 

Eran alrededor de 10, todos amenazantes, y no dejaban de acechar a los dos hombres. Si no hacían algo no llegarían nunca al pueblo.

 

“Sabes qué, me les voy a enfrentar, los voy a corretear a ver si así, con la barba y todo, se asustan. Si corren, nos vamos”, le dijo el mayor de los pescadores al chaval.

 

“Así fue como la libraron, al final regresaron caminando hasta el pueblo”, cuenta Jorge Amador Alameda, al recordar el incidente. Jorge es el actual presidente de la sociedad cooperativa Pescadores Nacionales de Abulón, S.C. de R.L., la organización de pescadores que lleva ya 74 años pescando y 100 años llevando víveres, gasolina y útiles a Isla Cedros, Baja California, la isla mexicana más grande del Pacífico.

 

Después del ataque, la cooperativa no pudo quedarse de brazos cruzados, y en el verano de 2004, Ramón Castro Amador, quien era secretario del Consejo de Administración de la cooperativa pesquera, pidió ayuda al doctor Juan Pablo Gallo, del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo, A.C. (CIAD), para informar a las autoridades que los perros ferales estaban agrediendo al venado, lobos marinos y a los pobladores.

 

Juan Pablo no pudo acudir al llamado en 2004, pero en enero de 2005 la cooperativa volvió a pedir su ayuda, y para mayo de ese año los investigadores ya estaban desembarcando en Isla Cedros, a punto de encontrarse con el cadáver destrozado de una cría de lobo marino.

 

 

Las heces

Aquella vez, al escuchar los ladridos, los investigadores tuvieron que huir de Isla Cedros. En ese momento ya no había nada más que pudieran hacer sin arriesgar su vida, pero de vuelta en su laboratorio Juan Pablo tenía otros métodos para obtener más pistas sobre los perros.

 

Las excretas del depredador podían revelar muchas cosas, una de ellas, su dieta. Juan Pablo lo sabía, y comenzó por separar todos los elementos que el sistema digestivo del perro no es capaz de desintegrar y que salen prácticamente completos en las heces. En su pesquisa obtuvo pelo, plumas y huesos de las presas.

 

Aprovechando que bajo el microscopio el pelo de cada especie de mamífero es diferente, el investigador pudo identificar en las cinco muestras de heces fecales un elemento en común, restos de Zalophus californianus. No había duda, los perros estaban comiendo lobo marino. Y no solo eso, también se alimentaban de elefante marino y de venado bura, una especie endémica en peligro de extinción.

 

Nosotros los vimos

“(Aun así) no teníamos forma de saber si el cadáver que encontramos lo habían matado los perros o si solo habían aprovechado para comerse la cría cuando ya estaba muerta. Los perros generalmente buscan carroña o cazan animales pequeños. Aunque si están muy hambreados, tal vez sí se arriesguen a cazar las crías”. Concepción García era parte del grupo de investigadores que llegó a la isla con Juan Pablo Gallo, y la única forma en la que se sentiría segura para contestar esta incógnita era si lograba observar el momento de la depredación. Cosa que no sucedió.

 

Pero los pescadores de Isla Cedros sí habían visto a los perros acechar y cazar a los lobos marinos. Habían visto al enorme venado bura adentrarse en el mar para huir del acoso de los cánidos y estaban preocupados por el ataque a los pescadores de la sociedad cooperativa.

 

 

 

La invasión o el origen de los perros

Cuando Isla Cedros se llamaba Huamalhuá, no tenía perros. Los cochimí la llamaban así, la neblinosa. Y probablemente así, cubierta en niebla, la encontraron los españoles cuando la “descubrieron” en 1540. Esta fue, quizá, la primera ocasión en que un perro tuvo la oportunidad de pisar la isla.

 

Pero los perros que hoy se alimentan de roedores, aves, reptiles, lobos marinos, elefantes marinos y del venado bura de Cedros, una especie en peligro de extinción que solo habita en esa isla, más bien son descendientes de las mascotas abandonadas por los pobladores del siglo XXI.

 

Parece que a los habitantes de Isla Cedros les gustan los perros de mascota, pero también parece que a algunos no les molesta que vaguen libres a ratos, ni tienen problemas con abandonar a sus cachorros, pues una gran cantidad de perros callejeros ronda por los poblados.

 

A estos perros no les hace falta comida, como Juan Pablo Gallo y sus colaboradores reportaron en un artículo de la revista Natural Areas Journal, la planta procesadora de alimentos suele desechar pulpo, langosta, abulón y pescado que no fue apto para el enlatado, y el festín se sirve en tiraderos a las afueras de los poblados sin supervisión humana.

 

Pero sin importar la abundancia de alimento, los perros son animales territoriales, y los grupos dominantes excluyen a otros perros del banquete. Poco a poco los desplazados amplían sus territorios a lugares menos poblados, comienzan a cazar y a adentrarse cada vez más en la isla, hasta que pierden completamente el contacto con las personas. Es allí cuando se acelera el proceso de asilvestramiento, los perros se multiplican, sus crías se vuelven ferales y se transforman en una especie invasora.

 

Los acarreados

Cuando los españoles llegaron al continente americano no llegaron solos. Los conquistadores no estaban dispuestos a abandonar el gusto de un jugoso tocino o de un buen vino, así que se aseguraron de que cada barco que navegaba con rumbo a la Nueva España fuera provisto de animales, plantas y semillas. Los conquistadores tratarían de establecer todo producto esencial de su cultura en el nuevo territorio.

 

Los perros tampoco llegaron solos a Isla Cedros, llegaron con sus garrapatas, sus virus, sus bacterias y sus parásitos. Por ejemplo, las tenias o solitarias encuentran un buen hábitat en el intestino del perro, al igual que algunas lombrices como Toxocara canis, y si por alguna razón estos parásitos entran al intestino humano, pueden infestarlo sin dificultad; tanto así que las personas comparten alrededor de 60 parásitos con los perros y los gatos.

 

Pero el peligro no es solo para los humanos, y el contagio fue uno de los temores que surgió en Concepción García y en Juan Pablo Gallo cuando observaron la interacción entre perros y lobos marinos en la isla.

 

Peligro de contagio en Cedros

El 25 de abril del año 2000, 50 crías de foca yacían muertas en Zuidwest Island, una región al noreste del mar Caspio. Ese fue el inicio de una epidemia que para el mes de julio, había matado al menos 11 mil focas en los cinco países que rodean el mar Caspio: Rusia, Kazajistán, Irán, Azerbaiyán y Turkmenistán.

 

Las focas que alcanzaron a ser vistas, enfermas y con vida, sufrían espasmos musculares parecidos a las convulsiones, estaban débiles, estornudaban constantemente y tenían escurrimiento nasal y ocular. Los análisis de laboratorio demostraron que la infección la había causado el virus del distemper canino, el mismo virus que provoca la enfermedad del moquillo en los perros.

 

Los científicos Thijs Kuiken y Seamus Kennedy, concluyeron en un artículo publicado en 2006, en la revista Veterinary Pathology, que el virus, en conjunto con un invierno inusualmente caliente y con otras bacterias que debilitaron su sistema inmunológico, aumentó la mortalidad de las focas 2.8 veces más que la media, es decir, mató a más de seis mil focas que en otras condiciones estarían vivas. 

 

El distemper canino probablemente había llegado a las focas por contactos ocasionales con perros ferales y lobos de las costas del mar Caspio y, de esa misma forma, podía llegar a contagiar a los elefantes y lobos marinos en Isla Cedros.

 

Moquillo en México

En 2005, cuando Concepción García Aguilar visitó Isla Cedros, ningún estudio había reportado la presencia del virus en mamíferos marinos de México, pero no por eso podía concluir que el contagio era imposible. Así que la investigadora del Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE) no abandonó la idea de indagar si los perros estaban transmitiendo sus patógenos a los lobos o a los elefantes marinos.

 

Tres años después de la visita de Concepción a Cedros, al otro lado de la península, en el golfo de California, Nora Rivera Gámez, estudiante de la maestría en veterinaria del Instituto Politécnico Nacional, tomaba con un hisopo muestras de mucosidad de la garganta de 50 crías de lobos marinos. El siguiente año, Nora volvió por más muestras y consiguió la mucosidad de otras 60 crías de lobo marino. Con los fluidos de 110 cachorros, Nora Rivera comenzó la búsqueda de morbillivirus, el grupo de virus al cual pertenece el distemper canino.

 

El distemper canino, como todos los virus, tiene como componente principal un ácido nucleico, que es una cadena de moléculas que le permite replicarse. Estas cadenas se clasifican en cadenas de ácido desoxirribonucleico, o ADN, y cadenas de ácido ribonucleico, o ARN, y están presentes en el material genético de todos los seres vivos. Así que, aunque el distemper canino fuera un virus de ARN, en las muestras de Nora habría cadenas de ARN de lobo marino y de todas las bacterias, hongos y virus que el animal pudiera tener.

 

A la estudiante le interesaba encontrar solo el distemper canino, así que seleccionó una parte del virus, una secuencia de ARN que fuera exclusiva del distemper canino y separó todas las cadenas que tuvieran esa secuencia. Una vez separadas, las comparó con las secuencias completas de virus del distemper que otros científicos ya habían detectado y registrado en bases de datos internacionales.

 

En total, 21 muestras de sangre tenían el virus del moquillo, pero ninguna de las crías había presentado señales de la enfermedad. Nora Rivera concluyó que habría que realizar más estudios para conocer por qué el patógeno no estaba enfermando a los animales, y presentó su tesis en 2010.

 

Del perro al lobo marino

Tiempo después, cuando Liliana Suárez Ramírez leyó la tesis de Nora Rivera, pensó que sería interesante saber si los perros de la región portaban el mismo virus que los lobos marinos, pues podrían ser los perros los que les estaban contagiando el patógeno.

 

Como parte de su tesis de maestría, en 2012 y 2013, Liliana recolectó muestras de sangre de 141 lobos marinos del golfo de California y del Pacífico, y de 10 perros domésticos y una cría de coyote que habitaban en Isla Magdalena, una isla del Pacífico. Al analizar las secuencias de ARN en las muestras, Liliana encontró el virus en la sangre de tres crías de lobo marino de una isla del golfo de California, en uno de los perros domésticos y en la cría de coyote.

 

Para enriquecer el trabajo, Liliana realizó pruebas inmunológicas para detectar si la sangre de los animales contenía anticuerpos para combatir el virus del distemper canino, así sabría si el animal o su madre alguna vez habían adquirido el virus pero no habían caído enfermos, o si enfermaron lograron sobrevivir. Resultó que tanto del lado del Pacífico como del golfo de California, los lobos marinos y los perros habían tenido contacto con el virus del moquillo, y este patógeno representaba una presión más para los lobos marinos que de por sí ya se enfrentan a la contaminación, a la pérdida de hábitat y en el caso de Isla Cedros, al acoso de los perros.

 

Justo en noviembre de 2014, cuando Liliana Suárez publicaba los resultados en su tesis de maestría, otra estudiante, Etna Carolina Ziehl Quirós, trabajaba analizando las muestras de sangre de 46 crías de lobo marino que había obtenido en Isla Guadalupe, Reserva de la Biosfera en el Pacífico. Concepción García era la directora de esta tesis.

 

Etna Carolina Ziehl utilizó pruebas inmunológicas para detectar patógenos en los lobos marinos, y aunque no encontró el virus del distemper canino en Isla Guadalupe, sí detectó anticuerpos para tres variedades de una bacteria llamada Leptospira, una de ellas, la variedad canicola, característica de los perros.

 

Esperanza para Cedros

Ya desde hace varios años que Federico Méndez Sánchez sentía que, en el tema de los perros ferales, la asociación civil que dirige tenía “un gran pendiente con Isla Cedros”, y no solo por proteger a los mamíferos marinos, también por proteger a las personas de la isla y al venado bura al cual “estamos a punto de perderlo, está en grave peligro de extinción”.

 

No es que Grupo de Ecología y Conservación de Islas, A.C. fuera completamente ajena al problema de Cedros; en 2006, junto con la sociedad cooperativa Pescadores Nacionales de Abulón, habían llevado a la isla a veterinarios para realizar una campaña de esterilización en el poblado. Pero después de ese primer esfuerzo, al grupo ya no le fue posible apoyar a los pescadores, que tenían años preocupados por el problema.

 

Por fortuna, los pescadores no desistieron en sus esfuerzos por conservar la riqueza biológica de la isla y gracias a su iniciativa, en diciembre de 2016, Cedros se convirtió en área natural protegida y la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) asignó personal y presupuesto para proteger el lugar.

 

Ahora, junto con la Conanp, el Grupo de Ecología y Conservación de Islas ha aceptado el reto de erradicar al perro feral y ayudar a la restauración de la isla. El trabajo ya ha comenzado y en julio de este año se realizó una semana de cultura ambiental para mostrar a los habitantes de la isla la dura situación en la que se encuentra el venado bura, especie de la cual parecen quedar menos de 20 individuos.

 

El siguiente paso será comenzar con el trabajo técnico en el norte de la isla, en el que diez personas de la asociación civil identificarán a las jaurías de perros, y mediante trampas y caza aérea y terrestre, capturarán a los animales. El grupo, además, realizará un censo exhaustivo de la población de venados bura.

 

Una fiera de mascota

Las opciones para controlar a un animal salvaje, como los perros del norte de Isla Cedros, son pocas. Dar en adopción a un perro así sería una irresponsabilidad, sería como regalar un perro de pelea que no obedece ni a su dueño. Por otro lado, mantener a un perro feral en un albergue pondría en riesgo al personal del lugar y le daría al animal una vida de encierro. Hay que tomar en cuenta que en las islas, una mordedura grave, una enfermedad como la rabia y cualquier emergencia médica es mucho más difícil de atender.

 

Además, los perros ferales ponen en peligro todo un ecosistema. Cuando se trata de especies invasoras, se debe pensar en el bienestar de la colectividad más que en el del individuo.

 

Aun así, el control se hace de manera compasiva. Las erradicaciones buscan reubicar a los animales cuando es posible y, cuando no, siguen los procedimientos de la Norma Oficial Mexicana NOM-033-ZOO-1995, que regula el sacrificio humanitario de los animales domésticos y silvestres. Bajo este concepto se trata de evitar cualquier dolor innecesario y el perro es anestesiado con fármacos que impiden su sufrimiento.

 

Dueños responsables

“El problema aquí es que muchas veces, cuando los perros domésticos tienen crías, los del pueblo los tiran en el basurero. Entonces los perros agarran para la sierra y de allí es como se ha poblado la sierra”. Jorge Amador sabe que sin la ayuda de los dueños, controlar los perros ferales será un problema irresoluble y lo saben también en el Grupo de Ecología y Conservación de Islas.

 

En todos lados, el problema de los perros ferales es un problema de tenencia irresponsable, de perros extraviados, perros abandonados o perros a los que se les permite vagar libremente.

 

Por esto, Federico Méndez y su grupo buscan involucrar a toda la comunidad en la resolución del problema e implementarán estrategias para que los perros de Isla Cedros no terminen de nuevo en la sierra. La esterilización es la medida de prevención por excelencia, pero si es posible, también explorarán la posibilidad de colocarles collares con chips de rastreo a los perros domésticos. De esta manera, los extravíos tendrían solución.

 

De vuelta a la isla

Sin el acoso constante de los perros es posible que el venado bura se reproduzca de nuevo, también es posible que los lobos y los elefantes marinos regresen a las playas del norte de la isla que hoy evitan y en las que solían resguardar a sus crías.

 

Pero eso solo el tiempo lo dirá. Por lo pronto, el grupo de conservación de islas espera que no sea necesaria la reproducción del venado en cautiverio, y los miembros de la cooperativa Pescadores Nacionales de Abulón esperan poder volver a mirar el venado entre la niebla.

 

 

Imágenes cortesía de:

© Archivo Grupo de Ecología y Conservación de Islas (GECI), J. A. Soriano.

© Juan Pablo Gallo.

© Archivo Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp).

© Archivo GECI, J. A. Soriano.

© Dag Peak.

Mobile Menu