Notas

 

Diana Luque

Investigadora de la Coordinación de Desarrollo Regional del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo

 

El pasado miércoles 21 de junio, a las 4.24 a.m., ocurrió el solsticio de verano del año 2017, según cálculos de los modernos astrónomos. Seguramente el lector habrá escuchado términos como la etnohistoria, etnoecología, etnobotánica, para referir los conocimientos tradicionales de las diversas culturas, generalmente de los pueblos indígenas. El prefijo etno antes del nombre de la ciencia nos señala que este tipo de disciplina científica tenía otro formato y otro contenido, según el grupo étnico en estudio. Así, por ejemplo, las etnobotánicas y etnofaunas dan cuenta del enorme acervo milenario en relación al uso y manejo de la biodiversidad que realizaban en sus territorios estas comunidades.

 

La etnoastronomía también ha sistematizado la gran diversidad de interpretaciones y representaciones que las comunidades indígenas han elaborado, a partir de la observación de los astros, el sol, la luna y las estrellas. Con base en estas observaciones, en particular de la luna, han surgido los calendarios, que generalmente son anuales, dándole seguimiento a los ciclos mensuales y a la identificación de los dos solsticios (verano e invierno), así como de los dos equinoccios. Es evidente que estos ciclos son iguales para cualquier grupo social. Sin embargo, cada grupo le ha dado nombres distintos; sobre todo, los “ajustes” tienen un fuerte componente simbólico que caracteriza a cada grupo y, más bien, están relacionados con sus sistemas de subsistencia.

 

Así, en las sociedades agrícolas, como las mesoamericanas, la milpa –y el maíz como especie central– marcaba los ciclos de sembradío, de los que derivaban diversas celebraciones de corte religioso. La mayoría de estos grupos identificaron el inicio del año alrededor de los solsticios; algunos en el día más largo del año, en verano, y otros en el más corto, en invierno, como el que rige actualmente al mundo moderno, que proviene del calendario gregoriano, aceptado en Europa desde el año 1582.

 

Para la comunidad indígena comcaac, mejor conocida como seri (cazadores, pescadores y recolectores nómadas milenarios de la Costa Central del Desierto Sonorense y Golfo de California, en el Estado de Sonora), su calendario anual inicia alrededor del solsticio de verano, cuando aparece la estrella cmaanc, según la astronomía de los antepasados. Esto sucede a finales del mes de junio y principios de julio. Así, junio se denomina como Imám imám iizax (luna de las pitayas) y, julio, Icoozlajc iizax (luna cuando se espolvorean de arena las vainas o péchitas del mezquite). Es decir, tanto las pitayas como los mezquites formaban parte importante de la dieta ancestral.

 

Durante cuatro días, a partir del 30 de junio, la comunidad comcaac festeja el Año Nuevo, que en su lengua materna le llaman Hant cmah quih. En estos días los pueblos de Desemboque y Punta Chueca, donde actualmente habitan, realizan una serie de fiestas que agrupan a varias familias cada una de ellas. Se cocinan platillos tradicionales, en particular, la moosni, que es el nombre génerico para las cinco especies de tortugas marinas que migran y habitan en su territorio y que ha sido su principal alimento desde hace dos mil años, seguido por peces, moluscos y venados. El gobierno federal decretó la veda total de las tortugas marinas, debido al colapso de sus poblaciones, pero debido al valor cultural que tiene para los comcaac, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) les autoriza la pesca de un par de ejemplares para esta celebración. Así, su pesca, matanza, cocinado y saboreado se vuelve el ritual principal de esta fiesta.

 

También se elabora el imam hamaax, que es una bebida sagrada tradicional que se elabora con la pulpa de la pitaya. Tortillas de mezquite y pasteles de xnoiz (trigo marino) pueden enriquecer esta fiesta. En estos días, hombres mujeres y niños portan sus hermosos trajes tradicionales y se esmeran en exhibir las milenarias pinturas faciales. Por doquier se escucha a los grupos cantando en la lengua materna y se ven sus danzas típicas. También las mujeres se prestan a jugar el tradicional amoiij, y los hombres también tienen el suyo, que, se dice, apuestan. Al final, se reparten regalos entre los ganadores.

 

Así, el Hant cmah quih es una excelente oportunidad de celebrar la diversidad cultural de México, esta vez con la comunidad comcaac, una cultura milenaria cuyo conocimiento tradicional es único en todo el mundo.

 

Yooz quij mizj massaiia comcaac / Que Dios bendiga a los comcaac

Diana Luque Agraz es coautora del libro Del mar y del Desierto. Gastronomía de los Comcaac (Seris). Ecoturismo y Pueblos Indígenas

 

 

 

Científicos del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) han emprendido un desarrollo tecnológico denominado Piscatus Biofertilizante, el cual consiste en una composta elaborada a base de residuos de pescado.

 

Esta iniciativa, encabezada por la Dra. Jaqueline García Hernández, investigadora de la Coordinación Regional Guaymas del CIAD e impulsada por la Coordinación de Vinculación del Centro, forma parte de los proyectos desarrollados a partir de la convocatoria IDi4Biz “ciencia-vinculación-emprendimiento”, la cual busca atender la necesidad del sector agrícola de contar con una opción de fertilizante altamente efectivo y amigable con el ambiente, ideal para cultivos orgánicos.

 

Las opciones comerciales de biofertilizantes no contienen los nutrientes suficientes y por lo mismo no son tan efectivas, razón por la cual los agricultores siguen optando por los productos químicos, explicó García Hernández.

 

 “Con nuestro producto ofrecemos una composta superior, con un alto contenido de nutrientes y fácilmente aprovechable por las plantas, y a un precio competitivo”, añadió la especialista en ciencias ambientales.

 

Promoviendo la sustentabilidad

 

El proceso de compostaje consiste en la liberación de los nutrientes atrapados en diferentes matrices mediante un proceso aeróbico llevado a cabo por microorganismos. Piscatus Biofertilizante realiza este proceso con seguimiento de pruebas de laboratorio, para obtener un producto estable y con alto contenido de nutrientes biodisponibles.

 

Los insumos para Piscatus se colectan de las actividades productivas de la región, derivados de la pesca en Guaymas y la agricultura en el valle del mismo municipio. Los residuos de pescado se obtienen del comercio local que genera más de doce toneladas al mes de residuos de pescados y mariscos de diferentes especies, los cuales normalmente son depositados en el relleno sanitario de la ciudad.

 

Sus creadores establecen como ventajas competitivas su alto contenido de materia orgánica y de nutrientes, así como un mayor rendimiento por hectárea. El proyecto ya cuenta con un plan de negocios y una marca registrada. Actualmente se produce a escala precomercial en la sede Guaymas del CIAD.

 

Planes y metas

 

García Hernández señaló que aun cuando su desarrollo fue ideado para la aplicación agrícola comercial, así como para el cultivo orgánico y de transición, su utilización es viable para su uso en invernaderos, hogares y áreas verdes en general.

 

 A mediano plazo, los científicos contemplan incrementar la escala de producción, utilizando maquinaria especializada, lograr la certificación orgánica de la marca a través de organizaciones como bio-agri cert inputs, realizar pruebas de fertilidad en diferentes cultivos y explotar derivados de la composta.

 

La Dirección General del CIAD, a través de la Coordinación de Vinculación, continuará impulsando el programa IDi4Biz “ciencia-vinculación-emprendimiento” para que en su próxima convocatoria se puedan sumar otros desarrollos tecnológicos del CIAD, evaluar alternativas de modelos de negocio y estructurarlos para ser transferidos al sector productivo nacional.

 

 

 

Un estudio realizado en 2012 por un investigador del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) encontró que en un sector de los jóvenes sonorenses hay sutiles manifestaciones de discriminación hacia los indígenas migrantes que habitan en la entidad.

 

En medio de una polémica nacional a raíz de un estudio presentado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en el que se expone que existe una relación entre el color de piel de los mexicanos y las oportunidades laborales a las que las personas pueden acceder, el estudio realizado por el CIAD recobra relevancia.

 

El trabajo llamado “Discriminación y prejuicios de jóvenes sonorenses hacia el migrante indígena”, elaborado por los profesores Jesús Laborín Álvarez (CIAD), Gloria Ciria Valdez Gardea y el estudiante Erik Parra Armenta, fue realizado a través de 780 encuestas aplicadas a estudiantes universitarios (hombres y mujeres), residentes en Hermosillo, Caborca y Nogales.

 

La primera dimensión evaluada, oposición al contacto, examinó el rechazo de los sonorenses para relacionarse con los migrantes indígenas en diferentes ámbitos de la vida cotidiana, como la familia, los amigos, el vecindario, el trabajo y los espacios públicos.

 

La tendencia general observa que a los jóvenes no les molesta o molestaría mantener relaciones con los migrantes indígenas, por lo cual se puede pensar que los jóvenes del estudio son tolerantes y respetuosos con las personas indígenas procedentes de otros estados del país.

 

El segundo factor, amenaza y rechazo, refiere la percepción de los encuestados sobre los migrantes como “personas en las que no se puede confiar, que se aprovechan de las condiciones, los recursos y la gente que los acoge, así como el gasto innecesario que representan para el estado y la nación”.

 

Se reportó la poca aceptación a que las minorías étnicas reciban algún tipo de ayuda de carácter gubernamental, social o económica, pues se consideró que no es necesario ayudarlos, ya que pudieran salir adelante por ellos mismos si así lo quisieran, además de que se ve como injusto que estos grupos ocupen puestos de trabajo que debería de tener la población local.

 

Finalmente, el aspecto diferencias culturales analizó la opinión de los entrevistados sobre temas como las tradiciones, alimentación, higiene, religión, relaciones de pareja, etcétera, donde se encontró que los sonorenses conciben a los migrantes como “un grupo ajeno y distinto”.

 

Los hallazgos describen que fueron los hombres quienes presentaron mayores niveles de prejuicio, cuya oposición a relacionarse con los migrantes indígenas se basa en que los perciben como “personas aprovechadas y en las que no se puede confiar” y, además, refieren más que las mujeres una exageración de diferencias culturales entre los sonorenses y el grupo migrante.

 

Cinco años después de este estudio, y en medio de la controversia que ha suscitado la encuesta sobre movilidad social realizada por el Inegi, Laborín Álvarez señala que mantenemos formas sutiles de discriminación hacia los mismos grupos minoritarios, tales como personas enfermas o de la tercera edad, grupos culturales indígenas, o por factores como apariencia física, discapacidad y preferencia sexual.

 

Lo anterior se explica por el mantenimiento de estereotipos y prejuicios que enaltecen la ascendencia europea o regional de ser del sonorense. Por último, el investigador del CIAD enfatizó que hay que leer con precaución los datos del estudio de Inegi sobre el color de las personas como un predictor de logro y movilidad social.

 

 

 

El retiro de la inversión proyectada por la compañía automotriz Ford para la planta de Hermosillo, Sonora, es una llamada de atención para que la entidad anticipe la necesidad de diversificar sus fuentes de generación de empleo e inversión extranjera, advirtió Luis Huesca Reynoso, investigador del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD).

 

Recientemente la transnacional informó que el ensamblaje del auto compacto Focus se producirá en China y no en México, como lo había comunicado hace meses, tras cancelar la construcción de una planta en San Luis Potosí, lo cual significará un ahorro de cerca de mil millones de dólares para el gigante automotriz.

 

Huesca Reynoso explicó que si bien esta decisión está basada en la rentabilidad de la empresa, para Sonora esto significa de 200 a 500 millones de dólares que se dejarían de invertir en la entidad entre 2017 y 2018 por esta decisión, mientras que medios de comunicación internacionales hablan de hasta el doble de la cifra para el país.

 

El economista del CIAD comentó que los empleos en el sector obrero que genera Ford son de los mejores pagados en Sonora, pues oscilan entre los 14 a los 16 mil pesos mensuales, y aunque indicó que no se anticipa pérdida de puestos en la planta de Hermosillo, de darse la situación impactaría negativamente el nivel de valor agregado por hora que genera el sector y, por ende, se reflejaría en el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita de la industria.

 

“Un obrero en Estados Unidos gana, en promedio, 29 dólares la hora, mientras que un hermosillense obtiene 4 dólares, es decir, hasta 7 veces menos. En el país, el PIB per cápita es de 9,500 dólares, cuando en Sonora la cifra es algo superior a 11,500 dólares anuales”, indicó el investigador.

 

Las demandas del futuro

 

Huesca Reynoso expuso que la decisión de trasladar la producción del Focus a la ciudad china de Chongqing se basa en que esta es una de las cuatro ciudades más grandes de ese país, tiene conectividad marítima a través del río Yang-Tse y mano de obra calificada, además de que, según la compañía Ford, la planta está subutilizada.

 

“Chongqing cuenta con cerca de ocho millones de habitantes (y 30 millones con los suburbios), y en China existe un mercado de clase media emergente, razón que motiva a Ford a trasladarse a una región que tiene el potencial de convertirse en consumidora de sus autos, lo cual no sucede en México por la caída en el poder adquisitivo”, sentenció el especialista en desarrollo regional.

 

Agregó que la venta de los autos compactos cayó un 20% en Estados Unidos, dado que la baja en el precio de la gasolina motivó la mayor compra de carros grandes, lo cual afectó las ventas del Focus compacto, que era producido en Sonora.

 

Por último, enfatizó que se observa una paradoja, donde pareciera que la cercanía geográfica de México con EE.UU. ya no es garantía para que las empresas vengan a invertir, como tampoco utilizar el discurso de la mano de obra barata, ya que el obrero industrial chino percibe ya, en promedio, una remuneración igual o superior al trabajador sonorense.

 

Por ello, añadió, Sonora debe reinventar su estrategia de venderse al mundo de competitividad global, incentivando mayor competencia en sus sectores con mejores salarios, exigencia que se hará cada vez más tangible en este campo, como ha sucedido en Aguascalientes y Saltillo, donde actualmente sus obreros calificados ganan mejores sueldos.

 

“Queda abierta la expectativa de que se introduzcan innovaciones en el caso de Ford-Hermosillo, en una planta de más de treinta años, y que se popularice el consumo de automóviles eléctricos compactos en un mediano plazo. ¿Será China o Hermosillo quien tome la delantera en esta innovación?, concluyó el investigador.

 

 

 Una infección hospitalaria o nosocomial es un proceso contraído durante la asistencia médica. La Organización Mundial de la Salud (OMS) reporta que, anualmente, más de 1.4 millones de personas contraen una infección en hospitales. En México, se reportan más de 450 mil casos de infecciones relacionados con atención sanitaria, los cuales provocan 32 muertes por cada 100 mil habitantes anualmente.

 

Pacientes geriátricos, personas inmunodeprimidas, receptores de quimioterapia y neonatos son los objetivos de estos agentes infecciosos oportunistas, debido a que su sistema inmune está debilitado, lo cual facilita la colonización de los microorganismos.

 

Bacterias, virus, hongos y otros patógenos están detrás de estas infecciones, que suelen ser difíciles de tratar con los antibióticos habituales. Puede haber contagios cruzados (cuando el agente se contrae de otro enfermo), endógenos (cuando procede de la flora del propio individuo) o ambientales (por contacto con material contaminado).

 

Algunos de los agentes infecciosos más comunes son: Klebsiella pneumoniae, Escherichia coli, Pseudomonas aeruginosa, Staphylococcus aureus, Candida albicans, Aspergillus spp, Virus sincitial respiratorio y rotavirus, entre otros.

 

Lo sucedido recientemente en el Hospital Regional No.1 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Culiacán, Sinaloa, donde se asocian al menos dos muertes de recién nacidos con una bacteria no definida aún, es un llamado de atención de la gran capacidad patogénica que tienen los microorganismos cuando acceden a ambientes donde se encuentran personas susceptibles.

 

La principal hipótesis es la presencia de una bacteria, y toda la atención se ha centrado en buscarla. Desde la perspectiva científica, se considera necesario averiguar en qué sitio del hospital estaba la bacteria que causó la infección y cómo llegó a este.

 

La forma de realizar un rastreo de la fuente de contaminación puede tardar meses, ya que se requiere evaluar muestras de pacientes infectados y muestras ambientales donde se presuma que estuvo la bacteria. Estos análisis se realizan en laboratorios acreditados del gobierno federal o en particulares.

 

Si un número significativo de pacientes coinciden con la misma especie bacteriana, se procede a cotejar con las muestras ambientales. Sin embargo, los resultados nunca han sido definitivos, y mientras el proceso de investigación epidemiológica continúa, más individuos se enferman.

 

Lo cierto es que la solución la tenemos todos. El cuerpo médico, el personal de limpieza y las personas que visitan el hospital. Si cada uno observara y aplicara las buenas practicas higiénicas que le corresponden, los riesgos de infección disminuirían significativamente.

 

En ninguno de los espacios hospitalarios se debe bajar la guardia, y esto incluye la sala de espera, donde frecuentemente personas consumen alimentos y deciden pernoctar hasta el momento de visitar a sus familiares enfermos.

 

El principal vehículo de contaminación son las personas; es decir, en algún momento esta bacteria y otras arribaron a los ambientes hospitalarios en un alimento, ropa, equipos de comunicación (teléfonos, tabletas, etc.) o en las personas mismas. Por lo tanto, se deben de aplicar de manera irrefutable las buenas prácticas higiénicas.

 

El personal de limpieza del hospital debe verificar que esto se cumpla, y los visitantes en las salas de espera deben evitar consumir alimentos y abstenerse de traer consigo, en la medida de las posibilidades, enseres del hogar.

 

A continuación se presentan algunas alternativas para minimizar el riesgo de infección:

 

  • Llevar consigo gel a base de alcohol o toallitas impregnadas con desinfectante
  • Frotar las superficies con las cuales se tendrá contacto
  • Frotar frecuentemente las manos con gel a base de alcohol antes de utilizar cualquier equipo personal
  • Evitar permanecer en sala de espera con síntomas parecidos a la gripe (estornudo, flujo nasal, entre otros) o enfermedades diarreicas
  • Evitar tocarse la cara (boca, nariz, ojos y oídos)
  • Exigir a las autoridades del hospital que la sala de espera y los baños estén limpios y desinfectados y que provean de estaciones de lavado de manos con gel a base de alcohol

 

Mantener alejados a los microorganismos de los ambientes hospitalarios previene infecciones a los más susceptibles.

 

Colaboración de Cristóbal Chaidez Quiroz, investigador de la Coordinación Regional Culiacán del CIAD.

 

El atún es uno de los alimentos más consumidos por los mexicanos, debido a su accesible costo y fácil preparación. Además, su aporte nutricional es importante, pues al igual que la mayoría de los productos marinos, destaca por ser una rica fuente de proteína y de otros constituyentes presentes en su fracción grasa.

 

La Norma Oficial Mexicana 084 (NOM-084-SDFI-1994) establece las especificaciones de información comercial y sanitaria para atún y bonita. De acuerdo con esta NOM, para su envase se permiten cantidades de hasta el 2% en peso de otros constituyentes diferentes al atún.

 

Es por ello que algunos de los atunes comerciales disponibles en latas o recipientes similares, no contienen solo atún, sino, también, soya añadida, que es utilizada con el fin de conferir textura al producto.

 

La soya no es perjudicial para la salud humana. Por el contrario, posee propiedades nutricionales importantes. Como lo indica la NOM-084-SDFI-1994, en el caso del atún su presencia no debe sobrepasar el 2% en peso, para garantizar que la participación de la proteína animal, que es lo que se está ofreciendo comercialmente, no se vea desplazada por la proteína vegetal, lo que, por otra parte, también tendría un efecto sensorial sobre la textura.

 

No obstante lo anterior, al consumidor solo se le notifica sobre la presencia de este vegetal, y no la cantidad con la que participa, lo que genera desconfianza.

 

En el Laboratorio de Calidad, Autenticidad y Trazabilidad de los Alimentos de la Coordinación de Tecnología de Alimentos de Origen Animal del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) se cuenta con el talento humano y la infraestructura tecnológica para realizar pruebas de autenticidad de alimentos.

 

Dentro de ellas, se tiene la capacidad de determinar si la especie de pescado enlatada corresponde a las permitidas en la NOM que aplica para el atún y, en el caso de la soya, se puede cuantificar en qué proporción fue añadida.

 

Aarón González Córdova, Coordinador de Vinculación del CIAD, recordó que es obligatorio que en las etiquetas de los envases de alimentos aparezca completa la lista de ingredientes contenidos en el producto, su información nutrimental y su etiquetado frontal.

 

Finalmente, agregó que las empresas del sector alimentario que tengan dudas sobre la composición de sus productos, pueden encontrar en el CIAD un aliado para garantizar la calidad integral de estos con base en normas nacionales e internacionales. 

 

 

Miembros de la planta académica del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) participaron en un taller a través del cual fortalecieron sus capacidades para el proceso de enseñanza aprendizaje en el nivel superior.

 

Los investigadores e investigadoras aprendieron a desarrollar instrumentos, herramientas y estrategias de evaluación que permitirán dar seguimiento, dirigir y valorar los logros y áreas de oportunidades para las diferentes cátedras que se imparten en el Centro.

 

Herlinda Soto Valdez, Coordinadora de Programas Académicos del CIAD y responsable de la organización del evento, destacó la importancia de este tipo de actividades, pues, dijo, es necesario que, en una época donde la información está al alcance de todos, los profesores se actualicen en las técnicas de cómo evaluar lo aprendido por los estudiantes y, adicionalmente, hagan uso de las tecnologías de la información y la comunicación para facilitar la evaluación.

 

Asimismo, agregó que es importante homologar los criterios de evaluación en la planta docente, así como implementar modelos de heteroevaluación, coevaluación y autoevaluación, o la combinación de estos. Dichos modelos, además de ser herramientas útiles, pueden hacer cambiar también las técnicas de enseñanza.

 

La capacitación fue impartida por el Dr. Marcelino González Maitland, del Centro Regional de Formación Docente e Investigación Educativo del Estado de Sonora, quien explicó temáticas como los problemas y contradicciones de la evaluación de los aprendizajes, así como los modelos y métodos de la evaluación de los mismos.

 

En el taller, realizado del 12 al 16 de junio en la Sala de Usos Múltiples del CIAD, en Hermosillo, Sonora, también se estudiaron los niveles de interactividad social y cognitiva en las comunidades de aprendizaje y su aplicación a la evaluación educativa.

 

Para poner en práctica lo aprendido, los asistentes diseñaron un sistema de evaluación correspondiente a una asignatura que estos imparten en el CIAD, donde se consideró la interactividad social y cognitiva de la comunidad en la que se realiza el proceso de enseñanza.

 

En reconocimiento a los altos estándares de calidad con los que opera el Laboratorio de Aseguramiento de la Calidad Microbiológica de Alimentos (LACMA) del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD), este acaba de recibir la renovación de la acreditación por parte de la Entidad Mexicana de Acreditación (EMA).

 

De acuerdo a Alfonso García Galaz, investigador del CIAD y responsable del LACMA, este es un proceso que se realiza cada cuatro años, en el cual se revisa por completo la implantación y funcionamiento del sistema de gestión de calidad del laboratorio.

 

Cada año se vigila el funcionamiento del laboratorio por parte de la misma entidad, pero se seleccionan solo algunos procesos para la revisión, mientras que en la reevaluación se lleva a cabo la inspección de todos los procesos que se desarrollan en el laboratorio.

 

En la visita de auditoria efectuada los días 8 y 9 de junio del presente, se revisaron la infraestructura y todas las técnicas analíticas que en él se realizan, así como los controles de calidad, rastreabilidad de las muestras desde que ingresan al laboratorio hasta que se emite el informe de resultados, supervisiones, confidencialidad en el manejo de los datos y todos los elementos que componen los diferentes ensayos analíticos que presta el laboratorio.

 

García Galaz explicó que los servicios acreditados que ofrece el laboratorio son los establecidos por las normas oficiales mexicanas, entre ellos, el conteo de mesófilos aerobios, hongos y levaduras, coliformes totales en placa y Staphylococcus aureus, el número más probable para coliformes totales y fecales e identificación de Escherichia coli, Salmonella spp y Listeria monocytogenes.

 

El LACMA actualmente forma parte del Laboratorio Nacional para la Investigación en Inocuidad Alimentaria (LANIIA), una unidad para el desarrollo científico y la innovación en temas de inocuidad alimentaria. Entre sus funciones destacan realizar investigación, formar recursos humanos y prestar servicios a través de la vinculación con diferentes instituciones de los sectores social, científico y empresarial, encaminada al fortalecimiento de sus capacidades científico-tecnológicas.

 

Asimismo, el LACMA forma parte de los sistemas de calidad de diferentes empresas alimentarias de la región noroeste.

 

“El LACMA está preparado para continuar prestando sus servicios con profesionalismo y calidad, con miras a la ampliación de nuevos métodos analíticos en el futuro cercano, así como un fortalecimiento en la formación de recursos humanos que se verán beneficiados al conocer la dinámica de trabajo de un laboratorio de microbiología con un sistema de gestión acreditado y consolidado”, comentó el investigador del CIAD.

 

Por último, el especialista en biociencias comentó que, como parte del control de calidad, el LACMA, también integrado por Karina Alejandra Zamora Quiñónez e Isabel Quintana Esquivel, participa en ensayos de aptitud a nivel internacional en los que se comparan sus resultados analíticos con los generados por laboratorios reconocidos en diferentes partes del mundo, obteniendo resultados similares a los laboratorios internacionales. 

 

Los microorganismos patógenos están presentes en la vida cotidiana. En un gramo de tierra puede haber hasta cuarenta millones de células bacterianas, y su diversidad es tal, que se dice que noventa por ciento de las bacterias existentes no ha sido descrito. En la actualidad, estos organismos unicelulares están convirtiéndose en una amenaza para el ser humano debido a que se han hecho resistentes a los antibióticos.

 

Staphylococcus aureus es una bacteria que, aunque es parte de la microbiota de un humano, bajo ciertas circunstancias infecta la piel, provocando abscesos; además puede viajar al torrente sanguíneo e infectar cualquier parte del organismo. Gran cantidad de sus cepas ha desarrollado resistencia a los antibióticos, por lo que una alternativa para combatirla puede encontrarse en un virus.

 

En México, científicos del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) trabajan en el control biológico de microorganismos que provocan enfermedades a los humanos, a través del uso de bacteriófagos (comedores de bacterias).

 

La doctora Nohelia Castro del Campo, adscrita a la unidad Culiacán, es la responsable de esta línea de investigación que tiene en la mira bacterias como Escherichia coli (E. coli), Salmonella, Listeria monocytogenes, Staphylococcus aureus y Campylobacter.

 

Desde hace siete años estudia a los bacteriófagos. Al principio lo hizo con el enfoque de aislar fagos con características ideales para combatir aquellos patógenos asociados al consumo de frutas y hortalizas; a la fecha, analiza el potencial alérgico y el impacto a la microbiota del humano.

 

La investigadora nacional nivel I explica a la Agencia Informativa Conacyt que, financiados por la Fundación Produce Sinaloa, aislaron y seleccionaron bacteriófagos; es decir, virus con la cualidad de infectar, de multiplicarse en el interior de las bacterias y de lisarlas, como una alternativa a los métodos de control microbiano tradicionalmente usados; esto, tras llevar a cabo otros proyectos de investigación en donde se evidenciaba cada vez más un aumento de la resistencia bacteriana a los antimicrobianos.

 

De esta forma, han aislado y caracterizado a los mejores candidatos de fagos, evaluando su aplicabilidad para inactivar bacterias patógenas como E. coli O157:H7 y diversos serotipos de Salmonella.

 

“Los virus han sido aislados del ambiente en el que naturalmente se encuentran; es decir, de agua de río y de canal; también muestras de heces de diferentes tipos de ganado como el bovino y equino, así como de aves de corral; hemos recolectado muestras de heces, ya que las bacterias que buscamos controlar residen en el tracto gastrointestinal de ciertos animales; por ende, si estas bacterias, la presa, se encuentran en el tracto gastrointestinal, ahí mismo vamos a encontrar al depredador, es decir, al bacteriófago”, detalla Nohelia Castro.

 

Control biológico

 

Los bacteriófagos están presentes en todos los ecosistemas. Se estima que en cada gramo de suelo puede haber unos cien millones de fagos y que en un milímetro de agua de mar podría haber hasta un millón, lo que representa que por cada célula que hay en la Tierra hay por lo menos diez fagos.

 

Se dice que deben existir cerca de diez millones de “especies” diferentes de estos agentes biológicos, los cuales miden entre 20 y 200 nanómetros y cuya estructura es simple: una cápside de proteínas que guarda su material genético. Cada “especie” de fago infecta exclusivamente a una especie bacteriana, describe el doctor Miguel Ángel Cevallos, investigador del Centro de Ciencias Genómicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en el artículo "Virus contra bacterias, renovada esperanza para tratar infecciones".

 

Estos microorganismos tienen importantes ventajas con respecto a otros tratamientos biológicos: una de ellas es que pueden actuar de forma específica contra la bacteria de interés, son seguros en aplicaciones clínicas y pueden adaptarse rápidamente a los mecanismos de resistencia de la bacteria, señala el doctor Juan Ramón Ibarra Rodríguez, investigador del CIAD.

 

Estas características han atraído el interés de la comunidad científica, por lo que los investigadores del CIAD estudian que dichos virus no afecten a los seres humanos, pues, aunque la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) los reconozca como seguros, es preciso verificar que estos agentes o sus componentes no ponen en riesgo la salud de las personas, ya sea del tipo alergénico como de impacto a la microbiota intestinal (bacterias benéficas).

 

La investigación

 

El trabajo de los académicos del CIAD –cuya prepropuesta fue aprobada por la Convocatoria de Investigación en Fronteras de la Ciencia del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt)– contempla el estudio de cinco bacteriófagos que han identificado con alto potencial. Las características que buscan son que actúen sobre las bacterias patógenas de interés y que no contengan ningún elemento de riesgo para la salud del consumidor.

 

“Estamos buscando virus para el control biológico, por lo que estamos tras aquellos que no acarreen genes de toxinas. Por ejemplo, Shigella es una bacteria con toxinas muy potentes que causan padecimientos en el humano que la consume; estas toxinas han sido acarreadas por virus de bacteria en bacteria, porque hay virus que tienen la característica de entrar a una bacteria y permanecen en las células, por lo que esos virus no son candidatos ideales; los que buscamos son aquellos que entren a la bacteria y que la maten”, detalla la doctora Nohelia Castro.

 

En entrevista, refiere que en los últimos siete años han ido seleccionando virus y descartando aquellos con características no deseadas. A la fecha, han establecido protocolos para la selección de los virus y cuentan con un cepario integrado por 40 virus, aproximadamente; pero todavía falta ahondar un poco más el estudio de los que se perfilan como los candidatos idóneos, aquellos con las mejores características para ser utilizados como control biológico que proponen en la convocatoria Fronteras de la Ciencia. Adicionalmente, continúan en la búsqueda de más ejemplares que abarquen el control de otros géneros bacterianos de importancia en la salud pública.

 

El grupo del CIAD que desarrolla esta investigación trabaja con las bacterias E. coli O157:H7, de manera general E. Coli productoras de toxina Shiga (STEC); con Salmonella, particularmente con alrededor de cincuenta serotipos que se encuentran en alimentos y en el ambiente; Listeria monocytogenes, muy presente en productos lácteos, y con Staphylococcus aureus y Campylobacter, esta última considerada un patógeno emergente.

 

Entre los virus, destacan el de hepatitis A, cuya presencia en Sinaloa se identificó no solo en alimentos sino también en aguas costeras y marinas, al tiempo de estudiar diversos tipos de adenovirus, aquellos que infectan las membranas de las vías respiratorias, los ojos, los intestinos y las vías urinarias.

 

En cuanto a los protozoarios, trabajan con Cryptosporidium, así como con Giardia, ambos parásitos transmitidos por agua y que infectan el tracto digestivo, cuyos principales síntomas son la diarrea, cólicos abdominales, malestar estomacal y náuseas.

 

Uso de los bacteriófagos

 

Las investigaciones alrededor de los bacteriófagos han demostrado que son virus altamente especializados que únicamente reconocen bacterias, y han evolucionado de tal forma que su acción es específica para una bacteria en particular, lo que representa una oportunidad para contrarrestar los efectos de la multirresistencia antimicrobiana que algunos, como el Staphylococcus aureus, han desarrollado.

 

No obstante, las investigaciones del CIAD han evidenciado que el rango de hospederos de un bacteriófago puede ser más amplio, pues han aislado fagos que tienen la capacidad de lisar tanto Salmonella como Escherichia, es decir, que pueden lisar dos géneros distintos de bacterias.

 

El doctor Cristóbal Chaidez Quiroz, director del Laboratorio Nacional para la Investigación en Inocuidad Alimentaria (Laniia) con sede en el CIAD, documenta la evidencia científica de la gran efectividad que tienen los fagos para eliminar bacterias sobre diversos alimentos.

 

En el artículo "Virus que combaten la contaminación alimentaria", detalla que se desarrollan productos a base de fagos contra Staphylococcus aureus, Salmonella, E. coli y Campylobacter, entre otros.

 

Un ejemplo es Listex, una sustancia natural y orgánica de fagos anti-Listeria, que puede ser usada en el procesamiento de todos los productos alimenticios susceptibles a Listeria monocytogenes, una vez que la FDA la aprobó en 2006 como “generalmente reconocido como seguro” (GRAS, por su sigla en inglés).

 

Un año después, la empresa OmniLytics Inc. tuvo la aprobación para el lavado de piel anti-E. coli y anti-Salmonella a través de una solución de lavado-vapor-spray en el tratamiento de animales vivos antes de su sacrificio, en tanto que Intralytix Inc. tuvo la autorización para “LMP 102”, una mezcla de seis fagos diferentes que se usan como aditivo contra Listeria monocytogenes durante el empacado de pollo y productos cárnicos listos para consumirse.

 

En el CIAD, un centro público de investigación del Conacyt, el desarrollo de alternativas para la descontaminación de alimentos ha llevado al aislamiento, identificación y caracterización de bacteriófagos silvestres provenientes de la zona centro de Sinaloa contra las cepas de E. coli O157:H7 y Salmonella sobre superficies de hortalizas, piel de pollo y carne de res.

 

El trabajo se ha traducido en la obtención del genoma de dichos microorganismos (constatando que no contienen elementos genéticos indeseables para el medio ambiente) y en el desarrollo de formulados de bacteriófagos como agentes de control biológico.

 

Adicionalmente se trabaja en las pruebas de toxicidad oral para demostrar que son inocuos para el ser humano y, por lo tanto, pueden tener aplicaciones en la industria alimentaria, médica, veterinaria y agrícola.

 

Colaboración de Ana Luisa Guerrero, reportera de la Agencia Informativa Conacyt.

Fuente original: http://bit.ly/2suraVA.

 

 

Mayra de la Torre Martínez, investigadora de la Coordinación de Ciencia de los Alimentos del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD), fue distinguida con el nombramiento de miembro honorario 2017, por parte de la Sociedad Mexicana de Biotecnología y Bioingeniería (SMBB).

 

El galardón se otorga a los investigadores asociados que cuentan con una trayectoria y calidad académica sobresaliente, por lo que el título otorgado a la Dra. de la Torre tomó en consideración su contribución a la formación de grupos de trabajo y su compromiso a la generación de conocimiento especializado en el área de biotecnología.

 

La Dra. de la Torre comenzó sus actividades como miembro de la SMBB desde 1984. Más tarde, en el ciclo 1998-2001, asumió la vicepresidencia y, posteriormente, tomó posesión como presidenta de la Sociedad en el período 2001-2004, durante el cual se impulsó la apertura académica para la divulgación en medios de comunicación, se gestionó el contacto con empresas para lograr la transición a una sociedad de talla internacional y se profesionalizo las sociedad, incllusive se adquirió una oficina permanete en el inmueble de la Academia Mexicana de Ciencias.

 

A treinta y cinco años de su nacimiento, la SMBB reúne a más de ochocientos profesionales científicos, académicos, investigadores y estudiantes mexicanos interesados en promover el desarrollo, la vinculación y la transferencia de tecnología en el campo de la biotecnología y la bioingeniería, a través de congresos, seminarios y publicaciones para enriquecer el conocimiento y beneficiar al sector productivo público y privado.

 

La ceremonia oficial para el nombramiento se realizará en el marco del XVII Congreso Nacional de Biotecnología y Bioingeniería, que tendrá lugar del próximo 25 al 30 de junio, en Puerto Vallarta, Jalisco, y contará con la participación de expositores nacionales y de países sudamericanos, como Perú, Colombia y Argentina.

 

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