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Viernes, 19 Junio 2020 10:55

INVESTIGAN EL CIBERACOSO ENTRE NIÑOS(AS) Y ADOLESCENTES EN SONORA

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Derivado de la revolución tecnológica y el creciente acceso de niños(as) y adolescentes a las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), el fenómeno del ciberacoso se ha intensificado. Aunque crece en todo el mundo, los estudios de prevalencia provienen de países industrializados; por ello, académicos del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) consideraron necesario examinar la situación en Sonora.

El acoso cibernético es una nueva modalidad para la agresión social, por lo que es un fenómeno que ha sido poco estudiado. Diversos autores lo definen como una conducta agresiva ejercida por medio de formas de contacto electrónicas de manera repetida a lo largo del tiempo, llevada a cabo por parte de un grupo o un individuo hacia alguien que tiene poca capacidad para defenderse ( Vivolo-Kantor, Martell, Holland y Westby 2014). Otras características relevantes que diferencian el ciberacoso del acoso escolar tradicional es que puede ser perpetrado a cualquier hora y en cualquier lugar, que puede ser captado por un público mayor y que el agresor puede ejercer el acto desde el anonimato.

Para el estudio del CIAD se conformó una muestra de un total de 1,505 estudiantes de ambos sexos de 10 a12 años procedentes de 101 primarias públicas distribuidas en seis municipios de Sonora (Nogales, Guaymas, Caborca, Hermosillo, Cajeme y Navojoa).

En cuanto al sexo y su participación en el ciberacoso, se puede observar que las mujeres suelen involucrarse más que los hombres en dicha práctica. Se encontró que si los estudiantes tienen amigos o amigas que pertenecen a una pandilla, su percepción acerca del clima escolar y su bienestar subjetivo es más bajo. Además, suelen estar más involucrados en episodios de ciberacoso (como perpetradores), a diferencia de los alumnos que no tienen amigos que pertenecen a una pandilla.

Los alumnos que están dentro de la categoría de “cibervíctima” y “ciberagresor”, perciben un clima escolar más bajo y su bienestar subjetivo también resulta ser bajo en comparación con los que no son cibervíctimas o ciberagresores.

Descanso

Esta investigación corresponde al trabajo de tesis de Ivett Alejandra Bustamante Castro, quien es estudiante de la maestría en desarrollo regional del CIAD, bajo la dirección del profesor Ángel Vera Noriega.

La alumna del CIAD comentó que los factores personales de riesgo para ciberbullying son: comportamientos de riesgo en línea, desconexión moral y problemas con la autogestión de emociones, mientras que entre los de protección en la familia se encuentran la supervisión adecuada, prácticas de convivencia y de libre expresión en la familia. En la escuela son protectores el buen clima escolar y el apoyo social de los docentes, además de las relaciones positivas con los pares.

Por su parte, el tutor académico de Bustamante Castro, Vera Noriega, explicó que la generación de este conocimiento científico contribuye a identificar a los ciberagresores, con un perfil en donde predominan deficiencias en habilidades sociales, comunicación y resolución de conflictos, falta de empatía y ausencia de sentimientos de culpa, además de que se excusan con facilidad, culpan a los demás restando importancia a sus actos y justifican las agresiones (desconexión moral).

La cibervíctima, quien se caracteriza por aspectos muy similares a los que se presentan en el acoso escolar tradicional, refleja baja autoestima, inseguridad y aislamiento, entre otros. Asimismo, carece de habilidades tecnológicas o desconoce los procedimientos para evitar conversaciones o sitios electrónicos que la sitúan en vulnerabilidad de riesgo de agresión.

En cuanto a factores de riesgo que son motivo de agresión, se encuentran: tener alguna discapacidad, rasgos físicos distintivos, estilos de crianza a los que un menor ha sido expuesto y pertenencia a alguna minoría étnica o sexual.

Por último, el equipo de investigación señaló que, conocer las diferentes variables asociadas al ciberacoso escolar que existen en Sonora, puede servir para el diseño de políticas públicas que intenten desarrollar programas preventivos integrales para la escuela en su totalidad, incluyendo padres, directivos y docentes, en los cuales se desarrolle la responsabilidad social y moral en el manejo de las redes digitales. “Considerando los niveles básicos de alfabetización digital en todos los actores de la escuela urgen hoy más que nunca modelos analíticos y de intervención que permitan transitar hacia un comportamiento social virtual responsable y comprometido con la convivencia entre pares”, concluyeron.

Referencias

Vivolo-Kantor, Alana, Brandi Martell, Krsitin Holland y Ruth Westby (2014). “A systematic review and content analysis of bullying and cyber-bullying measurement strategies”, Aggression and Violent Behavior, vol. 19, núm. 4, pp. 423-434.

 

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