¿POR QUÉ DEJAN DE AMAMANTAR LAS MADRES SONORENSES?

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Amamantar es esencial porque conlleva beneficios, tanto para el niño como para la madre, que van mucho más allá de la nutrición; sin embargo, su práctica se ha reducido mucho en el mundo. Se calcula que en México el 86% de los niños se amamanta alguna vez al menos, pero de estos el 44% recibe, además, fórmula láctea. Solo el 5% de los niños llega al quinto mes de vida nutriéndose exclusivamente de leche materna.

 

Las razones que afectan el amamantamiento se inician con una condicionante biológica. El succionar la leche del pecho materno es un acto intuitivo, pero en las mujeres amamantar no es instintivo. Por esto, muchas madres lo practican de forma equivocada y cuando tienen dificultades, si no cuentan con el debido apoyo, abandonan la práctica en sus inicios.

Los factores que influyen en el amamantamiento son de índole sociocultural y económica. Por ello, un grupo de investigadores del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD), encabezado por Ana María Calderón de la Barca y Adriana Bolaños Villar, profesoras de la Coordinación de Nutrición, realizaron un proyecto con el objetivo de diseñar y evaluar materiales de consejería, apropiados culturalmente y basados en las barreras que enfrentan madres sonorenses para iniciar y mantener el amamantamiento.

Durante la investigación le dieron seguimiento y apoyo a un grupo de 91 madres durante cinco meses, desde su egreso hospitalario posparto, y registraron los motivos por los que se abandonó el amamantamiento total o parcialmente. Entre otros, destacaron la percepción de no llenar al niño y producir insuficiente cantidad de leche, además de problemas o dolor en los pechos o pezones.

 

Percepción de insatisfacción

 

Una parte de las entrevistadas sostuvo tener la sensación o percepción de no satisfacer el hambre del bebé. Aun cuando algunas dijeron producir suficiente leche, eventualmente decidieron combinar la lactancia con fórmula materna porque “el niño comía mucho, lloraba mucho o pedía a cada rato”.

 

De acuerdo a la Asociación Americana de Pediatría, durante las primeras semanas el niño es irritable, ya que se está adaptando al ambiente. Por esto se recomienda darle de 8 a 12 tomas al pecho cada 24 horas, sin esperar a que llore, toda vez que el llanto es un indicador tardío del hambre.

 

Problemas en los pechos o pezones

 

Hubo también quienes coincidieron en el argumento de haber suspendido la lactancia o hacerlo parcialmente porque tuvieron grietas en los pechos; estos parecían muy congestionados o tenían pezones planos o invertidos.

 

Las lesiones en los pezones se deben a que el bebé no succiona de manera adecuada. Lo forma correcta de hacerlo es acercar el pezón hacia la boca del lactante hasta que la abra bien; entonces se debe tener seguridad de que el bebé tome todo el pezón y parte de la areola. Sus labios deberán estar hacia afuera (como pescadito), su nariz destapada y se escuchará cómo traga la leche. En cuanto a los pezones planos o invertidos, el problema se soluciona fácilmente con ayuda de una jeringa de plástico invertida, antes de amamantar.

 

Entre pretextos y creencias populares

 

En este estudio también se manifestaron respuestas que, aunque no se presentaron con una alta recurrencia que las valide como argumentos estadísticamente generalizados, no se pueden dejar de mencionar. Entre ellos se encuentran el rechazo del lactante al pecho materno, la necesidad de la madre por regresar a trabajar o estudiar y la suspensión de la práctica por enfermedad del niño o la madre. También, se suspendió el amamantamiento porque el bebé se acostumbró tanto a la fórmula láctea que rechazó el pecho, por lo que es muy importante evitar esta alternativa en la medida de lo posible.

 

Asimismo, se compartieron respuestas aisladas como el cansancio que representa amamantar, la imposibilidad de hacerlo por salir a la calle y la actividad y llanto nocturno del bebé. Incluso, se detectó que el consejo de creencias populares afecta el amamantamiento, como el caso de una adolescente que dejó de dar leche al niño porque “sufrió un susto” y la abuela le dijo que su leche enfermaría al bebé.

 

Una vez identificados los principales problemas, en el mismo proyecto se desarrollaron materiales de apoyo sencillos, como tarjetones ilustrados, para apoyar a las madres. El grupo de investigación considera imprescindible que los programas de salud pública en pro del amamantamiento incluyan el concepto de que la leche materna es esencial. Por esto, no se les debe proporcionar fórmula infantil en el hospital y se les debe ayudar a las madres con recomendaciones sencillas para lograr el éxito al amamantar.

Colaboración de Ana María Calderón de la Barca, profesora investigadora del CIAD