Domingo, Diciembre 11, 2016
   
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EL MERCADO DE LA AGUAMALA

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La captura de aguamala “bola de cañón” surgió como una alternativa de pesquería hace alrededor de una década en nuestro país. Celia Olivia García Sifuentes, profesora investigadora del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD), experta en bioquímica y calidad de productos pesqueros, nos explica información importante sobre esta actividad comercial.

 

Sí, la aguamala se come

 

Se conocen alrededor de cuatro mil especies de medusas, pero de estas se han identificado solo poco más de veinte como apropiadas para el consumo humano. Esto se debe a que por su morfología, sus cuerpos son más grandes, rígidos y redondos que las otras especies, además de ser inocuas y, por lo tanto, no venenosas.

 

El tipo de aguamala que se captura y comercializa es la conocida popularmente como “bola de cañón”, la especie es Stomolophus meleagris, y no es la que comúnmente conocemos por amenazar la seguridad de los bañistas en las playas.

 

En México su explotación inició en la última década; no obstante, su explotación comercial se ha realizado en los últimos cinco años. Su captura ha destacado principalmente en los estados de Sonora, Sinaloa, Baja California, Tabasco y Oaxaca.

 

Delicia para el mercado asiático

 

En México el consumo per cápita de productos pesqueros es más bajo que en otros países, aproximadamente 11.4 kilogramos anualmente (Sagarpa, 2015). Sonora, particularmente, es un estado en que su consumo es bajo, superado, principalmente, por la ingesta de carne y alimentos procesados derivados del trigo.

 

En distintos países del continente asiático, como China, Japón, Corea del Sur, Tailandia, etcétera, la medusa “bola de cañón” se consume en sopas y en sashimi (platillo crudo salseado). Para ello, el aguamala se procesa previamente con sal de mar, sal de aluminio, peróxidos e, incluso, cloro, ya que el mercado asiático procura una medusa cuya coloración sea blanca y que tenga una textura crujiente.

 

¿Cuál es su valor nutricional?

 

La mayoría de los productos pesqueros son ricos en proteínas. Sin embargo, en el caso de la aguamala, esta se compone por un 90% agua, y en el 10% restante apenas existe un 5% de proteínas, 3% de sales y menos de 0.5% de lípidos; es decir, no se caracteriza por ser un alimento con un destacable contenido nutricional. No obstante, esta medusa es un producto bajo en calorías, ya que por cada 100 gramos se aportan menos de 30 kilocalorías.

 

Una de las proteínas presentes en mayor cantidad en la “bola de cañón” es el colágeno, compuesto que tiene un valor farmacológico y terapéutico muy alto que podría ser utilizado en el tratamiento contra la artritis. A pesar de que en la cultura asiática existe la creencia de que el consumo de aguamala es benéfica para combatir este padecimiento, se requieren suficientes evidencias científicas que lo demuestren.

 

El consumo de la aguamala en Asia es debido a una práctica cultural y religiosa milenaria, por lo que su comercialización continuará por muchos años.

 

¿Para quién es negocio su comercialización?

 

Hace alrededor de cinco años que se empezó a capturar en México con fines de exportación; sin embargo, hay evidencias de que desde hace doce años ya se pescaba. Su captura para los fines actuales es debido a que fue integrada a la Carta Nacional Pesquera, donde se señalan también las restricciones para su pesca sustentable (talla, cantidad, temporada).

 

Según informes, el año pasado se exportaron aproximadamente treinta y cinco mil toneladas de medusa y se obtuvieron entre 100 y 130 millones de pesos por su captura en la entidad. Además, se han llegado a crear hasta seis mil empleos directos e indirectos derivados de esta actividad.

 

Se calcula que el año pasado su precio como producto terminado (secado y salado) fue de 1.5 dólares por kilogramo, pero a los pescadores se les pagó a $1.30 pesos por kilogramo. Tomando en cuenta que se comercializaron entre 300 y 400 contenedores de producto terminado y el rendimiento del producto es de 17%, se calcula que la derrama económica que esta actividad dejó para los pescadores “de panga” fue de alrededor de 30 a 35 millones de pesos.

 

Hay indicios de que en la actual temporada de captura hay zonas donde al pescador se le han ofrecido hasta setenta centavos por kilogramo.

 

Conocimiento que transforma

 

El Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD), a través del grupo de investigación del Laboratorio de Bioquímica y Calidad de Productos Pesqueros, al cual pertenece la doctora García Sifuentes, tiene proyectos en puerta para aportar al aprovechamiento integral de la especie “bola de cañón”, mediante el análisis de formas en que pudiera ser utilizada en México para distintos fines comerciales diferentes a su ingesta.

 

Además, se pretende estudiar el impacto ambiental que tiene el procesamiento de secado y salado de esta medusa, debido a que pudieran encontrarse alternativas más ecológicas a los productos químicos que actualmente son utilizados.