Martes, Febrero 28, 2017
   
Texto

CIAD CULIACÁN CELEBRARÁ SU 22° ANIVERSARIO

 

 

Durante más de dos décadas la Coordinación Regional Culiacán del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) ha demostrado ser agente de cambio al generar soluciones científicas y de innovación en proyectos que han trasformado su entorno; por esa y muchas razones más, sobran los motivos para la celebración de su 22° Aniversario.

 

Con dicho propósito, el próximo viernes 4 de noviembre se realizará una ceremonia conmemorativa que será presidida por Pablo Wong González, Director General, y María Dolores Muy Rangel, titular de la Coordinación Regional Culiacán, donde se compartirán los logros alcanzados en el presente año y se celebrará la graduación de estudiantes del posgrado en ciencias de la institución.

 

Al evento han confirmado su asistencia como invitados especiales Jesús Antonio Valdés Palazuelos, Presidente Municipal electo de Culiacán, Sinaloa, y Gómer Monárrez González, Secretario de Educación Pública y Cultura del Estado de Sinaloa.

 

Conocimiento que transforma

 

Dentro de la jornada de actividades destaca la inauguración del Laboratorio de Alimentos Funcionales y Nutracéuticos, una iniciativa a cargo de José Basilio Heredia, académico del CIAD, que tiene el objetivo de desarrollar proyectos de investigación de ciencia básica para generar conocimientos que abordan aspectos innovadores de los alimentos mas allá de los componentes nutrimentales.

 

Asimismo, en esta área se establecerán sinergias innovadoras con diferentes redes de colaboración, tanto para la formación de recursos humanos como para la vinculación con empresas del sector industrial alimentario. 

 

La ceremonia se realizará a las 12:00 horas en el auditorio “Jorge Siller Cepeda”, que se encuentra ubicado dentro de las instalaciones del CIAD, sitas en Carretera Eldorado, km 5.5, Col. Campo El Diez.

 

CIAD Culiacán desarrolla las actividades de investigación, formación de recursos humanos y vinculación a través de sus áreas de Ciencia y Tecnología de Alimentos, Inocuidad Alimentaria, Horticultura y Bioestadística. Actualmente todos sus laboratorios cuentan con equipos de última generación y todos sus investigadores, con el grado de doctor en ciencias, pertenecen al Sistema Nacional de Investigadores.

RECIBE ACREDITACION EL LABORATORIO NACIONAL DEL CIAD

 

 

La Unidad de Microbiología Ambiental y de Alimentos del Laboratorio Nacional para la Investigación en Inocuidad Alimentaria (LANIIA) del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) recibió la constancia que lo acredita como laboratorio de prueba bajo la Norma Mexicana MNX-EC-17025-IMNC-2006 durante el periodo 2016-2017.

 

Dicha constancia, emitida por la Entidad Mexicana de Acreditación, garantiza que un laboratorio cuenta con el personal del más alto nivel, un sistema de gestión de la calidad, métodos y procedimientos validados y equipo de medición calibrado con referencia a los patrones nacionales y extranjeros. 

 

Con este suman seis años de manera ininterrumpida en los que el personal de dicha Unidad es reconocido por su competencia técnica y por la confiabilidad de los resultados de los análisis que emite, logro que, de acuerdo al Dr. Cristóbal Chaidez Quiroz, Director del LANIIA, consolida el eje de vinculación de dicho laboratorio.

 

Chaidez Quiroz reconoció el trabajo del personal que labora en la unidad de servicios analíticos y destacó que se trata de una cultura con arraigo sobre el manejo de procesos sistemáticamente organizados. “Es un gran logro y un ejemplo para el CIAD, demuestra la competitividad de nuestros colegas”, señaló.

 

La Unidad de Microbiología Ambiental y de Alimentos tiene su sede en la Coordinación Regional Culiacán del CIAD y apoya de manera sustantiva al sector agroalimentario del noroeste de México.

AGROBIODIVERSIDAD Y SISTEMAS ALIMENTARIOS EN COMUNIDADES INDÍGENAS (PARTE II)

 

 

En la parte I de este estudio resumimos los resultados del registro etnográfico de los sistemas alimentarios de las comunidades indígenas de Bawinocachi (rarámuri) y Xoy (maya). Abordamos principalmente los cambios que ha sufrido su alimentación en el transcurso de los años y de dónde obtienen estos grupos sus alimentos. 

 

En esta segunda parte hablaremos sobre qué encontramos en los pueblos yaqui. Analizaremos en conjunto que ha pasado en las tres comunidades y haremos sugerencias en torno a la seguridad alimentaria en comunidades rurales ligada al uso sustentable de la biodiversidad.

 

En el caso del pueblo yaqui, la lucha por su territorio ha incrementado su cohesión y fortaleza cultural y, con ello, su capacidad de negociación política con los gobiernos estatal y federal. Los yaquis viven principalmente de la renta de sus tierras; por lo tanto, han perdido sus técnicas de cultivo y semillas nativas. Sin embargo, es la única comunidad que tiene una organización sociopolítica como nación yaqui. Iniciativa que surge del interés de los jóvenes por recuperar y revalorar su cultura y alimentos tradicionales.

 

El área que ocupan los pueblos yaqui abarca distintos ecosistemas: abarca parte de la sierra del Bacatete, atraviesa los valles irrigados y llega hasta la costa. En la sierra la población es muy escasa y se dedica a cuidar el ganado comunitario. Dado el difícil acceso a estos ranchos y el tiempo que pasa la gente en ellos, su dieta incluye una gran variedad de productos de recolección, semillas y frutos silvestres, así como carne de monte, quelites y verduras deshidratadas. 

 

Las plantas alimenticias cultivadas se restringen a lo que siembran en los traspatios. Esta alimentación se complementa con la compra en las tiendas cuando bajan a los pueblos. La costa yaqui es una zona de esteros muy importante desde el punto de vista de la biodiversidad, dada la cantidad de especies que se desarrollan en estas aguas salobres, además, claro, de su importancia en términos económicos.

 

Las cooperativas pesqueras yaquis son muy productivas, por lo que las familias que las integran tienen un alto nivel de vida. No obstante, enfrentan problemas relacionados con el impacto ecológico de la agricultura y acuicultura modernas sobre los esteros. En el valle más del noventa por ciento de las tierras de los yaquis han sido rentadas a los agricultores de Ciudad Obregón, lo que ha propiciado el abandono de sus cultivos tradicionales. 

 

En los traspatios no faltan la cruz, el gallinero y, a veces, los corrales de las chivas. Es frecuente el cultivo de plantas de ornato, árboles frutales y una que otra mata de chile, calabaza o sandía. Podría decirse que son reminiscencias de un pasado y origen campesino del que las mujeres, sobre todo las mayores, no se van a desprender fácilmente. Sin embargo, no producen los alimentos que consumen cotidianamente. De acuerdo con los resultados de nuestro estudio, los niños consumen frijoles, papas y tortillas de harina de trigo; para muchos de ellos la comida principal es la que reciben en la escuela y es su porción de carne del día. 

 

En casa comen caldo de queso, sopas varias, quesadillas, chorizo con huevo, tortas, omelet y pizzas acompañados casi siempre de frijoles, tortillas de harina, refrescos y comida chatarra. Podemos afirmar que en términos generales los yaquis no producen nada que esté directamente orientado a su propia alimentación.

 

Las tres comunidades se caracterizan por su fortaleza cultural. No obstante, la discriminación de que son objeto, junto con el racismo en un mundo globalizado, en el que se busca la homogenización y en el que imperan la mercadotecnia y el consumismo, están ocasionando una aculturación. La aculturación parecería inevitable e incluso necesaria dado el avance y evolución de la sociedad. 

 

Ninguna cultura es estática, todas van adquiriendo elementos de otras que con el paso del tiempo se integran a la propia cultura; este es un proceso natural. Y aunque toda evolución implica cambios, algunos de ellos son cambios inducidos que solo generan beneficios para ciertos sectores y grupos, en detrimento de otros. 

 

Son cambios que van acompañados de intereses económicos, como los cambios en los patrones de comportamiento, de estilos de vida, de preferencias y gustos por alimentos, que nada tienen que ver con la cultura de las comunidades, que van en contra de su salud y no son acordes a su capacidad adquisitiva.

 

En las comunidades estudiadas observamos que a mayores ingresos económicos hay menor capacidad de autoabasto alimentario, mayor dependencia de alimentos industrializados y mayor incidencia de obesidad, diabetes y alcoholismo, mientras que en la comunidad más aislada hay permanencia de conocimientos para un manejo integral y diversificado de su agrobiodiversidad y autosuficiencia alimentaria. 

 

Parecería que a un mayor aislamiento se logra una mayor permanencia de rasgos culturales originales y una mayor capacidad de autosuficiencia alimentaria, que se caracteriza por el uso sustentable de los recursos naturales del entorno. Lo anterior nos llevaría a una riesgosa aseveración: la permanencia de las culturas autóctonas está condicionada al aislamiento y a condiciones de pobreza que los obliguen a echar mano de sus culturas (es decir, de sus conocimientos) para sobrevivir con sus propios recursos naturales. 

 

Pero esta afirmación se aleja por completo de nuestra propuesta: “los pueblos indígenas pueden y deben tener el derecho de conservar su propia cultura, sin que eso signifique vivir en aislamiento, ni en la pobreza, ni en el pasado; pueden y deben tener la posibilidad de acceder a las ventajas de la tecnología y la modernidad, sin que eso implique abandonar su propia cultura ligada al aprovechamiento sustentable de los recursos naturales, a la conservación in situ de su agrobiodiversidad y a continuar desarrollando variedades vegetales adaptadas a sus ecosistemas”.

 

En las tres comunidades hay potencial de manejo y aprovechamiento sustentable de recursos naturales, orientados a aumentar la capacidad de autoabasto y acceso a mercados alternativos y solidarios, pero se requieren políticas públicas y estrategias orientadas a sustituir programas asistenciales por apoyos efectivos a la pequeña producción campesina y a la transformación in situ de sus productos, junto con la reivindicación de los productos alimenticios y la cocina local. Es necesario propiciar el consumo regional y dignificar los conocimientos y las culturas campesinas.

 

Resulta paradójico que en los países desarrollados haya un movimiento que busca salvaguardar el patrimonio alimentario de la humanidad (slow food), mediante la producción y el consumo regional de productos, mientras que en México, en el medio rural, donde hay comunidades en las que, precisamente, esta tendencia es parte de su cultura, estemos propiciando su abandono y no aprovechemos la variedad de plantas de las que México es centro de origen y diversificación y dependamos, por ejemplo, de la compra de semillas (entre otras de híbridos de maíz) a las semilleras trasnacionales.

 

Autores: Mayra de la Torre (CIAD) y Ricardo Ma. Garibay Velasco (UAM)

Fuente original: http://bit.ly/2faNiup

CONVOCAN A PARTICIPAR EN LOS CURSOS DEL CONGRESO INTERNACIONAL EN CIENCIAS ALIMENTARIAS Y BIOTECNOLOGÍA

 

 

En la antesala de la celebración del Congreso Internacional en Ciencias Alimentarias y Biotecnología (Cicab), la Universidad de Sonora y el Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) invitan a conocer los cursos previos que se realizarán del 14 al 16 de noviembre en Hermosillo, Sonora.

 

 En el curso “Alimentos funcionales: principales beneficios en la salud”, se proporcionará información actualizada de alimentos funcionales, entre la que se incluyen aspectos relacionados con la clasificación, propiedades funcionales, beneficios para la salud en enfermedades específicas, tecnologías de procesamiento y regulaciones nacionales e internacionales debidas al uso de estos alimentos y sus ingredientes (véase tríptico).

 

Con el propósito de analizar los fundamentos, principios, normatividad y aplicación de la agricultura orgánica y su trascendencia dentro de la agricultura sustentable, se impartirá el curso “Certificación de cultivos orgánicos”, donde, además, se examinará el estado actual, a nivel nacional e internacional, de este tipo de producción agrícola, así como las formas en que se puede aportar valor agregado a los cultivos en forma sustentable (véase tríptico).

 

 

 Los productos marinos representan una parte importante de la alimentación humana. Por tal razón, es fundamental que los profesionales que se dedican a la investigación de estos alimentos se actualicen en sus innovaciones tecnológicas, las tendencias en su consumo y el aseguramiento de la calidad; por ello se ofrecerá el curso “Innovaciones en procesamiento y tecnología de alimentos marino” (véase tríptico).

 

 En el curso “Tendencias actuales en la nutrición del deportista: ergogénicos, antioxidantes y más”, se compartirán las últimas novedades sobre las necesidades dietético-nutricionales, hídricas y de alimentación funcional en la práctica de actividad física, deportiva y de alto rendimiento, desde un punto de vista bioquímico-fisiológico (véase tríptico).

  Todos estos cursos tienen diferentes costos y son de cupo limitado. Para mayor información, puede ingresar al sitio electrónico www.cicab.uson.mx/, llamar a los teléfonos 01(800) 200 8767, (662) 259 2207, 08 y 09 o escribir al correo electrónico Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

EL CIAD PARTICIPÓ EN EL PRIMER SIMPOSIO NACIONAL DE PÉRDIDAS Y DESPERDICIOS DE ALIMENTOS

 

 

Personal académico de la Coordinación Regional Culiacán del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) participó en el Primer Simposio Nacional de Pérdidas y Desperdicios de Alimentos, celebrado en Querétaro, Querétaro, del 26 al 28 de octubre.

  

Quienes participaron forman parte de la Red Temática de Seguridad Alimentaria del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt): Valorización de Residuos Agroindustriales y Reducción de Pérdidas y Desperdicios de Alimentos (Red PDA), asociación que tiene el lema “Desperdiciar menos para alimentar a más”. 

 

En el evento, Manuel Alonzo Báez Sañudo participó con la ponencia “Pérdidas poscosecha de frutas y hortalizas”, donde abordó temas relacionados con la magnitud de las pérdidas poscosecha de los principales productos hortofrutícolas de México, en los que sobresalen los cultivos de papaya, tomate, aguacate y plátano como los de mayor afectación.

 

Asimismo, se revisaron e identificaron las principales causas de pérdidas y desperdicios de frutas y hortalizas frescas ocasionadas por las deficientes prácticas agrícolas en el campo, como la fertilización, riego, malas prácticas de cosecha y de manipulación de los productos durante las operaciones de empaque; actividades que repercuten en la vida poscosecha de los productos, y a las que se suman las deficientes condiciones de almacenamiento y transporte, principalmente.

 

Promoverán el fortalecimiento de la Red

 

Durante el simposio, María Dolores Muy Rangel y Rosalba Contreras Martínez participaron como relatoras y moderadoras en la mesa temática del sector primario y de la comercialización y transporte de alimentos, con el propósito de recopilar las necesidades de investigación referente al tema e identificar más objetivos de estudio para los trabajos de la Red.

 

Para concluir el presente año, la Red DPA tiene con objetivo integrar un equipo de trabajo colaborativo que posicione el tema de Pérdidas y Desperdicios de Alimentos (PDA) en México y aporte propuestas con fundamento científico y diseño metodológico para contribuir en la construcción de un plan nacional para la reducción de PDA.

 

 Para ello, se han establecido y promovido líneas estratégicas pertinentes al sistema de abasto alimentario mexicano y dentro del contexto internacional, armonizadas a los protocolos y programas internacionales.

Subcategorías

Subcategorías