Martes, Septiembre 19, 2017
   
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EL MANGO Y SU POTENCIAL DE VALOR AGREGADO

 

El consumo per cápita de mango en México en el año 2016 fue de 11.6 kilogramos, lo cual evidencia la aceptabilidad de consumo por la sociedad, así como la importancia de su producción para la economía nacional, principalmente en lo que ser refiere a los cultivares Ataulfo, Haden, Kent, Tommy Atkins y Manila, entre otros.

 

De acuerdo a cifras del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (2016), en los últimos diez años México ha logrado sostener una producción de más de un millón de toneladas anuales, lo que ha llevado al país a ocupar la quinta posición a nivel mundial. Esta situación ha generado condiciones de disponibilidad de esta fruta en el mercado mexicano, especialmente entre los meses de abril y agosto.

 

El mango se consume, principalmente, como fruto fresco, por su pulpa, aunque también se obtienen productos de valor agregado como mermeladas, jugos, rebanadas en almíbar, rodajas en enlatados y productos congelados y deshidratados. Además de la pulpa, el aceite de la semilla es utilizado en la industria cosmética.

 

Sin embargo, en los últimos años se han generado líneas de investigación que favorecen la innovación y el desarrollo de tecnología para la obtención de productos de alto valor agregado del mango. Esto debido a la presencia de compuestos bioactivos en diferentes partes del cultivar, como la piel y la semilla del fruto, además de las hojas y la corteza de la planta.

 

Beneficios para la salud

La piel de mango contiene polifenoles, carotenoides, vitaminas, enzimas y fibra dietaria, elementos que han probado beneficios para la salud humana. Asimismo, la semilla es rica en compuestos fenólicos, a los cuales se les atribuyen propiedades antioxidantes, y se ha evaluado como ingrediente de alimento para animales.

 

La corteza del árbol de mango contiene mangiferina, catequina y epicatequina, y de la hoja se puede extraer mangiferina; compuestos cuyas aplicaciones abarcan su uso como suplemento nutricional, cosmético y en fitomedicina.

 

Actualmente se comercializan algunos productos que dan valor agregado al cultivar de mango, como Vimang®, producto natural comercial a base de mango, utilizado para generar condiciones de calidad de vida por personas infectadas con VIH. Asimismo, Salaretin®, producto usado para el tratamiento de diabetes tipo II.

 

En el contexto de las áreas de oportunidad que existen en la investigación y desarrollo de productos a base de mango, actualmente la Coordinación Regional Culiacán del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) realiza el proyecto “Desarrollo tecnológico e innovación de productos a base de mango como alternativa de valor comercial”.

 

A través de la elaboración de productos como mermeladas, piensos, fermentados y extractos con propiedades nutracéuticas, el CIAD Culiacán pretende enriquecer el uso y aplicaciones de mango en México para generar productos de alto valor agregado.

 

Colaboración del Dr. Eber Addí Quintana Obregón, catedrático Conacyt adscrito al CIAD Culiacán.

 

EDITAN LIBRO DE INVESTIGADOR DEL CIAD EN SISTEMA BRAILLE

 

 

El libro Vidas Vulnerables. Hombres indígenas, diversidad sexual y VIH-Sida, obra de Guillermo Núñez Noriega, académico de la Coordinación de Desarrollo Regional del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD), ha sido editado en braille, sistema de escritura para ciegos que consiste en signos dibujados en relieve para poder leer con los dedos.

 

La obra, originalmente publicada por el CIAD y Edamex en el 2009, es el resultado de una investigación socioantropológica, que utiliza un método cualitativo, la historia de vida, para entender la vulnerabilidad frente al VIH de hombres indígenas, pobres, migrantes y con prácticas homoeróticas e identidad transgénero.

 

La iniciativa de trasladarla al braille surgió en el 2013, cuando Juan Carlos Méndez Torres, del Centro de Atención Integral para Ciegos y Débiles Visuales de Tabasco (institución que junto con el DIF de esa entidad sufragó el costo de impresión), contactó a Núñez Noriega para compartirle su interés en este proyecto por considerarlo relevante para la población con discapacidad visual, algunos de los cuales son indígenas o disidentes del sistema sexo-género, y para quienes no existen muchos libros que les permitan entender su condición de vulnerabilidad.

 

El investigador del CIAD explicó que publicar en braille es mucho más caro que hacerlo en libros convencionales, debido a que los materiales son costosos y es necesario utilizar una mayor cantidad de papel; por ejemplo, este libro, que originalmente es un solo volumen, traducido al braille resultó en nueve tomos.

 

Iniciativa que abre brecha

El autor donará un ejemplar a la Biblioteca Central de la Universidad de Sonora (Unison), ya que esta institución es poseedora del fondo más extenso de libros en braille en la entidad.

 

Al respecto, comentó que un profesor de la licenciatura de Trabajo Social de la Unison le comentó que usa su libro, en la versión tradicional, como material de referencia para sus clases, en donde ha tenido un par de alumnos ciegos, por lo que le causó gran agrado la noticia de esta nueva disponibilidad de consulta.

 

“Hay una gran necesidad de que los libros académicos se editen en braille. A veces se nos olvida que existen muchos estudiantes con este tipo de discapacidades en las universidades, quienes ven truncada o afectada su formación porque no existen los libros indicados para hacer las lecturas”, señaló el autor.

 

Núñez Noriega manifestó que publicará su más reciente obra (Abriendo brecha. 25 años de los estudios de género de los hombres y las masculinidades en México 1990-2014), a finales de septiembre de este año, y mostró su apertura para que se den nuevas iniciativas de publicar en braille en las que sus obras puedan ser consideradas. También invitó a otros colegas investigadores a que consideren la oportunidad de editar sus libros de divulgación científica en esta modalidad de lectura.

HANT CMAH QUIH. AÑO NUEVO SERI

 

Diana Luque

Investigadora de la Coordinación de Desarrollo Regional del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo

 

El pasado miércoles 21 de junio, a las 4.24 a.m., ocurrió el solsticio de verano del año 2017, según cálculos de los modernos astrónomos. Seguramente el lector habrá escuchado términos como la etnohistoria, etnoecología, etnobotánica, para referir los conocimientos tradicionales de las diversas culturas, generalmente de los pueblos indígenas. El prefijo etno antes del nombre de la ciencia nos señala que este tipo de disciplina científica tenía otro formato y otro contenido, según el grupo étnico en estudio. Así, por ejemplo, las etnobotánicas y etnofaunas dan cuenta del enorme acervo milenario en relación al uso y manejo de la biodiversidad que realizaban en sus territorios estas comunidades.

 

La etnoastronomía también ha sistematizado la gran diversidad de interpretaciones y representaciones que las comunidades indígenas han elaborado, a partir de la observación de los astros, el sol, la luna y las estrellas. Con base en estas observaciones, en particular de la luna, han surgido los calendarios, que generalmente son anuales, dándole seguimiento a los ciclos mensuales y a la identificación de los dos solsticios (verano e invierno), así como de los dos equinoccios. Es evidente que estos ciclos son iguales para cualquier grupo social. Sin embargo, cada grupo le ha dado nombres distintos; sobre todo, los “ajustes” tienen un fuerte componente simbólico que caracteriza a cada grupo y, más bien, están relacionados con sus sistemas de subsistencia.

 

Así, en las sociedades agrícolas, como las mesoamericanas, la milpa –y el maíz como especie central– marcaba los ciclos de sembradío, de los que derivaban diversas celebraciones de corte religioso. La mayoría de estos grupos identificaron el inicio del año alrededor de los solsticios; algunos en el día más largo del año, en verano, y otros en el más corto, en invierno, como el que rige actualmente al mundo moderno, que proviene del calendario gregoriano, aceptado en Europa desde el año 1582.

 

Para la comunidad indígena comcaac, mejor conocida como seri (cazadores, pescadores y recolectores nómadas milenarios de la Costa Central del Desierto Sonorense y Golfo de California, en el Estado de Sonora), su calendario anual inicia alrededor del solsticio de verano, cuando aparece la estrella cmaanc, según la astronomía de los antepasados. Esto sucede a finales del mes de junio y principios de julio. Así, junio se denomina como Imám imám iizax (luna de las pitayas) y, julio, Icoozlajc iizax (luna cuando se espolvorean de arena las vainas o péchitas del mezquite). Es decir, tanto las pitayas como los mezquites formaban parte importante de la dieta ancestral.

 

Durante cuatro días, a partir del 30 de junio, la comunidad comcaac festeja el Año Nuevo, que en su lengua materna le llaman Hant cmah quih. En estos días los pueblos de Desemboque y Punta Chueca, donde actualmente habitan, realizan una serie de fiestas que agrupan a varias familias cada una de ellas. Se cocinan platillos tradicionales, en particular, la moosni, que es el nombre génerico para las cinco especies de tortugas marinas que migran y habitan en su territorio y que ha sido su principal alimento desde hace dos mil años, seguido por peces, moluscos y venados. El gobierno federal decretó la veda total de las tortugas marinas, debido al colapso de sus poblaciones, pero debido al valor cultural que tiene para los comcaac, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) les autoriza la pesca de un par de ejemplares para esta celebración. Así, su pesca, matanza, cocinado y saboreado se vuelve el ritual principal de esta fiesta.

 

También se elabora el imam hamaax, que es una bebida sagrada tradicional que se elabora con la pulpa de la pitaya. Tortillas de mezquite y pasteles de xnoiz (trigo marino) pueden enriquecer esta fiesta. En estos días, hombres mujeres y niños portan sus hermosos trajes tradicionales y se esmeran en exhibir las milenarias pinturas faciales. Por doquier se escucha a los grupos cantando en la lengua materna y se ven sus danzas típicas. También las mujeres se prestan a jugar el tradicional amoiij, y los hombres también tienen el suyo, que, se dice, apuestan. Al final, se reparten regalos entre los ganadores.

 

Así, el Hant cmah quih es una excelente oportunidad de celebrar la diversidad cultural de México, esta vez con la comunidad comcaac, una cultura milenaria cuyo conocimiento tradicional es único en todo el mundo.

 

Yooz quij mizj massaiia comcaac / Que Dios bendiga a los comcaac

Diana Luque Agraz es coautora del libro Del mar y del Desierto. Gastronomía de los Comcaac (Seris). Ecoturismo y Pueblos Indígenas

IMPARTEN TALLER SOBRE ENVASES ACTIVOS E INTELIGENTES

 

Como parte de uno de los objetivos institucionales de conectar el quehacer científico y tecnológico con las demandas y oportunidades de los sectores público y privado, el Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) ofreció el taller “Envases Activos e Inteligentes”.

 

En representación del CIAD, la Dra. Herlinda Soto Valdez impartió esta capacitación para pequeñas y medianas empresas de alimentos de los municipios sonorenses de San Luis Río Colorado, Caborca, Nogales, Cananea, Agua Prieta y Hermosillo. Los talleres se realizaron en las instalaciones de la presidencia municipal de Caborca y del DIF de Nogales los días 27 y 28 de junio, respectivamente.

 

La capacitación fue gestionada por la Fundación México-Estados Unidos para la Ciencia (FUMEC) y el Gobierno del Estado de Sonora, y comprendió temas como materiales utilizados en envases para alimentos, envases inteligentes, envases activos absorbedores de oxígeno y envases antioxidantes.

 

Durante la instrucción se presentaron materiales disponibles en el mercado que pueden representar una mejor opción de envasado. Los asistentes aprendieron cómo identificar los diferentes materiales plásticos y cómo combinarlos para solucionar algunos problemas que afectan la calidad de los alimentos que producen.

 

Además, se presentaron casos de envases inteligentes, así como la explicación de su funcionamiento, que pueden dar un valor agregado al producto. Entre los envases activos, se presentaron envases antioxidantes y aquellos que contienen absorbedores de oxígeno, elemento que acelera el deterioro de los alimentos, por lo que se han desarrollado tecnologías para eliminarlo.

 

Soto Valdez destacó la importancia de que la iniciativa privada sonorense se involucre en temas de ciencia y tecnología, no solo en el desarrollo del producto sino en su presentación.

 

“Normalmente el envase separa al alimento del medio ambiente, utilizándose solamente como un contenedor. Existen aditamentos y aditivos que pueden incorporarse al sistema de envasado con el fin de extender la vida de anaquel, uno de los problemas más comunes en alimentos producidos por pequeñas empresas”, comentó la investigadora.

 

Asimismo, señaló que en el mercado estatal existen condiciones para que se exploren nichos de oportunidad en el desarrollo de nuevos e innovadores productos en los que se pueden implementar tecnologías que han tenido éxito en otros sectores, incluyendo el desarrollo de envases.

 

La investigadora del CIAD ha ganado dos veces el Premio Nacional de Tecnología de Alimentos; el primero, en el año 2000, lo obtuvo gracias al desarrollo de una película plástica con capacidad para eliminar etileno para utilizarse en frutos sensibles a este gas, y el segundo, en 2010, lo logró con un proyecto sobre el desarrollo de un envase activo antioxidante a base del biomaterial ácido poliláctico y el antioxidante tocoferol.

 

Además de ser Coordinadora de Programas Académicos del CIAD, la labor de la doctora en el Centro comprende el desarrollo tecnológico de envases con funciones antioxidantes, antimicrobianas, absorbedores de oxígeno, bióxido de carbono, etileno, etcétera, así como el estudio de las interacciones existentes entre envases y alimentos para auxiliar en la extensión de la vida de anaquel de los alimentos envasados.

DESARROLLAN BIOFERTILIZANTE CON RESIDUOS DE PESCADO

 

 

 

Científicos del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) han emprendido un desarrollo tecnológico denominado Piscatus Biofertilizante, el cual consiste en una composta elaborada a base de residuos de pescado.

 

Esta iniciativa, encabezada por la Dra. Jaqueline García Hernández, investigadora de la Coordinación Regional Guaymas del CIAD e impulsada por la Coordinación de Vinculación del Centro, forma parte de los proyectos desarrollados a partir de la convocatoria IDi4Biz “ciencia-vinculación-emprendimiento”, la cual busca atender la necesidad del sector agrícola de contar con una opción de fertilizante altamente efectivo y amigable con el ambiente, ideal para cultivos orgánicos.

 

Las opciones comerciales de biofertilizantes no contienen los nutrientes suficientes y por lo mismo no son tan efectivas, razón por la cual los agricultores siguen optando por los productos químicos, explicó García Hernández.

 

 “Con nuestro producto ofrecemos una composta superior, con un alto contenido de nutrientes y fácilmente aprovechable por las plantas, y a un precio competitivo”, añadió la especialista en ciencias ambientales.

 

Promoviendo la sustentabilidad

 

El proceso de compostaje consiste en la liberación de los nutrientes atrapados en diferentes matrices mediante un proceso aeróbico llevado a cabo por microorganismos. Piscatus Biofertilizante realiza este proceso con seguimiento de pruebas de laboratorio, para obtener un producto estable y con alto contenido de nutrientes biodisponibles.

 

Los insumos para Piscatus se colectan de las actividades productivas de la región, derivados de la pesca en Guaymas y la agricultura en el valle del mismo municipio. Los residuos de pescado se obtienen del comercio local que genera más de doce toneladas al mes de residuos de pescados y mariscos de diferentes especies, los cuales normalmente son depositados en el relleno sanitario de la ciudad.

 

Sus creadores establecen como ventajas competitivas su alto contenido de materia orgánica y de nutrientes, así como un mayor rendimiento por hectárea. El proyecto ya cuenta con un plan de negocios y una marca registrada. Actualmente se produce a escala precomercial en la sede Guaymas del CIAD.

 

Planes y metas

 

García Hernández señaló que aun cuando su desarrollo fue ideado para la aplicación agrícola comercial, así como para el cultivo orgánico y de transición, su utilización es viable para su uso en invernaderos, hogares y áreas verdes en general.

 

 A mediano plazo, los científicos contemplan incrementar la escala de producción, utilizando maquinaria especializada, lograr la certificación orgánica de la marca a través de organizaciones como bio-agri cert inputs, realizar pruebas de fertilidad en diferentes cultivos y explotar derivados de la composta.

 

La Dirección General del CIAD, a través de la Coordinación de Vinculación, continuará impulsando el programa IDi4Biz “ciencia-vinculación-emprendimiento” para que en su próxima convocatoria se puedan sumar otros desarrollos tecnológicos del CIAD, evaluar alternativas de modelos de negocio y estructurarlos para ser transferidos al sector productivo nacional.

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