Viernes, Septiembre 30, 2016
   
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Los Jornaleros Agrícolas, Invisibles Productores de Riqueza

Coordinadores: Dra. María Isabel Ortega Vélez, Antr. Pedro Castañeda Pacheco, Dr. Juan Luis Sariego Rodríguez
Tres consideraciones hacen pensar en la trascendental importancia que el tema de la agricultura de exportación y el trabajo de los jornaleros migrantes debería cobrar en la agenda de las discusiones actuales sobre el campo mexicano. La primera tiene que ver con el estudio y evaluación de los impactos derivados de la firma del Tratado de Libre Comercio con Estudios Unidos y Canadá, puesto que el sector de la producción de frutas y legumbres constituye uno de los principales componentes de la balanza de nuestro comercio exterior. La segunda, es más profunda y se refiere a la caracterización de la nueva ruralidad y de los perfiles recientes del campesinado en México, fenómenos ambos atravesados por la creciente proletarización de este sujeto social. Una tercera dimensión, otorga una posición de centralidad al tema de los jornaleros agrícola: la de su estrecha vinculación con la ineludible problemática de la migración y la identidad indígenas.
Por encima de la diversidad de enfoques y miradas disciplinarias que atraviesan el conjunto de los ensayos del libro, algunas líneas temáticas son recurrentes en la mayoría de ellos. La primera de ellas consiste en enfatizar el contexto global en el que surge y se desarrolla esta agricultura de punta y en el que se inserta este nuevo trabajador del campo. Como quizás nunca antes había sucedido, son los ciclos cambiantes de la demanda y precios en el mercado internacional de frutas y legumbres frescas los que acicatean la competencia y la productividad y los que desencadenan oleadas estacionales de empleo y desempleo.
En el marco de la complejidad y la heterogeneidad que muestra el proceso de conformación de este numeroso proletariado agrícola, se conjugan dos fenómenos complementarios: el de la incorporación de nuevos sectores y el de la reseducción de otros más, arraigados en la actividad desde hace al menos tres décadas.
En contraste con el legado post-revolucionario del siglo XX que proyectó una imagen de un México agrario profundamente corporativizado y dependiente de la acción del Estado, este otro mundo agrario de los albores del siglo XXI mexicano, ofrece una visión descarnada de los graves problemas sociales que derivan de una agricultura neoliberal y globalizada regida por la ley placable del mercado. La ausencia de mecanismos de regulación laboral, las bajas tasas de sindicalización, la carencia de contratos laborales y salarios profesionales, las deficiencias de la seguridad social y en fin, el grave déficit de bienestar colectivo en materia de vivienda, salud, educación, higiene y seguridad en el trabajo, indican sobradamente hasta que grado han quedado relegados los viejos preceptos de la legislación laboral mexicana. Por el contrario, lo que priva es una notoria carencia de de políticas públicas, estrategias empresariales y movilizaciones sindicales que den respuesta a los graves problemas sociales que conlleva este modelo de desarrollo agrícola.