Miércoles, Agosto 23, 2017
   
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Investigadores y estudiantes de la Universidad Estatal de Sonora (UES) desarrollaron un sistema que permite la producción de camarón mediante técnicas bioseguras, así como el incremento del rendimiento. Se trata del cultivo de ese crustáceo mediante una opción biosegura y de bajo impacto ambiental, el cultivo en biofloc.

 

El líder del proyecto, el profesor y miembro nivel I del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) Anselmo Miranda Baeza, informó que una hectárea de cultivo mediante el sistema tradicional, es decir, en estanquería de tierra, produce entre 1.5 y dos toneladas por hectárea en los meses de mayo a julio, mientras que el sistema que desarrollaron produce de 40 a 60 toneladas por hectárea y por cada ciclo.

 

“Este tipo de sistemas se desarrollan en invernaderos. El producto no está en contacto permanente con el medio, eso hace que no haya transmisión de enfermedades entre granjas. En caso de registrarse algún problema, lo que resultaría muy raro, se aislaría porque son estanques pequeños”, comentó.

 

La camaronicultura en México

 

Según datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), México ocupa el noveno lugar como productor mundial de camarón. El promedio de producción nacional de ese producto durante los últimos cuatro años es de 176,638 toneladas, superadas durante 2016. La producción en México aumentó hasta en 65.5% en cuatro años, lo que lo posiciona como el segundo producto más importante del sector pesquero del país. 

 

Sin embargo, en 2009 México llegó a producir 133 mil toneladas de camarón, solo por acuacultura. Ese año la pesca aportaba 60 mil toneladas de camarón. En 2013 incrementó el porcentaje de enfermedades en las granjas y la producción en pesca reportó la misma cantidad de producción, es decir, se mantuvo como en los cuatro años anteriores, mientras que en 2013 la acuacultura logró la producción de 70 mil toneladas, desplomándose a la mitad, debido a problemas sanitarios y brotes de enfermedades, generando repercusiones sociales y económicas.

 

Transferencia del conocimiento

 

A partir del año 2010 un gran número de empresas camaronícolas quebraron y algunas otras prácticamente sobreviven debido, principalmente, a problemáticas ambientales.

 

“A muchas empresas les va bien un ciclo y otro mal. No hay una seguridad en ese tipo de sistemas; sin embargo, a partir de 2014 comenzamos a transferir este conocimiento que habíamos acumulado en todo este tiempo, haciendo una especie de experimentos y ensayos en laboratorio, y comenzamos a transferirlo a las empresas con resultados sorprendentes: sobrevivencias muy altas”, dijo.

 

La técnica

El investigador explicó que la técnica comenzó en la década de los setenta y posteriormente empezó a implementarse en Asia, donde iniciaron los problemas sanitarios. Sin embargo, cada país y región tiene condiciones particulares, desde el equipo que utiliza y el dimensionamiento de las granjas.

 

Los investigadores explicaron que el sistema trabaja las 24 horas con un suministro de aire permanente, ya sea a través de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) o de sistemas de respaldo. Es importante debido a que, si el producto carece del sistema de aire durante 30 minutos, comienza la mortalidad de este.

 

El sistema cuenta con tres o cuatro kilogramos de producto por metro cuadrado. Además del camarón, cuenta con una alta concentración de materia orgánica, que es el alimento vivo existente en los estanques, que es reciclado a través de procesos microbianos y que es el alimento natural para el camarón, es decir, sistemas en los que no se tira agua porque todos los desechos de restos de alimentos son colonizados por bacterias benéficas que producen una alta cantidad de biomasa.

 

“Tienen una capacidad increíble de degradar materia orgánica, convertirla en alimento vivo y, a su vez, esa bacteria será consumida por un organismo pequeño (plancton) y este será consumido por el camarón, así que le estamos dando al camarón lo que naturalmente consume en el medio natural, además del alimento que le damos”, dijo.

 

“Estamos controlando el sistema, lo estamos haciendo bioseguro. Disminuimos la demanda de alimento peletizado, porque cada vez hay menos sardina que se convierte en harina para fabricar alimentos para camarón. Si somos capaces de disminuir esa cantidad de alimento que está siendo demandado para producir camarón, estamos también beneficiando al medio ambiente porque también esa sardina podría utilizarse para consumo humano o para otras actividades productivas”.

 

Los estanques

 

A diferencia de las granjas tradicionales que alcanzan hasta las cinco hectáreas, los estanques en los sistemas hiperintensivos son generalmente de un quinto de hectárea, es decir, de dos mil metros cuadrados, e incluso hasta de mil metros cuadrados, debido a que son de invernadero y se encuentran recubiertos por una geomembrana, por lo que el producto permanece en algo similar a albercas de gran tamaño.

 

El equipo de trabajo validó, investigó y comprobó los resultados que generaban de técnicas específicas para México, incluso para las empresas. Encontraron que el protocolo de producción de algunas empresas no es necesariamente el mismo de otras. Influye el nivel de tecnología, las instalaciones, el tamaño de los estanques y la preparación del personal, de tal manera que los investigadores prácticamente traducen el conocimiento y la experiencia a un protocolo manejable, que comienza con un curso de capacitación a los técnicos y posteriormente el seguimiento con la empresa. Al cabo de tres ciclos las empresas operan las técnicas por sí solas.

 

“No tenemos una técnica estándar, es una técnica que la vamos adaptando a las necesidades de la empresa; esta viene con nosotros, hacemos una visita, comenzamos a trabajar y con base en eso comenzamos a hacer el proceso de transferencia”, dijo.

 

En práctica en empresa sinaloense

 

En 2014 los investigadores de la UES asesoraron a la empresa Camaronicultores de Sonora S.P.R. de R.L. (Sonora); en 2015 a las empresas Proveedora de Larvas S.A. de C.V. (Fitmar, del municipio de Rosario, Sinaloa) y Proimax S.A. de C.V. (de El Salvador); en 2016 y 2017 asesoraron a la empresa Unión de SPR de RI Ceferino Valenzuela (Granja: Acuícola Polifuncional Camahuiroa, Sonora).

 

El caso más importante es el de la empresa Fitmar, en Rosario, Sinaloa, que, con apoyo del Programa de Estímulos a la Innovación (PEI) del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), logró la producción de 60 toneladas de camarón por ciclo y por hectárea.

 

“Dado que contaba con financiamiento, pudimos implementar muchas de las estrategias que habíamos venido trabajando, pero que por falta de infraestructura o de capacidad de inversión no habían podido hacerlo. Ahí se logró”, comentó.

 

La empresa contaba con instalaciones adecuadas; sin embargo, su producción no era estandarizada: durante algunos ciclos producía 30 toneladas de camarón y en otros 20 por hectárea, incluso menos. Carecer de un estándar repercutía en los niveles de producción.

 

“Cuando llegamos no tenían laboratorio para trabajar específicamente el biofloc. Sus técnicos, aunque ya lo hacían, no tenían los detalles finos de qué monitorear y cómo controlar las variables. Todo ese proceso de aprendizaje que tuvimos en los nueve años nos permite ahora crear diversos escenarios y dar alternativas de solución antes de que se dé el problema”, comentó.

 

Los expertos evaluaron diferentes marcas y dosis de probióticos, encontraron que la empresa contaba con datos excesivos y lograron reducir el gasto hasta en 70 y 80%. La asesoría indicaba cómo usar adecuadamente los insumos y el ahorro de recursos.

 

Actualmente el equipo utiliza la técnica de secuenciación masiva de ADN, que es metagenómica, y solo se había utilizado para estudios en salud humana y en ecología. Con apoyo del doctor Marcel Martínez Porchas, del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) en Hermosillo, el equipo identificó las especies de bacteria que se encuentran en el medio natural e ingresan al estanque, y después cómo es que estas compiten con los probióticos comerciales que se agregan.

 

El equipo encontró que las especies que ya existían en el medio son capaces de prosperar y tener un desempeño similar o incluso mejor que las comerciales, dato que los expertos consideran valioso, ya que abre un panorama no solo para el área acuícola sino también en el área ganadera y avícola.

 

Colaboración de Janneth Aldecoa, reportera de la Agencia Informativa Conacyt.

Fuente: http://bit.ly/2vy5zhb