Raquel Salgado

Estudios Sociales
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Agricultura sustentable y sus posibilidades en relación con consumidores urbanos

Sustainable agriculture and possibilities in relation to urban consumers

 

Raquel Salgado Sánchez*

 

Fecha de recepción: diciembre de 2013

Fecha de aceptación: abril de 2014

*El Colegio de la Frontera Sur

Dirección para correspondencia: rsalgado@ecosur.edu.mx

Resumen / Abstract

El mercado provee incentivos a los agricultores y asociado al consumo urbano influye en el tipo de tecnología que se aplica en la agricultura. Si los consumidores tomaran decisiones de abasto en interacción con los agricultores y sus decisiones de producción, sería posible favorecer la reproducción de sistemas de agricultura sustentable. En este artículo se presentan y analizan comentarios de habitantes de la ciudad de México, conseguidos en sesiones de grupos de enfoque, de sus opiniones sobre agricultura, agricultores y prácticas de abasto. Se identificaron tendencias de desconocimiento y desconexión entre consumidores urbanos de clase media y agricultura. Si los consumidores comprendieran que su interacción con los agricultores puede contribuir a la sustentabilidad de la agricultura, en esta se podría integrar la diversidad biológica y social.

Palabras clave: mercado, sistemas alimentarios, interacción, diversidad, decisiones.

The market provides incentives to farmers, in association with urban consumption it influences technology types to be applied in agricultural systems. If consumers made supply decisions interacting with farmers and their production decisions it would be possible to bring on sustainable agriculture systems. This article presents and analyzes comments from focus groups sessions involving inhabitants of Mexico City about their opinions regarding agriculture, farmers, and supply practices. Ignorance and disconnection tendencies were identified between middle class urban consumers and agriculture. If consumers understood that their interaction with farmers can contribute to the sustainability of agriculture, biological and social diversity could be integrated in it.

Key words: market, food systems, interaction, diversity, decisions.

Introducción

Las tecnologías industriales utilizadas para incrementar la productividad en los sistemas de agricultura son inadecuadas para orientarlos hacia la sustentabilidad, en donde, si bien interesa el desarrollo económico, se da igual importancia a los aspectos ambientales y sociales. Por ejemplo, el uso de insumos químicos para el control de plagas en los sistemas de agricultura ha generado importantes costos ambientales al provocar la disminución de fauna benéfica y la pérdida de diversidad biológica (Altieri, 1994); y ha producido efectos indeseables en la salud humana (FAO, 2007) como la intoxicación de agricultores y habitantes en general (Jiménez, 2001). El uso de químicos sintéticos en la agricultura –sean insecticidas, herbicidas, fungicidas o fertilizantes– es intensivo y no siempre es eficiente, con lo que se acentúa el problema de contaminación del agua, del suelo y del aire, y se pueden generar residuos potencialmente dañinos en la comida que se consume (Gliessman, 2004).

Sin embargo, se reconoce que los sistemas de agricultura industrial han puesto a disposición de los consumidores algunos alimentos a precios más accesibles (Alpert et al., 2009), al formar parte de los procesos de comercialización del mercado convencional,1 particularmente de las cadenas de supermercados que distribuyen productos industrializados. En muchos casos, y por distintas razones, los consumidores acuden a estos supermercados sin considerar que con sus decisiones de abasto favorecen la reproducción de sistemas de agricultura industrial que ocasionan daños al medio ambiente, a la salud humana y, de acuerdo con Alpert et al. (2009), aumento en la inequidad social del medio rural.

Agricultura, sistemas alimentarios, urbanización e interacciones sociales

Los sistemas de agricultura son componentes de otros más amplios, en este caso nos referimos a los sistemas alimentarios (Francis et al., 2003). Estos incluyen una variedad de actividades que abarcan desde plantar la semilla, pasan por el manejo del cultivo y su desarrollo, por los procesos de cosecha y empaque, el transporte y la distribución, las transformaciones que implique cada canal de comercialización y llegan hasta los puntos de venta y el consumo; incluso abarcan el desecho de los residuos domésticos (Ericksen et al., 2010). La modernización de los sistemas alimentarios ha sido un proceso estrechamente vinculado con la urbanización, que está íntimamente ligada a la industrialización de la sociedad (Morales, 2003). El abasto alimentario está asociado a la consolidación de las ciudades; las cuales crecen, concentran el ingreso y ejercen un dominio paulatino sobre sus zonas de abastecimiento; de esta forma, las áreas agrícolas se han adaptado a las necesidades urbanas (Torres, F. 2003). Así se reconoce que el consumo urbano influye de manera importante en el tipo de tecnologías que se utilizan en la agricultura.

Los sistemas alimentarios generan transformaciones a nivel global por el impacto de estos en la salud humana, en el medio ambiente y en la sociedad; se destaca la necesidad de poner atención en los procesos y las interacciones que ocurren en ellos a múltiples escalas y niveles (Ericksen et al., 2010). En este artículo el enfoque está dirigido a las interacciones sociales que, junto con las interacciones biológicas, son necesarias para reproducir la agricultura sustentable, y se centra la atención en la interacción entre agricultores y consumidores.

El estudio de los impactos negativos provocados por la agricultura industrial y de las formas para conseguir mayor sustentabilidad en la agricultura coincide e insiste en la necesidad de una relación más cercana entre quienes producen alimentos y quienes los consumen (Altieri, 2009, 2012; Escalona, Toledo y Morales, 2010; Ferguson et al., 2009). Galvis (2012) señala que no es suficiente que productores y consumidores estén en estrecho contacto para redundar en el aumento de condiciones favorables para el medio ambiente y para las personas, e indica que ambos actores deben tener empatía a nivel ideológico y encontrar bienestar mutuo en su transacción para generar beneficios. El interés de este artículo es analizar posibilidades de que los consumidores urbanos lleguen a tomar decisiones de abasto en interacción con los agricultores y sus decisiones de producción, lo que podría favorecer la reproducción de sistemas de agricultura sustentable.

Dimensión social para reproducir la agricultura sustentable y consumo participativo

La definición y comprensión del concepto de agricultura sustentable dependen de muchos factores como son la experiencia que se tenga en actividades de la agricultura, el conocimiento sobre las tecnologías y formas de organización social que la distinguen, la escala de estudio y la localidad, el conocimiento sobre temas de nutrición y abasto, entre otros. En general, las expresiones que intentan aclarar el concepto de agricultura sustentable tienen relación con las tres dimensiones que abarca el concepto de sustentabilidad, es decir, con las dimensiones social, económica y ambiental (Brundtland, 1987).

Centrándonos en la dimensión social nos preguntamos ¿Quiénes están a cargo de reproducir una agricultura sustentable? Si lo que interesa es proteger y conservar los recursos naturales cuando se aprovechan en la producción de alimentos, ¿Serían los agricultores los únicos actores responsables? Tomando en cuenta a los pequeños y medianos agricultores, de acuerdo con Dumanski (1997), aunque ellos tienen un medio de vida basado en la tierra, todos los segmentos de la sociedad son igualmente responsables de la sustentabilidad de su manejo. Savory (1999) nos recuerda que no existe una sola persona que no coma, beba o consuma productos que afectan al ambiente, ya sea por la manera en la que son producidos o por el lugar donde se dispone finalmente de ellos. Se afirma entonces que la dimensión social para reproducir la agricultura sustentable está constituida por agricultores y consumidores en interacción.

Para explicar esta afirmación haremos referencia a Sullivan (2003), quien indica que la agricultura sustentable consiste en el manejo de ecosistemas (aquí identificados como sistemas de agricultura) donde tienen lugar y se coordinan interacciones complejas entre suelo, agua, plantas, animales, clima y seres humanos; con la meta de integrar todos estos factores en un sistema de producción que es apropiado para el ambiente, la sociedad y las condiciones económicas donde se localiza. En la definición de Sullivan se ubica a los seres humanos como parte de los sistemas de agricultura, donde llevan a cabo interacciones entre ellos mismos, con las comunidades biológicas y los recursos naturales, en una misma asociación. Cabe señalar que el manejo de los sistemas de agricultura depende de los factores que toma en cuenta el agricultor para las decisiones de producción y que dichos factores no siempre responden a sus propias consideraciones, sino que pueden responder a las condiciones que le impone el sistema económico de mercado, en el que se aplica la lógica de oferta y demanda.2 El mercado provee incentivos a los agricultores (FAO, 2007); con base en dichos incentivos, un agricultor tomará decisiones sobre el tipo de tecnología que aplicará a su sistema de agricultura, aunque nada le garantice su acceso a los sistemas de comercialización del mercado y una demanda estable. El mercado influye en la tecnología que se aplica en los sistemas de agricultura. Esto ha ocurrido en México, al menos, desde la época de la conquista en la que, de acuerdo con González (2011), “Las sociedades hispanas, criollas, indias y mestizas del virreinato novohispano, no parecen haber sido muy cuidadosas con los recursos naturales, incluyendo el suelo, el agua, la flora, o la fauna; dejaron que las fuerzas del mercado y las necesidades de ellos y de los poderosos les dictaran lo que había que cultivar o no, los animales que tenían que criar o no, la tecnología que tenían que utilizar para las nuevas actividades y demás”.

Regresando a la dimensión social para reproducir la agricultura sustentable, Savory y Butterfield (1999) indican que, para asegurar la sustentabilidad en la agricultura, la clave radica en la toma de decisiones. En este sentido, proponen el manejo holístico basado en un esquema para tomar decisiones que tiene como guía la declaración de una calidad de vida asociada a la valoración de la naturaleza como un todo, –incluidos los seres humanos– que funciona de manera integral y no como partes aisladas (Savory y Butterfield, 1999). De acuerdo con este manejo, se define una meta holística detallada que incluye una descripción de las formas de producir que harían posible conseguir dicha calidad de vida y una descripción de los valores que permitirán a las personas mantenerla (Sullivan, 2001). En el manejo holístico las decisiones sobre el modo de producir están asociadas a una forma de vivir y de consumir que coinciden en cierta valoración de la naturaleza; la definición de una meta holística es el resultado de la interacción entre agricultores y consumidores. Desde nuestra perspectiva, si los consumidores llegaran a tomar decisiones de abasto en interacción con los agricultores y sus decisiones de producción, sería posible favorecer la reproducción de sistemas de agricultura sustentable.

Es importante identificar que cuando no existe interacción entre agricultores y consumidores, el mercado orientará la toma de decisiones de ambos actores, así se podrá suprimir la interacción entre ellos y sus posibles valoraciones con respecto a la agricultura. En este sentido, Rojas (2009) señala que la conexión entre los seres humanos y sus fuentes de la alimentación queda fracturada por el sistema alimentario industrializado que distancia física y sicológicamente a la gente del origen de sus alimentos.

Considerando la oportunidad de la interacción entre agricultores y consumidores urbanos, se toma en cuenta su distanciamiento físico y se reconoce la necesidad de un intermediario con capacidad y voluntad para facilitar una relación entre estos de manera directa o indirecta, a través del intercambio de información y la retroalimentación. Un intermediario que complete la dimensión social para reproducir la agricultura sustentable, al asegurar un espacio físico para el intercambio de bienes, donde se puedan llevar a cabo actividades que faciliten la interacción entre agricultores y consumidores urbanos. En este sentido, el consumo participativo (Unión Europea, 2014) propone un consumo de bienes y servicios que radica en la conexión entre las personas que necesitan acceso a recursos, con aquellas otras que dispongan de esos recursos que están infrautilizados, o que son producidos en formas más ecológicas; en este ámbito se reconoce el papel que desempeña la sociedad civil en la creación de infraestructuras colectivas y plataformas de consumo, con las que facilitan el acceso a bienes de propiedad pública para el máximo aprovechamiento social. Un ejemplo de este tipo de plataformas se encuentra en la ciudad de México con la iniciativa Mercado el 100, que inició operaciones a finales de 2010 al establecerse en plazas públicas de la colonia Roma, distinguiéndose como un mercado ecológico y de productores locales, que surgió gracias a la organización social LU’UM (Mercado el 100, 2013).

Consideraciones básicas sobre agricultura para tomar decisiones de abasto que favorezcan la reproducción de sistemas de agricultura sustentable

Si existiera interacción entre consumidores urbanos y agricultores, y los primeros tuvieran la opción de tomar decisiones de abasto en interacción con las decisiones de producción de los agricultores, convendría asegurar que los consumidores contaran con información para una comprensión básica sobre lo relacionado con la agricultura. La pregunta es ¿qué tendría que comprender un consumidor urbano para tomar decisiones de abasto que favorezcan la reproducción de sistemas de agricultura sustentable?

Se propone que un consumidor urbano cuente con información que le permita comprender, como consideraciones básicas, que el arreglo físico con el que se establecen los cultivos sobre la tierra, diferenciado en monocultivo y policultivo, determina el tipo de tecnología –natural o industrial– que se aplica en un sistema de agricultura y las características del sistema alimentario del que forma parte.

En el monocultivo se provoca el crecimiento de una sola especie de planta sobre una misma superficie de tierra (Gliessman, 1985), generalmente sin descanso, a fin de conseguir el mayor volumen de la especie sobre la que existe un interés económico. La producción de alimentos en monocultivo favorece intereses comerciales, pero, al mismo tiempo, desplaza y destruye la diversidad biológica local (Shiva, 1993), ya que el monocultivo implica suprimir o eliminar la vida de otras especies ya sean plantas, animales, insectos u otras formas de vida que puedan disminuir el volumen del cultivo principal y el interés económico. La pérdida de diversidad biológica que provoca el monocultivo está considerada como el problema ambiental más importante relacionado con la sustentabilidad y la producción de alimentos (Perfecto et al., 2010) y ocasiona perturbaciones como: 1) mayor cantidad de plagas, 2) agotamiento del suelo y pérdida de fertilidad, 3) erosión del suelo descubierto, 4) contaminación del agua, 5) interrupción de los ciclos biogeoquímicos, entre otros (Altieri, 1994, 1999; Gliessman, 1985). Para compensar la pérdida de diversidad biológica y la esterilidad de los recursos productivos que ocurre en el monocultivo se hace necesario el uso de una gran cantidad de insumos externos (Altieri, 1999; Gliessman, 2004; Alpert et al., 2009) como son las semillas mejoradas y las transgénicas, los fertilizantes químicos, los herbicidas, los insecticidas, la maquinaria agrícola, entre otros, que caracterizan una tecnología industrial. El monocultivo es una de las características principales de la agricultura industrial (Sullivan, 2003) y se le identifica como la máxima expresión de eficiencia económica en la agricultura (Rojas, 2009). En 1940, Northbourne (Northbourne, citado por Vallianatos, 2006) señalaba lo difícil que sería para un agricultor evitar el interés de participar en un mercado que le presenta la oportunidad de asegurar una ganancia, mientras que explote la fertilidad del suelo especializándose en un solo cultivo, y propuso el desarrollo de una agricultura mixta, equivalente al policultivo.

En el policultivo, el propósito es integrar los componentes de un sistema de agricultura de manera tal que permitan preservar la diversidad biológica y aumentar la eficiencia de su funcionamiento natural (Altieri, 2002a). De acuerdo con Altieri (2002a), es necesario promover el diseño de sistemas de agricultura que imiten la estructura y función de los ecosistemas naturales locales; esto es, con alta diversidad de especies y un suelo biológicamente activo; que faciliten el control natural de plagas, el reciclaje de nutrimentos y una alta cobertura del suelo que prevenga las pérdidas de humedad y recursos edáficos. Estos son los objetivos que se toman en cuenta para el diseño y desarrollo de policultivos, en los cuales se aplican diversos tipos de tecnología natural que es baja en insumos externos y alta en labores, lo que implica mayores esfuerzos para los agricultores (Altieri, 1983, 1994); es decir, el trabajo manual requerido es substancialmente mayor que en las tecnologías de la agricultura industrial donde se sustituye con el uso de insumos externos. La tecnología natural es intensiva en observación y reflexión que permiten aplicar el conocimiento adecuado para aprovechar los procesos naturales como insumos, por ejemplo, la preservación de la fertilidad natural de suelo y el control biológico de plagas (Altieri, 2002b).

Un sistema de agricultura se divide en los subsistemas suelo, cultivos, arvenses, plagas y enfermedades (Hart, 1985); la sustentabilidad adquiere significados distintos a través de diversas acciones y mecanismos en cada subsistema. Desde nuestro punto de vista, un sistema de agricultura se considera sustentable cuando el agricultor lleva a cabo actividades que le permiten reducir o eliminar el uso de insumos químicos sintéticos –y externos– para aprovechar el potencial biológico de los recursos naturales (Dumanski, 1997), en cualquier medida, en cualquiera de los subsistemas antes señalados, y continúe desarrollando actividades adicionales y progresivas en tal sentido. Se trata de considerar medidas más ecológicas al tomar decisiones de uso de recursos internos y externos en los sistemas de agricultura.

A partir de las consideraciones básicas, se menciona la necesidad de que los consumidores aprendan más sobre agricultura de manera que puedan convertirse en participantes activos de los sistemas alimentarios (Global Forum, 1992). Es necesario también que los consumidores comprendan que su interacción con los agricultores puede contribuir a la sustentabilidad de la agricultura.

Aproximación a las opiniones sobre agricultura, agricultores y prácticas de abasto entre consumidores urbanos mediante la técnica de los grupos de enfoque

Previo al intento de proveer información sobre agricultura y agricultores a consumidores urbanos con el fin de que cuenten con la opción de tomar decisiones de abasto que favorezcan la reproducción de sistemas de agricultura sustentable, se consideró explorar sus opiniones al respecto. Para este propósito se utilizó la técnica de los grupos de enfoque, una herramienta de entrevista grupal empleada para comprender cómo las personas que participan en estos grupos se relacionan con cierto fenómeno de interés o planteamientos definidos por un investigador (Barton et al., 1997; Cameron, 2005). El objetivo de los grupos de enfoque es obtener información cualitativa de un predeterminado y limitado número de personas que comparten ciertas características (Barton et al., 1997).

En este caso, se llevaron a cabo entrevistas a grupos de enfoque con habitantes de la ciudad de México para conocer sus opiniones en relación con la agricultura y agricultores en México, y con sus prácticas de abasto. De enero a julio de 2012 se formaron diez grupos de enfoque, con la participación de un número variable de entre tres y siete integrantes por grupo. En total fueron entrevistadas 42 personas. Las características principales que los entrevistados compartieron fue la de ser, o haber sido, habitantes de la ciudad de México, y estar ubicados en la clase socioeconómica media. Uno de los retos para este ejercicio fue convocar a los entrevistados sin compartirles información sobre el tema de reflexión, por el interés de conocer sus opiniones sobre agricultura sin proveerles de información preliminar. Todos los participantes fueron convocados a través de una red de confianza formada por los contactos personales y profesionales de quien escribe este artículo, lo que hizo posible su colaboración.

Consumidores urbanos de clase socioeconómica media

Interesó trabajar con personas de clase socioeconómica media, o ingreso medio, que llevan a cabo su abasto alimentario, principalmente, en supermercados. En un estudio sobre la representación social de los alimentos orgánicos3 llevado a cabo por Gutiérrez et al. (2012), se entrevistó a consumidores en tres espacios de venta –mercados públicos, supermercados, tianguis especializado en productos orgánicos– el análisis del promedio de ingresos mensuales de los consumidores en dichos espacios mostró que en los mercados públicos se abastecen personas de bajo ingreso, en los supermercados de ingreso medio y en los tianguis especializados en productos orgánicos, de alto ingreso. En ese estudio se destaca que los entrevistados en supermercados tuvieron el menor porcentaje de personas que emitieron asociaciones entre alimentos orgánicos y cuestiones relacionadas con lo ecológico. Los consumidores de alto ingreso coincidieron con los de bajos ingresos en cuanto a la preocupación por el uso extendido de agroquímicos en la producción de alimentos. En este sentido, se señala que los informantes de alto ingreso construyen sus representaciones con base en discursos académicos, normativos, ambientalistas y sociopolíticos; y que las preocupaciones de los consumidores de bajos ingresos están marcadas por su cercanía (o vínculos) con el medio rural.

Los supuestos preliminares con respecto a los participantes de los grupos de enfoque, considerados consumidores urbanos de clase socioeconómica media, eran que la mayoría: 1) desempeñaría sus actividades cotidianas sin que ello implicare un contacto directo con los sistemas de agricultura, 2) se identificarían con las formas de consumo que promueven los supermercados. De acuerdo con Gómez et al. (2011), el incremento en las ventas de los supermercados está impulsado por el incremento en los ingresos de las poblaciones urbanas; los autores señalan que las cadenas de supermercados reproducen problemas producidos por el capitalismo, que no solo se refieren a la desigualdad económica, sino también la estandarización de los estilos de vida y patrones de consumo. Se consideró que la estandarización impondría límites a la intención de integrar a un estilo de consumo, la diversidad social y biológica que implica un sistema de agricultura sustentable.

No fue de interés trabajar con la clase socioeconómica alta porque, como señalan Altieri y Nicholls (2012), los alimentos orgánicos certificados y de comercio justo, han desarrollado un mercado de nicho “para los ricos del Norte”. El estudio de Gutiérrez et al. (2012) muestra que los consumidores de clase socioeconómica alta asocian un alimento orgánico con su certificación. Desde nuestra perspectiva, este tipo de consumidores podría responder al activismo que se ejerce a través del consumo y, como señalan Bryant y Goodman (2004), ese tipo de activismo se sostiene con las narrativas políticas y ecológicas que son determinadas en el mundo desarrollado, que establecen lo que debe ser asumido por todos, con respecto al consumo alternativo. En este marco, los autores distinguen dos tendencias: 1) el “consumo solidario”, enfocado a la justicia social; y 2) el “consumo verde”, ligado a la sensibilidad medioambiental. En ambos casos identifican que estas tendencias representan un beneficio moral para el consumidor y destacan que una debilidad en ambas es la “preocupación a distancia”. De esta forma, una persona podría consumir sin reconocer el trabajo de los agricultores, o tener interacción con ellos.

Preguntas que guiaron la reflexión en los grupos de enfoque

En un grupo de enfoque es posible utilizar una lista con preguntas para generar la reflexión, a partir de los temas de interés, y utilizarla en varios grupos para comprobar los hallazgos generales (Barton et al., 1997). En los diez grupos de enfoque se plantearon las preguntas que se muestran en el cuadro 1.

Los comentarios que surgieron a partir de las preguntas fueron clasificados de esta forma:

  1. 1. Comentarios recurrentes: expresados por la mayoría de los participantes en todos los grupos de enfoque. Pueden distinguirse como expresiones cortas, directas, en las que se utilizan palabras similares. Este tipo de comentarios permite llegar a conclusiones sobre tendencias en las opiniones y preferencias de los entrevistados (Morgan, 1998).
  2. 2. Comentarios específicos: expresados por la minoría de los participantes y no en todos los grupos de enfoque. Pueden distinguirse como expresiones que denotan mayor reflexión, que proporcionan más información y que utilizan más palabras que los comentarios recurrentes. Este tipo de respuestas brindan aspectos de interés para profundizar y ampliar el análisis.

Todas las sesiones de los grupos de enfoque fueron grabadas en audio, se llevaron a cabo transcripciones totales y parciales para extraer los comentarios de los participantes.

Presentación y análisis de comentarios expresados en los grupos de enfoque con consumidores urbanos de clase socioeconómica media

Las preguntas planteadas en las sesiones de los grupos de enfoque se utilizarán como estructura en la presentación y análisis de comentarios de este apartado. En cada pregunta se presentarán en primer lugar los comentarios recurrentes y, posteriormente, las opiniones específicas seleccionadas para profundizar en este análisis. Las respuestas de los entrevistados se mostrarán entre comillas.

   1. ¿Qué sabes de agricultura?

“Sé muy poco”.

“Casi nada”.

“En la escuela [primaria] lo de sembrar un frijolito en un algodón y ver crecer una plantita”.

 

La mayoría de los participantes coincidieron en su poco conocimiento, o desconocimiento, con respecto a la agricultura. Muchos de los entrevistados hicieron referencia al ejercicio de sembrar una semilla de frijol entre algodones llevado a cabo en sus primeros años de educación, sin embargo, no cuentan con más elementos para asociar esos aprendizajes con lo que implica un sistema de agricultura, las tecnologías que se aplican en esta, o con conceptos como monocultivo o policultivo. Como veremos a continuación, sus comentarios sobre agricultura se asocian mejor con una problemática social de desigualdad y pobreza que recae en los agricultores:

“Un campo seco, injusto, con hambre, inhumano, desértico”.

“Tengo una imagen contrastante porque sé que mi país [México] es rico en recursos naturales para la agricultura, pero sé que la gente que trabaja en el campo es gente con muy pocos recursos, es gente a la que no se le paga bien, que no tiene educación, gente que se explota”.

“Tristeza y desesperación de muchas familias campesinas que vivieron en el contexto de la agricultura industrial en el norte y luego migraron, se fueron a EE.UU”.

 

Algunos participantes identificaron una relación entre agricultura y agricultores y sus actividades de abasto. Se reflexionó acerca de tener conocimiento sobre los productos que se venden en el supermercado y no tenerlo sobre los agricultores.

“Lo más cercano [a la agricultura] sería ir a la Central de Abastos, pero no vamos”.

“El mercado, Walmart, aprovecha la situación de que nosotros solo vemos lo que vende el súper y no vemos al agricultor”.

 

   2. ¿Qué piensas sobre los agricultores de México?

“Pobre gente”.

“Tristeza”.

“Me remite a la pobreza, a los últimos eslabones”.

“Gente pobre que no tiene acceso más que a regar sus plantitas y de ahí comer y de ahí vender”.

 

Una imagen empobrecida del agricultor frente a la población urbana podría representar una dificultad en la intención de desarrollar una comprensión más amplia sobre agricultura entre consumidores urbanos; asimismo, frente a la posibilidad de su interacción con agricultores.

En el caso de México, a través de la historia y en la actualidad, existen algunos aspectos que no contribuyen a que los consumidores urbanos ubiquen en una mejor posición a los agricultores. En 1934 el filósofo Samuel Ramos escribía con respecto al “mexicano de la ciudad”: “Es claro que su psicología difiere de la del campesino, no solo por el género de vida que este lleva, sino porque casi siempre en México pertenece a la raza indígena. Aun cuando el indio es una parte considerable de la población mexicana, desempeña en la vida actual del país un papel pasivo. El grupo activo es el otro, el de los mestizos y blancos que viven en la ciudad” (Ramos, 1934). Con esta apreciación se reconoce al campesino (al agricultor) y al indígena, segregados de una población urbana que desde entonces y hasta ahora, los llega a asociar con una noción de rezago.

En un estudio sobre migración nacional interna hacia la ciudad de México, Landázuri (2012) retoma una observación de Óscar Banda, quien señala: “es una ciudad profundamente racista porque existe una gran discriminación, una gran exclusión en todos los ámbitos de la vida hacia el ser indígena en la ciudad”. Landázuri destaca que algunos migrantes que se ocupan en el trabajo asalariado agrícola enfrentan situaciones de exclusión o discriminación, en este caso, “por su situación de peones asalariados en la escala más baja de la estratificación social local, situación agravada por su origen étnico, el cual resulta marcado social y culturalmente con el menosprecio o la devaluación” (Landázuri, 2012). En esta línea de reflexión, formas cotidianas de racismo son la discriminación laboral y la invisibilización (Landázuri, 2012); en los grupos de enfoque se mencionó la falta de visibilidad de los agricultores ante los consumidores urbanos:

“No piensas en el agricultor, piensas en lo que te trae el supermercado”.

“No hay forma de tener contacto con el agricultor”.

“Es una población que ha sido dañada, porque no estamos pendientes de ellos, estamos pendientes de otras cosas”.

 

Muchos de los comentarios expresados a raíz de esta pregunta nos conducen a pensar que puede existir una condición de discriminación hacia los agricultores por parte de los consumidores urbanos, aunque no necesariamente se trate de algo consciente. Cabe señalar que se mencionó la falta de valoración hacia el conocimiento de los agricultores y la valoración de factores externos como el conocimiento académico o el comercio:

“Parte del divorcio con el campo es el divorcio entre el conocimiento académico y el conocimiento práctico. Sí hay campesinos muy pobres, pero también es impresionante el conocimiento que tienen, las técnicas de subsistencia y de hacer producir la tierra”.

“El campesino promedio de pueblo está muy influenciado por los comerciantes de insumos y entonces eso es lo que les destruye sus prácticas. Solamente en comunidades donde mantienen prácticas de antes, sí mantienen una sabiduría de tierra y la guardan”.

 

Se expresaron ideas sobre la existencia de distintos tipos de agricultores y la disparidad que existe entre ellos. Se mencionó una relación entre esta desigualdad y el deterioro de los recursos naturales:

“Depende de cuáles. No hay un solo tipo [de agricultor]”.

“Es algo muy dispar; como los magnates o los caciques de la agricultura y la pobreza”.

“En México, o eres poderoso y tienes grandes tierras y vives muy bien, pero con prácticas que son lastimosas para el medio ambiente y para los humanos, o eres el campesino que está manipulado por una mala información, por los que están tratando de vender insumos, que hacen lo que pueden para sacar una producción”.

“Depende del negocio que tenga, unos acaparan el agua, meten todos los pesticidas o agroquímicos”.

 

Por otra parte, se reconoció a los agricultores como una población vulnerable que lleva a cabo muchos esfuerzos físicos y emocionales para subsistir y que depende de factores que no puede controlar:

“Una persona muy poco educada. Una persona trabajadora, sin duda, muy trabajadora, pero que inevitablemente es muy mal pagada. Que no sabe cómo mover sus productos”.

“Con la imagen una actividad física fuerte”.

“Creo que los agricultores son sobrevivientes, han sobrevivido a la revolución, a la crisis, a la otra crisis, hoy en día al narco. Han tenido que pasar por hambre, están en la sobrevivencia de sí mismos, hay mucho alcoholismo, evasión”.

“Dependen mucho de las cuestiones ambientales para que su trabajo salga bien”.

 

   3. ¿Por qué sabes de agricultura?

 

“Porque leo mucho el periódico”.

“Por lo que ves en la tele y lo que te imaginas”.

“Porque escuchas en el radio que los programas sociales no llegan al campo”.

“Por las malas noticias, que hay sequía, que hay pérdidas, pero no hay conocimientos más a fondo”.

 

Los medios de comunicación construyen opiniones sobre agricultura entre los habitantes de la ciudad de México. La difusión de contenidos que se concentran en comunicar los problemas y las dificultades que enfrentan la agricultura y los agricultores en México es un aspecto que podría profundizar el distanciamiento entre los consumidores urbanos y los agricultores.

Entre los participantes que manifestaron conocer algo sobre agricultura, lo que saben, proviene de la familia o de anécdotas relacionadas con la familia:

“Por mi familia, los hermanos de mi mamá y algunos primos viven en el campo. De pequeño me llevaron a sacar pulque”.

“Porque mi papá fue agricultor cuando yo era niña. Era divertido ir a cortar una naranja o unos elotes para asar. Cuando mi papá dejó de ser agricultor, ya dejamos de estar ahí o de saber”.

“Mis papás nos llevaron, como una enseñanza de vida, a trabajar en la pizca de chile porque no queríamos estudiar”.

 

En otros casos, el interés en temas de consumo y sustentabilidad condujo a aprender sobre agricultura:

“Porque me acerqué al tema de consumo y agricultura solidaria”.

“Por interés en el desarrollo sustentable y en la ecología. En la escuela no me enseñaron nada de agricultura. Yo estoy conectada por mi propio interés, porque creo que es esencial regresar a ese conocimiento, aunque seas urbano que sepas lo que comes, que trates de vincular los mundos”.

 

   4. ¿Por qué no sabes de agricultura?

 

“Porque no es a lo que me dedico”.

“Porque no he tenido interés, porque no es mi campo de estudio”.

“Porque no me pongo a pensar en eso y no trato de investigarlo. Yo compro y como, pero ni siquiera me imagino cómo lo hacen”.

 

El hecho de considerar que la agricultura se trata de algo ajeno sobre lo que no se necesita tener más información, no facilitaría que un consumidor urbano tuviera interacción con un agricultor.

Se identificó que la desconexión con la agricultura existe desde la niñez, pues en la escuela la información sobre agricultura se presenta en una forma que no contribuye a que las personas piensen que se trata de un mundo con el que tienen relación:

“Porque creo que ni en la escuela hay conexión, lo que ves en los libros es como un mundo que no te compete”.

“Porque están desconectados los mundos, desde que eres niño”.

 

Algunos participantes mencionaron que su separación de la agricultura se originó por situaciones o decisiones de la familia:

“Porque soy urbana, mi familia no tiene nada que ver con el campo. Se rompió esa línea con mis abuelos, que sí sembraban, pero por un problema de hambruna emigraron a la ciudad. En el pueblo de mis abuelos ya no hay nada”.

“Mis abuelos decidieron que las nuevas generaciones estarían separadas de esa actividad. Entonces no hubo un acercamiento. Hubo como una barrera. Hubo esa cuestión en la familia, se veía a la actividad de la agricultura como algo que se tenía que superar, teníamos que cambiar de ambiente, de vida, de situación, de mucho trabajo, de mucho esfuerzo y mucho sacrificio”.

 

Al respecto de las nociones de ruptura, separación o desconexión, Landázuri (2012) señala que mediante el discurso de la modernización y el progreso de la primera mitad del siglo XX en México, se pretendía conseguir cierta homogeneidad étnica, económica, social y política congruente con el proyecto de desarrollo nacional; se anhelaba una nación sin diversidad cultural, a la que se llegaría a través de la educación formal que […] trajo como consecuencia una descalificación de la cultura tradicional, se valoró el trabajo intelectual y urbano mientras se devaluó el trabajo agrícola (Sirvent, citado por Landázuri, 2012). Tales consideraciones o valoraciones entre la sociedad mexicana han profundizado el distanciamiento y la ruptura entre los vínculos del campo y la ciudad y, así también, la ruptura entre agricultores y consumidores.

   5. ¿Dónde compras tus alimentos?

 

“En el súper”

“En Walmart”

“Por costumbre y rutina vamos al súper”.

 

Se observó que acudir a los supermercados es una práctica de abasto definitiva entre los entrevistados. Gómez et al. (2011) indican que las cadenas de supermercados transnacionales marcan los estándares de calidad de los alimentos de producción nacional en los países en vías de desarrollo, para empatarla con los estándares que se establecen en los países desarrollados; de esta forma, elementos de la identidad nacional que pueden reconocerse a partir de los alimentos y de sus procesos de producción y de abasto, pueden ser sustituidos por productos estandarizados y patrones de consumo propios de la industrialización.

Los entrevistados expresaron sus consideraciones para abastecerse en mercados públicos o tianguis:

“En el mercado [compro] fruta y verdura, y en el súper carne, embutidos, etcétera”.

“Si tengo tiempo, voy al tianguis y tomo el tiempo de buscar los mejores precios y calidad”.

“Solo voy al mercado si voy a ir a desayunar ahí”.

“Nos gustaría ir a los mercados locales, pero es poco accesible a un estilo de vida… Estamos dispuestos a pagar por evitarnos incomodidades”.

 

Torres, (2003) destaca que las transformaciones en los patrones de consumo colocan en una posición difícil a los canales de abasto popular frente los supermercados, entre otras cosas, por la cantidad de tiendas que poseen, las facilidades y comodidades de las que disponen para la comercialización, la publicidad, la tecnología de venta.

Discusión

El acercamiento mediante la técnica de los grupos de enfoque a las opiniones de 42 consumidores urbanos sobre agricultura y agricultores en México y sus prácticas de abasto, permitió identificar y analizar algunos aspectos que dificultarían su interacción con ellos, lo que se refiere a una relación entre actores que no son homogéneos, que son heterogéneos y diversos, que se encuentran diferenciados por muchas características, entre ellas, las actividades que desempeñan en su vida cotidiana, sus ingresos y sus fuentes, sus formas o estilos de vida. Para interactuar a favor de la agricultura sustentable las diferencias entre las personas no deberían corresponder a acciones de separación o discriminación. Lo que interesa es que, como actores heterogéneos, agricultores y consumidores urbanos pudieran reconocerse, participar e interactuar tomando decisiones de abasto, o de producción, que favorezcan la reproducción de sistemas de agricultura sustentables, donde tiene lugar y se integra la diversidad biológica y social.

¿Sobre qué bases podría fomentarse la interacción entre agricultores y consumidores urbanos cuando se identifican aspectos que han ocasionado una ruptura cultural, histórica y actual, en su relación? Para responder a esta pregunta tomaremos en cuenta la perspectiva de Vallianatos (2012) quien indica que la agricultura puede ser sustentable cuando es democrática. En este sentido se propone que las interacciones sociales entre consumidores urbanos y agricultores tuvieran como bases: 1) mayor igualdad en trato y respeto, 2) mayor horizontalidad para dar lugar al reconocimiento mutuo, y 3) mayor participación informada y corresponsable.

Así nos referimos a un modo de convivir que se distingue por un carácter de correspondencia, que se demuestra en el valor de la misma naturaleza con el que las personas se reconocen las unas a las otras (Bryce, citado por Sartori, 1987), independientemente de sus diferencias; dando lugar a una sociedad que exige a sus propios miembros verse y tratarse con igual respeto (Sartori, 1987). Con el atributo de horizontalidad nos referimos a la democracia horizontal, la que está hecha de personas y de grupos que dialogan, que expresan y mantienen, incluso gozan, de sus propias diferencias, de sus propios estilos de vida específicos y particulares (Marcuse, citado por Pasquino, 2002). Finalmente, Monsiváis (2013) señala que la difusión de modelos participativos se ha dado con numerosos esquemas de acción pública en los que las interacciones entre especialistas, organizaciones sociales y ciudadanía en general adoptan pautas de horizontalidad y colaboración. El consumo participativo es un ejemplo de estos esquemas, donde el intercambio de información y la retroalimentación permiten y mejoran la interacción social (Unión Europea, 2014).

Por otra parte, se ha mencionado la necesidad de un intermediario que asegure un espacio físico para el intercambio de bienes, donde se puedan llevar a cabo actividades que faciliten la interacción entre consumidores urbanos y agricultores. Lo anterior corresponde a la necesidad de diversificar los sistemas alimentarios a partir de algunos de sus componentes –espacio físico de intercambio local y comunidad–, que ha sido abordada desde la perspectiva de la “agricultura cívica” (Lyson, citado por Delind y Bingen, 2008), que considera el desarrollo de actividades, desde la agricultura hasta la alimentación, con las que se da vida a un movimiento social para resistir el aislamiento y la inequidad promovida por factores como la industrialización (Delind y Bingen, 2008). Aunque no hay evidencias de que un espacio físico de intercambio local, proteja los recursos naturales (Lyson, citado por Delind y Bingen, 2008), Delind y Bingen (2008) han analizado las múltiples formas en las que un espacio compartido hace posible que el aprendizaje, la formación de identidad, el compromiso, regresen a nuestros estilos de vida. La promoción de una “cultura cívica” a partir de la agricultura representa una posibilidad para promover formas en las que cada persona pueda comprender cómo, en su carácter de individuo, está ligado a comunidades sociales y biológicas, y cómo contribuye con ellas como miembro en diferentes niveles y dimensiones (Matthews, citado por Delind y Bingen, 2008). En todos los grupos de enfoque se expresaron comentarios que indican la pertinencia de contar con procesos de aprendizaje sobre la agricultura: “Nunca había pensado en esto de la agricultura; qué bueno que se promueve este tipo de reflexión”. Si bien el tiempo para reflexionar es limitado en una ciudad como la de México, las personas podrían aprovechar el lugar donde llevan a cabo sus actividades de abasto para aprender y estar en contacto con la agricultura, sí existen opciones para estos propósitos.

Conclusiones

En los sistemas de agricultura sustentable se aplican tecnologías naturales que implican mayores esfuerzos para los agricultores, el trabajo manual, de observación y reflexión que requieren es mayor que en los sistemas de tecnología industrial. El mercado provee incentivos a los agricultores y, asociado al consumo –particularmente al urbano–, influye en el tipo de tecnología que se aplica en los sistemas de agricultura. La responsabilidad de producir alimentos en formas más sustentables no es exclusiva de los agricultores, los consumidores somos igualmente responsables por el tipo de tecnologías que se aplican en la agricultura y por sus efectos en el ambiente y en la sociedad.

La dimensión social para reproducir la agricultura sustentable está constituida por agricultores y consumidores en interacción. Sin embargo, a través de la técnica de los grupos de enfoque, se identificaron tendencias entre consumidores urbanos de clase socioeconómica media que apuntan al desconocimiento, la desconexión y la pérdida de elementos de identidad entre ellos, así como con lo relacionado con la agricultura en México. Con la información de los grupos de enfoque se reconoció que esta desconexión viene desde la niñez, durante la educación en la escuela. Asimismo, se identificaron condiciones de discriminación que recaen en los agricultores del país, en particular la condición de invisibilidad que impone al agricultor el mercado convencional, en este caso representado por el supermercado, que fue expresada por los entrevistados con distintos comentarios, por ejemplo: “No piensas en el agricultor, piensas en lo que te trae el supermercado”; “El mercado… aprovecha la situación de que nosotros solo vemos lo que vende el súper y no vemos al agricultor”. Algunos consumidores manifestaron su costumbre de aprovechar y pagar por las ventajas y comodidades que les ofrece el supermercado y poca disposición para cambiarlas por otro espacio de abasto.

Para favorecer la reproducción de sistemas de agricultura sustentable, convendría que los consumidores urbanos de clase socioeconómica media diversificaran su abasto de alimentos, llevando a cabo esfuerzos para ejercer un consumo participativo, empezando por ubicar las iniciativas de intermediarios que aseguran un espacio físico para el intercambio de productos, donde sea posible llevar a cabo actividades que faciliten la interacción entre consumidores y agricultores. Sin embargo, la imagen empobrecida del agricultor frente a la población urbana identificada en los grupos de enfoque podría representar una dificultad frente a la posibilidad de esta interacción y ante la intención de desarrollar una comprensión más amplia sobre agricultura. La imagen de tristeza, rezago y desolación fue expresada por la mayoría de los consumidores urbanos con respecto a los agricultores. En este sentido, se observó que los medios de comunicación construyen sus opiniones sobre agricultura; la difusión de contenidos que se concentran en comunicar las dificultades que enfrentan la agricultura y los agricultores en México es un aspecto que podría profundizar el distanciamiento entre consumidores urbanos y agricultores. Las opiniones de los consumidores sobre agricultura se asocian más con una problemática social de desigualdad y pobreza que recae en los agricultores y menos con información sobre lo que implica un sistema de agricultura, las tecnologías que se aplican en esta –naturales o industriales–, entre otros aspectos. La falta de asociación de los consumidores urbanos de clase socioeconómica media con lo relacionado a la agricultura podría representar una ventaja, que sería la oportunidad de que, mediante procesos de sensibilización y aprendizaje, lleguen a ubicar al agricultor y a la agricultura en un plano donde no fueran superados por un producto certificado o un proceso de certificación.

Existen diversas dificultades ante a la posibilidad de que los consumidores urbanos llegaran a tomar decisiones de abasto en interacción con los agricultores y sus decisiones de producción, para favorecer la reproducción de sistemas de agricultura sustentable. Hace falta que, como punto de partida, los consumidores lleguen a comprender que su interacción con los agricultores puede contribuir a la sustentabilidad de la agricultura, de manera que en ésta pueda integrarse la diversidad biológica y social, además de contribuir a proteger los recursos naturales en que se basa la producción.

En este sentido, y particularmente en las ciudades, los intermediarios que completan la dimensión social para reproducir la agricultura sustentable al asegurar un espacio físico que facilita la interacción entre consumidores y agricultores, desempeñan un papel relevante como iniciativas en las que se promueve que las actividades de abasto alimentario se asocien a procesos de reflexión, en espacios de convivencia y aprendizaje que funcionan para integrar recursos de la diversidad biológica y social con los que cuenta un país como México.

Agradecimientos

A los participantes de los grupos de enfoque: Mariana Cendejas, Marcela Jáuregui, Rocío Navarro, Ariana Villegas, Marcela Cendejas, Cosett Romero, Juan Manuel Vega, Rocío Álvarez, Nayeli Sánchez, Omar Godínez, Zulma Santillanes, Fabián Torres, María Teresa Lefler, Paulina Tovar, Valeria Degregorio, Luz María Salgado, Verónica Solares, Brenda Morales, Valeria Enríquez, Astrid López, Marisol Enríquez, Jorge Aviña, Gabriela Enríquez, Javier Mata, Jorge García, Luz María Sánchez, Jorge Sánchez, Rosario Sánchez, Claudia Rodríguez, Margarita Gutiérrez, Ana Loarca, Fernando López, Verónica Bellini, Manuel Reynoso, Christian, Ángela Núñez, Nidia Reati, Armando Pepi, Karla Lara.

Por su participación en los grupos de enfoque y apoyo en las convocatorias: Verónica Espinosa, Cecilia Sandoval y Sylvia Hernández.

Por su apoyo para convocar: organización The Hunger Project México.

Con especial agradecimiento por su asesoría a la Dra. Gisela Landázuri Benítez y a la Dra. Adriana Castro Ramírez. A los árbitros anónimos por su atención y sugerencias a este artículo. Al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología por la beca de estudios de doctorado.

 

1 El mercado se define como el ámbito en el que compradores (demanda) y vendedores (oferta) acuerdan las cantidades (producción vendida) y los precios (precio de venta) de cualquier bien y servicio. En el mercado convencional los intercambios de bienes y servicios se caracterizan por relaciones impersonales, en un contexto de competencia donde se aplican criterios económicos para maximizar la utilidad y no se consideran criterios sociales y ambientales (Williamson, 1985; citado por Hall y Soskice, 2006). En el mercado convencional, para alcanzar un resultado adecuado desde el punto de vista individual y social, todas las decisiones relativas al “qué” producir, “cómo” producir y “para quién” producir, se toman a través del mercado: los productos o servicios intercambiados son homogéneos, por lo que existe un elevado número de vendedores y compradores, de modo que ninguno tiene poder para influir en el precio de venta del producto; así opera el mercado de oferta y demanda, o mercado convencional, capitalista o neoliberal (García-Quero, 2014).

2 En adelante, al mencionar “mercado”, nos referiremos al sistema económico de mercado en el que se aplica la lógica de oferta y demanda. También considerado mercado convencional.

3 Aunque los alimentos clasificados como “orgánicos” no representan el enfoque de este trabajo, se trata de una distinción que abarcarían los alimentos que provienen de sistemas de agricultura sustentable. Por esta razón es posible hacer referencia a los resultados del estudio mencionado.

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