Miércoles, Agosto 23, 2017
   
Texto

Artículos

AddThis Social Bookmark Button

 

Recientemente una resolución judicial determinó suspendida la medida precautoria que prohibía, desde 2013, que en México se continuara sembrando maíz transgénico. Esto avivó la discusión entre la comunidad científica sobre la pertinencia del cultivo de esta semilla genéticamente modificada.

 

Respecto a esto, Mayra de la Torre Martínez, profesora investigadora del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD), y especialista en el tema, comparte su opinión en un debate que ha dividido posturas en la academia.

 

Para contextualizar, la experta comentó que hay un grupo de científicos que se oponen a los transgénicos, específicamente del maíz, porque México es centro de origen y diversificación de este grano; en el país existen más de sesenta razas distintas, además de sus variedades. 

 

Se estima que el maíz ha existido en el noroeste de México por lo menos desde hace tres mil quinientos años, según indican evidencias científicas. Entre los granos que son naturales de esta zona se pueden mencionar el chapalote reventador, blando de Sonora, dulcillo del noroeste, harinoso de ocho, tabloncillo, tabloncillo perla y, recientemente detectado en la sierra de Mazatán, teocintle, la cual es la planta milenaria que da origen al maíz. Este último descubrimiento ha sido muy importante, porque es un indicio de que pudieran haberse originado otros tipos de especies en esta entidad, señaló la investigadora.

 

De acuerdo a de la Torre Martínez, el grupo de investigación opositor a los transgénicos logró hace dos años este dictamen, hoy suspendido, porque se habían realizado pruebas con maíz modificado genéticamente en Chihuahua, Coahuila, Durango, Sinaloa, Sonora y Tamaulipas, con el propósito de liberarlo para la siembra comercial en los estados del norte.

 

El principal argumento de los inconformes fue que, al ser México centro de origen y diversificación del grano, no se debe sembrar maíz genéticamente modificado, ya que los genes podrían pasar a otras plantas y malezas, incluyendo maíces nativos, y esto produciría una “contaminación por transgénicos”; además de desplazar a los maíces nativos.

 

Lo anterior podría ocasionar una irreparable afectación a la biodiversidad, ya que los maíces nativos tienen características de resistencia y adaptación que han sido obtenidas durante siglos por comunidades indígenas, y no hay un programa nacional serio para conservar esta biodiversidad, ni tampoco prácticas agroecológicas apropiadas para su cultivo, subrayó la científica.

 

Un grano ancestral

 

 “El maíz no es algo estático; si colecto hoy granos nativos en la sierra tarahumara no van a ser los mismos que colecté hace cuatro años, porque los grupos indígenas están continuamente mejorando la planta. Los tarahumaras siembran juntos diversos maíces para que haya una polinización y poder obtener nuevas variedades”.

 

Uno de los argumentos de los grupos que están a favor de los transgénicos es su rendimiento, pero, según expone la científica, estos comparan los datos por hectárea de “maíces construidos” contra estadísticas por hectárea de un maíz nativo que es temporal, sin riego y sin fertilizaciones.

 

Sin embargo, en Ciudad Cuauhtémoc, Chihuahua, se ha sembrado maíz nativo y se le ha regado y fertilizado como al transgénico, y con ello se pudo obtener un rendimiento muy alto, del orden de once o doce toneladas por hectárea. 

 

En medio de la polémica

 

Paralelo al riesgo de la controversial amenaza hacia la biodiversidad, un debate que siempre acompaña a la producción de transgénicos es la polémica sobre si el consumo es perjudicial para la salud humana. 

 

Sobre esto, la experta explicó que el consumo de transgénicos no ha probado afectar la salud de las personas; sin embargo, enfatizó que ahora existen técnicas científicas que permiten identificar cambios a nivel genético, proteínico, metabólico, etcétera, que antes no habían sido contemplados en este debate. “En un organismo vivo, en una célula, todo está estrictamente regulado. Si yo modifico algo en un sitio, puede tener efectos en otro sitio, y eso es lo que no se ha analizado”.

 

 “Hubo un caso con la empresa transnacional Taco Bell, hace muchos años, donde surgió un problema con el maíz Bacillus thuringiensis, el cual está modificado para ser resistente a gusanos. Este grano tiene un gen de una toxina que, cuando el ser humano la consume, no la hidroliza totalmente y genera péptidos que producen alergias; esto ocasionó que se tuviera que retirar la planta del mercado. 

 

De la Torre Martínez señaló que no hay datos claros sobre la cantidad de maíz transgénico que importa México, porque una de las iniciativas a las que ha habido oposición es la que se refiere al etiquetado del maíz transgénico y sus productos: “lo más probable es que todo el maíz que se importa de Estados Unidos sea transgénico, que supuestamente es para usos industriales: obtención de aceites, almidón, etcétera”.

La doctora en biotecnología recordó que hace algunos años hubo un escándalo a nivel mundial, porque las comunidades de la sierra entre Oaxaca y Puebla querían vender a Europa lo que producían como un “maíz libre de transgénicos”. Sin embargo, cuando se hizo el análisis de la planta, se detectó que ese maíz nativo tenía los genes de los maíces transgénicos. “Fue un escándalo a nivel mundial, intervinieron muchas instituciones y, finalmente, se concluyó que estos granos provenían de las tiendas de la Compañía Nacional de Subsistencias Populares (Conasupo).

 

Desafíos y oportunidades

 

Respecto a la reciente resolución que permitiría nuevamente el cultivo de transgénicos en México, la investigadora del CIAD mencionó que, si se desea ver el lado positivo, esto representaría una oportunidad para hacer estudios en el país que permitan ver, sobre todo, el flujo de genes del maíz modificado hacia la maleza, a otras plantas y a otros maíces. “El desafío es encontrar cómo controlar que se conserven los maíces nativos in situ y no solamente en los bancos de germoplasma”.

 

 “Lo que falta, a final de cuentas, es un balance entre estos monocultivos, como en el Valle del Yaqui, y las comunidades que tienen unas cuantas hectáreas; un plan para que puedan coexistir los pequeños productores, que mejoran y conservan los maíces nativos, y los productores industrializados con grandes extensiones de monocultivos. No se está viendo el problema desde un punto de vista integral: no solo es la autorización para la siembra comercial de maíz transgénico, hay que analizar el tema desde un punto de vista económico, social, medioambiental, etc., por todo lo que representa el maíz en México”, concluyó la especialista.